Foto de archivo.
La Universidad Nacional de Colombia, sede Bogotá, vuelve a quedar en el ojo del huracán tras el anuncio de un nuevo cese de actividades que promete sacudir el calendario académico.
La democratización de la institución es la bandera que agitan los sectores que se oponen a la restitución de José Ismael Peña Reyes como rector, quien retoma el cargo tras un fallo de segunda instancia del Tribunal Supremo de Bogotá.
Esta decisión judicial, que obliga al Consejo Superior Universitario (CSU) a posesionarlo, cayó como un baldado de agua fría en la Asamblea Triestamentaria, donde estudiantes, docentes y trabajadores administrativos pactaron frenar las clases hasta el próximo 20 de marzo de 2026.
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Según el comunicado oficial de la asamblea, la llegada de José Ismael Peña es vista como una «imposición» con tintes políticos, lo que a juicio de los manifestantes atropella la autonomía universitaria.
Sin embargo, hay una evidente división entre los estudiantes de la Universidad Nacional. Un sondeo realizado por el representante estudiantil Kevin Arriguí reveló que el 56,8% de los alumnos no apoya el paro.
Mientras en Bogotá las facultades cierran, en sedes como Manizales la orden es de «normalidad académica», dejando claro que la indignación por el rector no es unánime en todo el país.
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