El hecho de que el presidente Santos registre récords en aceptación, según las encuestas, no quiere decir que al país le vaya bien, pues esa imagen va acompañada con dificultades e indefiniciones. El hecho de que a Santos le resulten buenas las encuestas, no quiere decir que al país le esté saliendo todo a pedir de boca.
El tema de seguridad, sin duda, sigue siendo vital para el país. Como decíamos en La Barca del primero de agosto: En ninguna de las materias medidas por la encuestadora de Napoleón Franco el gobierno de Santos aumenta; por el contrario, en todas tiende a la baja, especialmente en el manejo de la seguridad y lucha contra el desempleo, que fueron banderas como candidato uribista.
Hablar de replantear la estrategia en el tema de la seguridad -como lo expresó el pasado 7 de agosto- es reconocer que las cosas en ese frente no han marchado lo suficientemente bien. Dar de baja al Mono Jojoy no lo es todo. El Presidente tiene aquí una flaqueza sobre la que debe trabajar a fondo en el segundo año. Reconocer de una vez que estamos en presencia de un fenómeno real y no de simple percepción.
El país de la confianza inversionista y económica que dejó Uribe sigue su marcha; el desempleo se sostiene; las licencias de construcción crecen y la economía también presentó cierto crecimiento en el primer semestre. En momentos de agitación internacional, Santos logra acuerdos de libre comercio con Suiza y Canadá; lo que consiga con Estados Unidos está por verse. La locomotora de la minería sigue sin arrancar.
En materia internacional, aunque muchos analistas insistan en que Colombia está mejor parada hoy en el mundo que con Uribe, nos preguntamos ¿qué le han dejado, en materia comercial y de cumplimiento las deudas pendientes con Hugo Chávez? En Unasur, la Secretaria General es colombiana; en la ONU tenemos liderazgo en el Consejo de Seguridad, y con Europa, la verdad sea dicha, las relaciones se mantienen iguales.
Denuncias de lucha anticorrupción, necesarias pero descaradamente sobredimensionadas por el propio Ejecutivo; la fábrica de cortinas de humo; nuevos ministerios (los de Trabajo, Justicia, Medio ambiente y Salud) y la pregunta de si con ellos llegarán soluciones de fondo o una burocracia costosa, de mucho más de medio billón de pesos. Unas leyes de Víctimas y Tierras con ciertos propósitos, pero con serias dudas, que nadie sabe cuánto costarán.
Todo en medio de un invierno que cambió la agenda y hoy obliga la reconstrucción del país, en acciones viales y de transporte, pues el Gobierno no ha sido lo suficientemente bueno en la administración de crisis climática. Y en fin, un año difícil de resumir y analizar en el breve espacio de una columna sí que menos, basándonos en una encuesta ordenada y dirigida con los resultados ya conocidos.
2021-05-05
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