El tráfico ilegal de especies sigue dejando huellas imborrables en la biodiversidad del Valle de Aburrá. En las últimas horas, las autoridades ambientales dieron a conocer el desgarrador caso de un mono ardilla rescatado por la Policía Ambiental en Medellín.
Aunque el animal logró sobrevivir a las garras del cautiverio, los especialistas del Área Metropolitana confirmaron que nunca podrá regresar a su hábitat natural. Las secuelas físicas y comportamentales derivadas de su tiempo como «mascota» lo han condenado a depender de los humanos para siempre, perdiendo su rol ecológico en los bosques tropicales.
Cuando el pequeño primate llegó al centro de atención, el panorama era desolador: pesaba solo 630 gramos, presentaba una desnutrición severa, fracturas dentales y una enfermedad ósea metabólica por mala alimentación.
El espécimen, un macho adulto, vocaliza buscando atención y no teme a las personas, una conducta que en la vida silvestre lo convertiría en presa fácil.
Debido a esta condición, el mono ardilla deberá pasar el resto de sus días en un centro de valoración.
El Área Metropolitana recordó que el mono ardilla es una especie exótica para esta subregión, lo que evidencia las rutas mafiosas del comercio de fauna. Tener estos animales en casa no solo es un acto de crueldad, sino un delito que en Colombia acarrea penas de hasta 108 meses de prisión y multas millonarias.
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