Fotografía del 8 de febrero de 2021, tomada con un dron, que muestra la "Pasarela del Samba" donde desfilan las escuelas de samba del carnaval, cancelado este año, en Río de Janeiro (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda/Archivo
Río de Janeiro está vacía y agoniza; no hay turistas, los hoteles operan a media marcha y el color del carnaval se esconde bajo el gris asfalto de las calles.
Este año la pandemia mató a la fiesta más icónica de Brasil y dejó sin sustento a miles de cariocas que viven del espectáculo.
Por primera vez en su historia Río no tendrá su carnaval -que comenzaría este viernes- y las consecuencias económicas de su cancelación para evitar una mayor propagación de la covid se predicen nefastas, con pérdidas estimadas por la patronal de los comerciantes en 2.700 millones de reales (509 millones de dólares), cifra nunca antes vista en la postal de Brasil.
Se han visto afectados desde los ambulantes que apaciguaban la sed de miles de “folioes” (fiesteros) en las comparsas callejeras hasta los hoteleros, que han visto reducida su ocupación en más de un 50 %.
También han sentido el azote los profesionales invisibles que año tras año dan brillo al carnaval. Artesanos, diseñadores, carpinteros, soldadores, costureros y mecánicos: todos quedaron cesantes.
A ellos se suman infinidad de músicos y bailarines, así como comerciantes que importaban adornos, disfraces e implementos para el carnaval. Toda la cadena de productos, comercio y servicios ha sentido el golpe.
Los más azotados han sido los pequeños negocios y los trabajadores temporales, en su mayoría personas de escasos recursos cuyo sustento depende del carnaval.
Fotografía del 8 de febrero de 2021 que muestras el detalle de un instrumento de batería de la escuela de Samba Portela, una de las más tradicionales de Río de Janeiro (Brasil). EFE/ Antonio Lacerda/Archivo
Río de Janeiro responde por más del 30 % de los ingresos de todo Brasil por turismo recreativo, y el carnaval, por contar con la fiesta más atractiva y famosa, es la que más dividendos deja para la capital fluminense.
El año pasado, 2,1 millones de turistas -de los cuales cerca de 500.000 extranjeros- visitaron Río durante la fiesta y dejaron unos 3.800 millones de reales a la ciudad (unos 717 millones de dólares, al cambio actual), un récord para la “cidade maravilhosa” que en los últimos años venía aumentando consecutivamente el número de visitantes.
Pero la mayor movilización se dio en las calles, con los desfiles de 450 blocos (comparsas) que fueron acompañados por más de 7 millones de personas por toda la ciudad.
Para entonces, los cupos en los hoteles se llenaron en un 93 %. Este año, solo se ha reservado el 41 % de los cuartos, y de ese total, solo un 8 % fue separado por extranjeros.
En un primer momento, el carnaval de Río llegó a condicionarse a la vacuna y fue aplazado para julio, pero en enero la Alcaldía de la ciudad optó por cancelarlo definitivamente por dificultades logísticas para su organización.
La decisión traerá un fuerte revés económico para Río pero evitará las aglomeraciones y frenará la propagación del virus en una ciudad de siete millones de habitantes, donde más de 193.000 se han contagiado y unos 18.000 -el mayor número en todo el país- perdieron la vida por la covid.
María Angélica Troncoso
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