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Reaparecerá Charlie Sheen en Two and a Half Men ante el fracaso de Ashton Kutcher?

Los números no mienten. De los 29 millones de espectadores que el 19 de septiembre pasado vieron en directo el capítulo inicial de la novena temporada de Two and a Half Men -la primera sin Charlie Sheen en el elenco- transcurridas seis emisiones la audiencia ha bajado en un 50 por ciento.

En two and a half men, 'el medio' se creció

Hoy, la serie “apenas” tiene 16 millones de televidentes. El propio Sheen manifestó su descontento con el giro que ha tenido la historia a partir de la muerte de su personaje, el vividor y bebedor, mujeriego y jugador Charlie Harper, quien habría fallecido en la luna de miel de su matrimonio con la lunática Rose, su vecina.

“Habría” es una conjugación verbal correcta. Hay quienes aseguran que Charlie Harper no murió sino que desapareció, y que reaparecerá en la serie en un futuro no revelado.

Pero la declinación de la serie no sólo está supeditada a la salida de Sheen. Es una causa directa, tal como lo vaticinaron seguidores de la serie alrededor del mundo, pero no la única.

Aquí, un análisis del momento más pálido que vive Two and Half Men desde 2003.

La incorrección política desapareció. Ácidas, amargas y hasta cortopunzantes bromas sobre minorías sexuales, sobre inmigrantes, sobre razas y sobre roles sociales abundaron a lo largo de las ocho temporadas de emisión de la serie. Eso fue casi siempre en boca de personajes clave: primero, y en forma superlativa, a través de Evelyn Harper. Después vía Berta y en una menor medida por Charlie.

Las opiniones sobre el cambio de giro señalan que en la nueva temporada de Two and a Half Men la acidez ha desaparecido y que la serie ya no está dedicada al público masculino, que hasta antes de la salida de Sheen gozaba con las gruesas y sistemáticas intervenciones misóginas.
Falta más odio. Cuando Charlie Sheen dominó la serie, todos los personajes odiaban a alguien. Charlie, a su madre y a su hermano; Alan, a su madre y su ex esposa; Berta, al hermano y a la madre de su empleador; Evelyn, a la ama de llaves de su hijo y a su ex nuera; Judith, a su ex esposo y al hermano de éste; y Jake, a veces a su padre y a veces a su tío. Ese equilibrio mantenía a la familia unida.

Ahora los personajes se apoyan y nadie da muestras evidentes de hacerle daño a otro.
El guión se nota forzado. El sorpresivo despido de Sheen de la serie, que en el fondo era una sitcom sobre él mismo, aunque matizada (Sheen era infinitamente peor en la vida real), dejó en puntos suspensivos su futuro durante casi un año. En las redes sociales el pueblo se manifestó: sería imposible sustituir a Charlie Sheen.

El personaje de Ashton Kutcher fue finalmente una solución de entrenador de fútbol contra la pared (entra un defensa discreto por centrodelantero goleador), más que un aporte a la continuidad de la historia: las nuevas aventuras parecen forzadas.

La casa de Malibú perdió todo el brillo que tenía en la “era Sheen” y ni siquiera con la inclusión de un destacamento de señoritas en uno de sus últimos capítulos ha podido retomar el ritmo.

El elenco se redujo a tres. Charlie, Alan, Jake, Berta, Rose, Evelyn, Judith, Herb, Chelsea. Una galería de personajes que permitía todo tipo de combinaciones entre factores y personalidades, y alivianaba el trámite en la continuidad de capítulos.

Si en uno de ellos se omitía a Berta, la ácida y brillante ama de llaves, su regreso al plató en el siguiente capítulo suponía todo un triunfo para los espectadores.

En la novena temporada, ni Rose ni Evelyn han tenido minutos significativos en escena. Ni siquiera Jake aparece habitualmente. El elenco protagónico actual se limita a Alan (Jon Cryer), Walden (Ashton Kutcher) y Bridget (Judy Greer), la ex esposa del nuevo dueño de la casa de Malibú.

El protagonista es Alan Harper. De esa terna actoral, el ángulo de enfoque cambió. Los guionistas de la serie sugirieron al público que tras la salida de Charlie Sheen, el nuevo personaje de Ashton Kutcher lideraría el relato. Y de hecho lo tenía todo: era el nuevo dueño de la casa, era joven, millonario y guapo. Y, sin embargo, su excesivo perfil de “man-child” lo ha alejado de un protagonismo real.

Alan Harper, el sobreviviente de los años Sheen, representa la continuidad de la narración. Si él no estuviera, la historia pierde todo el sentido. Pero por gran actor que sea Jon Cryer, difícilmente llegará a la estatura que alcanzó un astro absoluto como Charlie Sheen.

El medio es ahora un entero.
Angus T. Jones tenía nueve años cuando la serie se inició en 2003, con el nombre de Dos hombres y medio, vale decir dos adultos y un niño problema. Jake Harper, uno de los personajes mejor logrados por un niño-actor que se tenga recuerdo, mantenía el balance en la casa de Malibú durante los fines de semana, cuando visitaba a su padre separado Alan.

Jake Harper era una versión infantil del “white trash” americano: maleducado, perezoso, malagestado, inmediatista, autorreferente, glotón y despreocupado. Ahora que tiene dieciocho años ya no cuenta con el toque que le aportaba variedad al relato. Ni siquiera es un obeso como en las ocho primeras temporadas.

Ashton Kutcher no da el ancho. Algunos han llegado a decir que el papel de Walden Schmidt no es otra cosa que una actualización del de Kelso en That ’70s Show, la serie que dio a conocer a Ashton Kutcher a nivel masivo en Estados Unidos y el resto del mundo.

Otros opinan que la sobreactuación a la que está sometido por guión le quita posibilidades como el inteligente comediante que es, y que en realidad su presencia gira en torno a su apariencia física (en cada capítulo ha aparecido desnudo o semidesnudo). Y otros dicen, simplemente, que en Two and a Half Men, Kutcher es insorportable. Seguro ninguno de ellos es mujer.

Con información de El Mercurio de Chile



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