Foto: Vogue
Lo que prometía ser una celebración masiva para los fanáticos bogotanos de Karol G, programada para el próximo viernes 4 de diciembre en el Estadio El Campín, ha desatado una ola de frustración. Tras la publicación oficial de los precios de la boletería, la principal tendencia en redes sociales no ha sido la música de la artista antioqueña, sino la inconformidad generalizada por el elevado costo para asistir al evento.
De acuerdo con la lista de precios revelada por los organizadores (Vibras Lab, Stage Eventos y Ticketmaster), asistir al concierto requerirá un esfuerzo económico significativo para la mayoría de los asistentes. El desglose de la boletería muestra que incluso las localidades más alejadas representan un golpe al bolsillo, mientras que las zonas premium se perfilan como un lujo exclusivo.
El punto que más indignación ha causado son los Palcos VIP (Oriental y Occidental). El costo base de estas localidades es de $22.000.000, a lo que se suma un recargo por servicio de $3.500.000, dando un total de $25.500.000. Aunque la organización aclara en la letra pequeña que estos palcos tienen capacidad para 10 personas (dejando el costo individual en $2.550.000), la cifra total a desembolsar de entrada ha sido calificada como “astronómica” por los usuarios.
Para quienes buscan entradas individuales, el panorama no es mucho más alentador:
200 Copas (Occidental y Oriental): $1.778.000 (Incluyendo servicio).
VIP (Occidental y Oriental): $1.071.000 (Incluyendo servicio).
Preferencial: $599.000 (Incluyendo servicio).
Norte Alta (La localidad más económica): $364.000 (Incluyendo servicio).
El malestar no se ha hecho esperar. En plataformas como X (antes Twitter) e Instagram, cientos de fanáticos han expresado su decepción, argumentando que los precios están completamente desconectados de la realidad económica de sus seguidores promedio.
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Muchos seguidores han señalado la ironía de que una artista que siempre ha promovido la cercanía con su público y sus raíces de barrio tenga ahora una boletería inaccesible para la clase trabajadora. Comentarios como “Amo a Karol G, pero endeudarme por un concierto no tiene sentido” o “La Bichota se olvidó de los que la apoyamos desde el principio” reflejan el sentimiento de una base de fans que se siente excluida de la gira.
Aunque las críticas apuntan directamente al cartel del concierto, expertos en entretenimiento señalan que esta inflación en la boletería es un fenómeno que está afectando a toda la industria de la música en vivo tras la pandemia, impulsada por los altos costos de producción, la logística internacional y las tarifas de las tiqueteras.
A pesar de la polémica, y considerando el impacto global de Karol G, se espera que el “sold out” (ventas agotadas) sea inminente. Sin embargo, el debate sobre el límite de lo que los colombianos están dispuestos —y pueden— pagar por la música en vivo, queda sobre la mesa. El próximo 4 de diciembre El Campín vibrará, pero para muchos fanáticos, la fiesta tendrá que verse desde afuera.
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