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    “Mujer marchita”

    Cuando va a comenzar la noche comienza tu día, maquillada con mil colores para lucir más… Contame donde está lo alegre de tu triste vida, vendiendo puñados de amores pa’ ganar el pan”. Escribiendo esta estrofa me parecía escuchar a mi lado al juglar Jorge Oñate entonando esta hermosa canción que fue tan sonada en su momento. Con este preámbulo, imposible negar que vaya a referirme a la prostitución, una “profesión” que desde joven entendí como la forma de alquilar un cuerpo para que el hombre eyaculara, lo cierto es que otrora se hablaba de prostitutas, no de prostitutos, pero, es claro que la prostitución no tiene solo un rostro sino varios, es decir, las modalidades y los gustos han variado enormemente, en tiempos postmodernos el placer se compra de diferentes maneras, practicando masajes, a través de webcam, en bares Swinger, en planes turísticos y otros mercados más… obvio que existen modos y variedades que antes no existían, pero, sigue siendo prostitución.

    Qué estupidez más grande haber querido crecer y tener barba, la verdad cada día entiendo menos esta sociedad mercantilista y acelerada. Desafortunadamente, todo tiene un precio, no un valor, hoy, según algunos, hasta el amor se puede comprar. Hace pocos días leía, en un periódico internacional, un informe sobre “las webcam”, el comercio del cuerpo humano y las exageradas tarifas, o mejor las ganancias de hombres y mujeres que se comercializan digitalmente. No puedo negar que quedé anonadado después de leer el artículo, aprendí cosas que en realidad nunca habría imaginado. Apagué el computador y empecé a pensar sobre la prostitución en otros tiempos, no sólo, como ésta se concebía en la sociedad mojigata y conservadora, sino en la magia con que fue descrita en los clásicos de la literatura universal, ¡uh… cómo ha cambiado la sociedad!  Hasta la palabra “amor” tiene otra connotación, sí, en no pocos círculos sociales cuando hablan del amor todo queda reducido a la genitalidad, de ahí que yo me pregunte, ¿cómo le meten los sentimientos al corazón si el corazón no es un órgano genital?  De mi parte, sigo creyendo en las cartas, los poemas, las esquelas y las flores.

    Mujer marchita, de alma infecunda, pobre creatura sin ninguna redención.  Sola entre la multitud que comercia con tu amor, al irse tu juventud baja tu valoración”. Hace algunos años rondaban por mi cabeza, con olor a humo y licor, un montón de ideas y pensamientos acerca de la prostitución, quería escribir un cuento donde la protagonista fuera una prostituta en su edad senil, confieso que el cuento está escrito ya, aún sin publicar. Decidí entonces empezar por leer novelas donde se recreara el tema, escuchar los conceptos de algunas personas y hablar con un amigo, quien conociendo mis inquietudes me ofreció entrevistarme con dos “trabajadoras sexuales” en un bar,  un sitio no muy agradable de la ciudad, fue así como sin pensarlo dos veces acepté, organicé el cuestionario y cargué con pilas AAA mi grabadora, recuerdo que era una tarde lluviosa de octubre, un mes aciago como lo describió nuestro Nobel Gabriel  García Márquez en varias de sus novelas.

    La sociedad que te corrompe luego te margina, muchacha autómata del vicio ¿para dónde vas…? Cicatrizaron en tu cara todas tus heridas, pero la que lleva tu alma nunca sanará”.  Con la sentencia de esta estrofa de la canción, llegué a la mesa del bar donde encontré una mujer sin años, bajita, robusta, bien maquillada, a quien se le notaba el alma partida, arrugada, lo digo porque sus palabras salían mustias y llenas de melancolía, al lado estaba su amiga, una mujer de felicidad fingida, más joven y delgada, quien no paraba de mirarse al espejo mascando chicle y puliendo su peinado. Recuerdo que entre preguntas y respuestas lancé la que para mí sería la pregunta más difícil, la hice a la mujer con fecha de vencimiento más próximo, la miré fijamente y… ¿qué siente usted cuando está con un cliente? A la velocidad de la luz y sin necesidad de pensar su respuesta adujo; “nada, no siento nada, si sintiera, ahí si me vuelvo puta, estaría traicionando a mi esposo, yo estoy trabajando, no putiando”.  “Decime cómo vas a hacer cuando asomen tus canas, cuando con tu arrugada piel no puedas negociar, y en tus ojos no brille aquel fulgor de tus miradas… mostrándote tu espejo fiel la dura realidad”. Fueron muchas las preguntas y muy buenas respuestas.

    Tantas cosas que pensar, tantas cosas que decir, pero, creo que un tema como éste parece no tener eco en la sociedad, todos condenan pero nadie propone. No niego que siempre asocié la prostitución con la pobreza y pensaba que muchas mujeres llegaban allí por falta de recursos, para mí es claro que hoy, algunas mujeres no se marchitan por necesidad sino por gusto o por moda, no porque tengan ocho hijos que alimentar y sacar adelante, entendí que la webcam se está volviendo una moda, una moda muy rentable.

    Coda: ¿Por qué ningún político, candidato o gobernante habla de la prostitución? Tan raro.

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