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Discordia en Brasil por un proyecto para tributar al libro

Un proyecto gubernamental para instaurar un impuesto del 12 % a los libros amenaza al menguante sector editorial de Brasil y puede desincentivar a potenciales nuevos lectores en un país en el que cerca de la mitad de la población carece de hábito de lectura, coincidieron expertos consultados por Efe.

En Brasil, el sector editorial cuenta con exención tributaria desde la Constitución de 1946 -ratificada en la Carta Magna de 1988- y, desde que el Ministerio de Economía remitiera la propuesta al Parlamento, un aluvión de críticas inundó las redes sociales.

Se calcula que una eventual aplicación del 12 % de tributación desembocará en un aumento de cerca del 20 % en el precio final del libro, encareciendo aún más su acceso a gran parte de la población con baja renta.

“Sabiendo de la importancia que tiene el sector librero, qué es el libro para la población y para el desarrollo del país, los libros y toda la industria editorial quedaron exentas de impuestos”, explicó en una entrevista con Efe el presidente de la Cámara Brasileña del Libro (CBL), Vitor Tavares.

Tavares aseguró que, en caso de que sea aprobado, el impuesto de un 12 % sobre el producto pondría contra las cuerdas la industria librera, que enfrenta aprietos desde 2016 debido a la “crisis económica, política y social” que golpea al país desde entonces y de la cual todavía no ha conseguido recuperarse.

“De 2018 para 2019 percibimos una leve recuperación en la producción y venta de libros” y “parecía ser el año de la remontada. Empezamos 2020 con una expectativa muy buena, de un crecimiento del 3 %, pero pronto vino la pandemia”, dijo.

La emergencia del coronavirus ha sido un duro golpe para editoriales, distribuidoras y libreros y llevó a centenares de librerías a cerrar sus puertas durante varios meses como forma de combatir el avance del patógeno -y muchas lo han hecho de forma definitiva.

UN SECTOR EDITORIAL YA MALTRECHO

De acuerdo con el Sindicato Nacional de Editores de Libros (SNEL), entre 2017 y 2020 más de 200 librerías cerraron sus actividades en Brasil, entre ellas la multinacional francesa Fnac, que llegó incluso a pagar 130 millones de reales (unos 23,2 millones de dólares a día de hoy) para traspasar su subsidiaria brasileña al gigante Livraria Cultura, ante las consecutivas caídas de ventas.

Poco después, la propia Cultura y el Grupo Saraiva, dos de las principales librerías del país, entraron con un pedido de recuperación judicial en la Justicia para evitar la bancarrota.

Por eso, argumentó Tavares, la propuesta de tributación sobre el libro supuso “otra noticia traumática” para el sector.

Agregó que el propio Gobierno, el mayor comprador de materiales didácticos del país, pasaría a desembolsar más dinero, por lo que “tendrá que aumentar el presupuesto para comprar libros o comprar menos ejemplares”.

En la práctica, el tributo impactaría sobre todo los libros didácticos y religiosos, como la biblia, puesto que dos de cada tres libros producidos en Brasil figuran en esas dos categorías.

“Y eso impactará directamente la camada menos favorecida de la población, que son los alumnos de escuelas públicas y quienes dependen de las bibliotecas públicas”, matizó.

El presidente del Sindicato Nacional de los Editores de Libros, Marcos Pereira, estima que, con un impuesto del 12 % en la cadena de producción, el precio final del libro tendría un incremento de cerca de un 20 %.

Por eso, proyecta una caída de un 10 % en el consumo, mientras que los efectos de ese encarecimiento igualmente se harían sentir en la producción de nuevos títulos.

A LIBROS MÁS CAROS, MENOS LECTORES

Más allá del incremento en los precios, una posible tributación tendría consecuencias directas para las poblaciones más desfavorecidas de Brasil, el segundo país del mundo con mayor concentración de renta, detrás solo de Catar, y donde el promedio de lectura es de tan solo 4,96 libros por persona al año.

“El libro es una herramienta de difusión de ideas, de conocimiento, educación. Es un momento de ocio, pero también de crecimiento personal”, por eso “su acceso debe ser garantizado a todos”, recalcó Pereira.

Al defender la propuesta tributaria, el ministro de Economía, Paulo Guedes, argumentó ante el Congreso que los “más pobres” están más preocupados en “sobrevivir que en frecuentar las librerías que nosotros frecuentamos”.

Si bien concuerda que, pese a la exención de impuestos de la que goza, el libro es un producto “caro y elitista”, el vendedor Felipe Beirigo, de la pequeña librería de barrio Simple, aboga que el valor más elevado “dejará un producto que ya es elitista aún más elitista”.

“Eso implicará en más barreras para el acceso a la información, a la cultura, y alejará cada vez más a las personas, así como aumentará la distancia entre una clase y otra”, afirmó a Efe.

SOCIEDAD MOVILIZADA

Desde que el Gobierno presentó su propuesta, hace unas semanas, la campaña Defiende el Libro hizo eco en las redes sociales y ya ha movilizado a más de un millón de personas, entre editores, escritores y lectores.

“Los libros hicieron de mi la mujer que soy hoy, con más de 30 libros publicados” y “no podemos añadir penalidades al libro. El libro tiene que ser libertario, tiene que llegar al pueblo en mejores condiciones”, expresó a Efe Nélida Piñón, una de las escritores brasileñas más célebres.

“El libro equivale al pan sobre la mesa. Una mesa harta es extraordinaria y será todavía más harta con el libro, que es el señor de las imaginaciones y es parte de la gran civilización brasileña”, sintetizó.

EFE



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