Fotos tomadas de redes sociales.
El equipo «Pijao» fue víctima de decisiones arbitrales altamente cuestionables que definieron el rumbo del partido en el certamen continental. Las polémicas llegan justo después de que el técnico Lucas González elogiara a los jueces de la Conmebol como una indirecta al arbitraje colombiano.
El Deportes Tolima vivió una auténtica pesadilla en su reciente compromiso de Copa Libertadores frente a Coquimbo Unido, pero no precisamente por el nivel de su rival, sino por una actuación arbitral que hoy tiene a la hinchada y al fútbol sudamericano hablando de un nuevo escándalo. Dos jugadas puntuales, que claman al cielo por su injusticia, sentenciaron la suerte del conjunto dirigido por Lucas González en el torneo internacional.
El morbo de este polémico encuentro comenzó a cocinarse antes de que el equipo tomara el vuelo. Lucas González, técnico del cuadro tolimense, venía de masticar la bronca tras el partido del pasado sábado en la liga local contra Atlético Nacional, donde consideró que su equipo sufrió una expulsión completamente injusta.
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En la rueda de prensa previa al viaje internacional, González lanzó un dardo directo al arbitraje colombiano, afirmando con aparente alivio:
«Nos sentimos cómodos con los arbitrajes de la Conmebol».
Una frase que, a la luz de los hechos ocurridos ante Coquimbo, se convirtió en una cruel ironía. Si en Colombia el técnico sentía que lo perjudicaban, en el plano internacional el golpe fue verdaderamente letal y directo al marcador.
El desarrollo del partido dejó en evidencia que la «comodidad» con la Conmebol era una mera ilusión. El equipo colombiano fue castigado por dos errores garrafales que determinaron el curso del juego:
El gol de Coquimbo en fuera de lugar: La apertura de la polémica llegó con una anotación del conjunto chileno precedida de una evidente posición irregular. Pese a los reclamos airados de los jugadores del Tolima, que pedían la revisión de las líneas, el cuerpo arbitral convalidó la jugada, subiendo al marcador un tanto que estaba viciado de nulidad.
El penal ignorado: Por si fuera poco, la gota que rebosó el vaso ocurrió en el área de Coquimbo. Un defensor del equipo local interceptó el balón con una mano clara, interrumpiendo una jugada de peligro a favor del Deportes Tolima. Lo que en cualquier otra cancha era un penal de manual, para el juez central y sus asistentes pasó completamente desapercibido. La infracción no fue sancionada, arrebatándole al «Pijao» la oportunidad legítima de igualar o revertir las acciones.
La frustración en las toldas del Deportes Tolima es absoluta. Las declaraciones previas de su entrenador, que buscaban blindar al equipo y darle un voto de confianza a la institucionalidad sudamericana, terminaron siendo el telón de fondo de un arbitraje desastroso que, de manera directa, les metió la mano en el bolsillo en su aspiración por avanzar en la Copa Libertadores. Queda por ver si, después de este episodio, el cuerpo técnico tolimense seguirá sintiéndose tan «cómodo» cada vez que un árbitro de la Conmebol pise el terreno de juego.
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