Minuto30.com .- En el municipio de Barbosa, Antioquia, opera una de las obras de ingeniería más emblemáticas de EPM: la central hidroeléctrica La Tasajera. Esta imponente central subterránea, en operación desde 1993, no es solo un motor de desarrollo que aporta 306 MW al sistema energético nacional, sino también un ejemplo de sostenibilidad y del ingenio para integrar múltiples propósitos en un solo proyecto: generar energía, proveer agua potable y contribuir a la salud ambiental de la región.
La Tasajera es una pieza clave del proyecto “Aprovechamiento Múltiple del Río Grande”. Su diseño permite un doble uso del agua. Primero, la fuerza del Río Grande es conducida a la casa de máquinas subterránea, donde mueve tres potentes turbinas Pelton de 102 MW cada una para generar energía. Pero su trabajo no termina ahí; una vez utilizada, esa misma agua es derivada hacia la planta de potabilización de Manantiales (Niquía) para abastecer a una parte importante del Valle de Aburrá.
Quizás uno de los beneficios más extraordinarios y menos conocidos de La Tasajera es su rol como “sanadora” del río Medellín.
Tras pasar por las turbinas, el agua es descargada con altos niveles de oxígeno en el afluente. Esta inyección de oxígeno es crucial para ayudar al río a recuperarse y a autodepurarse, especialmente después de haber recibido las aguas ya tratadas de la planta de saneamiento de Bello, demostrando cómo la infraestructura energética también puede ser una aliada del medio ambiente.
El impacto del proyecto se extiende más allá de lo técnico. El embalse que alimenta la central, ubicado entre los municipios de Don Matías, Entrerríos y San Pedro, se ha convertido en un polo de desarrollo sostenible. Sus alrededores, cubiertos de una rica vegetación, han sido aprovechados para la construcción de aldeas y han sido escenario de importantes proyectos de colaboración con las comunidades, como “Cuenca Verde” y programas con las Naciones Unidas.
Para quienes han dedicado su vida a operar esta central, La Tasajera es un motivo de inmenso orgullo. “Este fue mi sueño. Ahora, después de 30 años, sigue siendo un propósito de vida, sintiéndonos dueños de toda esta infraestructura para prestar un servicio con calidad”, expresa un empleado, reflejando el profundo sentido de pertenencia y compromiso que caracteriza a la gente EPM.
En sus 70 años, EPM ha demostrado con obras como La Tasajera que es posible unir ingeniería, propósito y naturaleza. Por más de 30 años, esta central ha sido el reflejo de cómo la energía puede generar vida de múltiples maneras, dejando una huella de desarrollo y sostenibilidad en el territorio y consolidándose como un pilar del bienestar para toda la región.
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