Foto de archivo.
El presidente Gustavo Petro lanzó una dura crítica tras conocerse la decisión del Banco de la República de elevar la tasa de interés al 11,25%. A través de sus redes sociales, el mandatario calificó la medida como una decisión “política de oposición” y acusó a la Junta Directiva de legislar en favor de los sectores financieros, poniendo en riesgo la estabilidad económica del país.
Para el jefe de Estado, el incremento no responde a un exceso de dinero en circulación, sino al costo de los alimentos, por lo que subir las tasas sería ineficaz. Además, advirtió que esta política perjudica a los exportadores al revalorizar el peso y aumenta la carga de la deuda pública, lo que, según sus palabras, “busca un colapso fiscal”.
A pesar de la vehemente postura del Ejecutivo, diversos analistas y economistas han salido al paso para explicar que la medida del Emisor es necesaria y responde a mandatos técnicos para evitar un mal mayor.
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Anclaje de expectativas: Analistas de entidades como BBVA Research y Banco de Occidente sostienen que el Banco de la República no solo mira el dato pasado de inflación, sino las “expectativas”. Si los agentes económicos creen que los precios seguirán subiendo (como lo sugieren las encuestas que sitúan la inflación cerca del 7% para el cierre de año), se genera una espiral de precios y salarios difícil de detener.
Inflación de demanda y costos laborales: Expertos subrayan que, aunque los alimentos influyen, la inflación básica (que excluye alimentos y energía) ha subido al 5,5%. Esto indica que existen presiones internas derivadas del consumo y del incremento del salario mínimo, las cuales solo pueden moderarse encareciendo el crédito para enfriar la economía.
Protección de los más vulnerables: Contra el argumento de Petro, la teoría económica clásica y la experiencia histórica sugieren que la inflación es el “impuesto más regresivo”. El economista jefe de diversas firmas locales coincide en que permitir que la inflación se desboque castiga con mayor fuerza a las familias de menores ingresos, cuyo poder adquisitivo se pulveriza más rápido que el de los dueños del capital.
Frente a la advertencia de Petro sobre el costo de la deuda, técnicos del mercado de valores señalan que, si bien las tasas altas encarecen el servicio de la deuda estatal, una inflación descontrolada sería aún más costosa, ya que dispararía las tasas de interés de largo plazo y ahuyentaría la inversión extranjera, provocando una crisis de confianza que sí derivaría en un colapso financiero.
“El Banco de la República tiene el mandato constitucional de preservar el poder adquisitivo de la moneda. Actuar de otra forma ante un repunte de precios sería una irresponsabilidad técnica”, señalaron fuentes del sector financiero.
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