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Oliverio Guerrero Gómez, padre de “cuchillo” y carecuchillo”, no se averguenza de sus hijos.

El papá de Pedro y Dúmar Guerrero, dos de los hombres más buscados por las autoridades en el país, vive como un campesino cualquiera, esperando casi en soledad el transcurrir lento de los días que a sus 71 años se puede sentir.

Foto: Guillermo Herrera/Llano 7 días Aunque las autoridades ya saben quién es, Oliverio prefiere mantener algo del anonimato que le queda para tratar de seguir viviendo tranquilo.

A pesar de que ser el padre de los narcos ‘Cuchillo’ y ‘Carecuchillo’ le ha traído problemas con las autoridades, las cuales siempre lo tienen bajo la lupa, no niega sus lazos de sangre con ellos, aunque tampoco se enorgullece de lo que hacen. Es más, alguna vez también le tocó salir desplazado porque las Farc lo declararon objetivo militar, al enterarse de que era el padre de uno los acérrimos enemigos de la organización.

“Yo no puedo negar que soy su padre, y ya la Policía y el Ejército saben quien soy y dónde vivo. En los retenes de las carreteras tienen una lista y siempre revisan una y otra vez para ver qué tengo. A mi casa vienen a cada rato, la requisan e interrogan a los trabajadores”, dice Oliverio, quien agrega que el acoso de las autoridades ha sido tanto que le ha tocado denunciar la situación ante la Defensoría del Pueblo, pues se siente perseguido.

Sobre sus hijos, dice que tiene un buen recuerdo de cuando eran jóvenes, pues eran muchachos trabajadores y ayudaban con las labores del campo.

“Dúmar trabajó en los molinos de San Martín y luego prestó el servicio en la Fuerza Aérea; Pedro estuvo en el batallón Joaquín París y fue soldado profesional”, dice Oliverio.

Asegura que a ambos hace mucho rato no los ve, pues “al tal ‘Cuchillo”, como se refiere a Pedro, por lo menos son 7 años sin verlo personalmente, mientras que a ‘Carecuchillo’ tuvo la oportunidad de visitarlo en la cárcel, antes de que protagonizara la fuga a principios de marzo pasado.

“Ellos han sido aislados de mí. Nunca he tenido vínculos con ellos, tampoco me han enviado plata y las cosas de mi finca las he conseguido por mi propio trabajo, por eso es un error perseguirme o pensar que yo sé algo de ellos”, resalta Guerrero.

“Vivo tranquilo porque ni siquiera mi pasado judicial tiene anotaciones”, afirma, y puntualiza diciendo: “No creo que pueda mandarles un consejo, porque ellos siempre han sido independientes, ellos verán. Claro que si aparecieran muertos, me dolería mucho”.

El papá de Pedro y Dúmar Guerrero, dos de los hombres más buscados por las autoridades en el país, vive como un campesino cualquiera, esperando casi en soledad el transcurrir lento de los días que a sus 71 años se puede sentir.

A pesar de que ser el padre de los narcos ‘Cuchillo’ y ‘Carecuchillo’ le ha traído problemas con las autoridades, las cuales siempre lo tienen bajo la lupa, no niega sus lazos de sangre con ellos, aunque tampoco se enorgullece de lo que hacen. Es más, alguna vez también le tocó salir desplazado porque las Farc lo declararon objetivo militar, al enterarse de que era el padre de uno los acérrimos enemigos de la organización.

“Yo no puedo negar que soy su padre, y ya la Policía y el Ejército saben quien soy y dónde vivo. En los retenes de las carreteras tienen una lista y siempre revisan una y otra vez para ver qué tengo. A mi casa vienen a cada rato, la requisan e interrogan a los trabajadores”, dice Oliverio, quien agrega que el acoso de las autoridades ha sido tanto que le ha tocado denunciar la situación ante la Defensoría del Pueblo, pues se siente perseguido.

Sobre sus hijos, dice que tiene un buen recuerdo de cuando eran jóvenes, pues eran muchachos trabajadores y ayudaban con las labores del campo.

“Dúmar trabajó en los molinos de San Martín y luego prestó el servicio en la Fuerza Aérea; Pedro estuvo en el batallón Joaquín París y fue soldado profesional”, dice Oliverio.

Asegura que a ambos hace mucho rato no los ve, pues “al tal ‘Cuchillo”, como se refiere a Pedro, por lo menos son 7 años sin verlo personalmente, mientras que a ‘Carecuchillo’ tuvo la oportunidad de visitarlo en la cárcel, antes de que protagonizara la fuga a principios de marzo pasado.

“Ellos han sido aislados de mí. Nunca he tenido vínculos con ellos, tampoco me han enviado plata y las cosas de mi finca las he conseguido por mi propio trabajo, por eso es un error perseguirme o pensar que yo sé algo de ellos”, resalta Guerrero.

“Vivo tranquilo porque ni siquiera mi pasado judicial tiene anotaciones”, afirma, y puntualiza diciendo: “No creo que pueda mandarles un consejo, porque ellos siempre han sido independientes, ellos verán. Claro que si aparecieran muertos, me dolería mucho”.



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