Una de las claras intenciones de “X-Men: días del futuro pasado” es la de ordenar un poco el caos creado a lo largo de todas sus entregas, de idas y venidas de personajes, spin-offs y adaptaciones muy libres de los cómics. Y Bryan Singer lo consigue. Consigue que el espectador tenga un mapa muy claro de la trama y sus personajes y haga que se meta de lleno en la historia.
Para mi resulta difícil emitir comentario alguno porque no estoy muy familiarizada con las historias de los mutantes y cuando hay viajes en el tiempo incluidos. Y es que la trama parece sacada del cómic, nos traslada a un futuro apocalíptico en el que los mutantes luchan por sobrevivir ante temibles Centinelas.
Así, “X-Men: Días del futuro pasado” se convierte, a la vez, primero en precuela de la saga empezada en el año 2000 y en secuela de la cinta de 2011. Algo que parece muy complicado, pero que Singer consigue con un viaje en el tiempo. El viaje a los años 70 de Lobezno para encontrarse con un destrozado Charles Xavier, un criminal Magneto y una rebelde mística que está lleno de miedo a cambiar lo que no se debe y empeorar, más todavía, la situación. Los continuos regresos al futuro dotan a la cinta de ritmo, a la vez que mantiene el interés y la tensión.
Al comenzar la película uno empieza a darle vueltas a la cabeza sobre qué tipo de película verá, si una más cercana a la primera trilogía u otra que adopte los nuevos aires de la joven alineación.
El equilibrio es delicado, el comienzo recuerda más al Singer clásico (los títulos de crédito, la música, etc.) y luego se va adentrando en el mundo y ritmo de la Primera generación aunque acaban fusionándose armónicamente para dar paso a lo que en el futuro deparará el filón X.
Sin duda alguna estamos ante una película de Bryan Singer, no sólo porque se rodea de parte del equipo que le ha acompañado siempre (Newton Thomas Sigel a cargo de la fotografía o John Ottman componiendo la banda sonora y montando el film), sino que el ritmo pausado para dar tiempo a desarrollar la trama y los personajes prevalece sobre una acción que no abunda tanto como de primeras se puede pensar pero que sigue estando y además destaca por su buena ejecución.
Aquí el trabajo conjunto en el libreto del propio director junto a Simon Kinberg, guionista de X-Men: La decisión final y X-Men: Primera Generación, ha dado lugar a una mezcolanza entre las ansias de asentar la historia del primero y la sucesión de acontecimientos sin freno del segundo que ya se pudo empezar a atisbar en el anterior título mutante con el nuevo plantel.
El fomentar la importancia del viaje temporal, el valor de sacrificio y la desesperación por evitar lo inevitable se va desarrollando adecuadamente a lo largo del metraje hasta adoptar un cariz épico que deja buen sabor de boca.
El encaje del argumento dentro de un marco histórico (Conferencia de Paz de la Guerra de Vietnam) como sucedía en la anterior, aquí se mantiene aunque no tiene esa relevancia y queda relegado a un lugar terciario del que nos quedamos con un presidente Nixon que hace pensar más en un guiño a la ucronía de Watchmen.
Además, y no hace falta que lo diga, “X-Men” siempre ha sido una alegoría clara sobre el racismo y aquello de no aceptar lo diferente y temerlo por pura ignorancia. Una vez más, en esta nueva entrega, los mutantes luchan contra su extinción y por una justa y pacífica convivencia con los humanos que puede ser beneficiosa para ambos bandos.
Pero a pesar de la intensidad de la trama, el film‘ también está lleno de toques de humor, mayormente protagonizados por Lobezno y ciertas referencias a títulos anteriores. La comedia consigue liberar la tensión y hace más ligera la cinta, sobre todo, en sus, para mi gusto, demasiado largas y aburridas secuencias de acción.
La otra gran ganancia de la película es, claro está, su reparto. Creo que no hace falta que comente nada sobre Michael Fassbender, Magneto, Patrick Stewart, Lan McKelleno Hugh Jackman, pero sin duda, la gran sorpresa es James McAvoy, que quizá sea el que tiene el personaje más jugoso, junto al de Mística. Y es que uno no espera interpretaciones fuera de lo normal en una película como esta, y el buen hacer de sus intérpretes y sus voces en la versión original. ¡Si es que por algo son estrellas! mejora mucho el asunto.
A pesar del buen trabajo de sus actores y lo interesante de mezclar personajes del pasado con el futuro, la película peca de querer mostrarnos demasiados personajes por lo que no termina de profundizar en ellos salvo algunas excepción como la del Profesor Xavier, Mística o Magneto y el aperitivo que supone la presencia de Mercurio.
Es cierto que la presencia de algunos personajes es casi anecdótico o un guiño a otras entregas, pero echamos de menos mayor profundidad con ellos para entenderlos mejor.
A pesar de todo, “X-Men: Días del Futuro Pasado” es entretenimiento del bueno con una historia interesante aunque en ocasiones nos aburran un poco las secuencias de acción. Y para los fans más acérrimos de la saga: hay escena post-créditos que da algunas pistas sobre la nueva entrega.
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