Opinión

Cicatrices heredadas

Aprovechando la ausencia de su hija y de su nieta, la tatarabuela le cercenó el clítoris a la niña. «Al volver a casa, encontró a su hija de apenas seis meses hinchada, sangrando e hirviendo por la fiebre. Cuando la revisó, su abuela -es decir, la tatarabuela de la menor- le había cercenado el clítoris a la bebé…». Este relato apareció en la prensa local (El Colombiano) el día 4 de mayo del año en curso. La verdad, jamás creí volver a escribir sobre el mismo tema. Lo digo porque hace varios años escribí, a manera de denuncia, acerca de la forma como a las mujeres de algunas tribus indígenas les cortan el clítoris y, en ocasiones, los labios menores y mayores, con el fin de impedir que sientan placer sexual. «Según las creencias ancestrales, las mujeres con clítoris son infieles, impuras, malas esposas, promiscuas; se ve mal que una mujer pueda sentir placer en medio del sexo, por eso se les despoja de lo que pueda permitírselo o experimentarlo». Lo peligroso de este procedimiento es que lo hacen con el filo de una piedra, con un cuchillo de cocina, con un pedazo de vidrio o con cualquier objeto cortopunzante, sin la más mínima higiene. Muchas de estas niñas mueren desangradas. Según informes periodísticos, en Pueblo Rico (Risaralda) mueren más niñas que niños; en una sola vereda nacieron diez niñas y murieron cinco.

Con mucho respeto, quiero decir que estas son violencias camufladas como cultura, cuando en realidad se está mutilando al ser humano. Cicatrices heredadas. Sé que algunos no estarán de acuerdo conmigo y dirán que los indígenas tienen derecho a realizar sus ritos, pero no me parece bien que haya que cercenar una parte del cuerpo del otro para decir que es aceptado en sociedad como casto y puro. Algunas comunidades judías acostumbran a hacerle la circuncisión a los hombres como el evento religioso más importante en la vida de un niño; se le cercena el prepucio y se le otorga su nombre, en una especie de bautismo. Ninguna parte del cuerpo humano debe cortarse. Si tenemos cinco dedos en cada mano es porque los necesitamos; todo el organismo está sincronizado, el cuerpo humano y todos sus sistemas viven en armonía. O sea que, si a futuro aparece un rito o secta que diga que, para ser dignos, debemos cortarnos las piernas, ¿qué pasaría?

La mutilación genital femenina (MGF) o ablación no es exclusiva de los pueblos indoamericanos, también se practica en varios países de África, Oriente Medio y Asia; son innumerables las mujeres y niñas afectadas mundialmente. Organismos internacionales y defensores de los Derechos Humanos consideran estas formas de violencia carnal como violencia de género que no debería permitirse.  Según cifras del Sistema Integrado de Información sobre Violencias de Género (Sivige), en Colombia, entre enero de 2024 y marzo de 2026, se registraron 98 casos de niñas víctimas de mutilación o ablación genital femenina (AGF). El 56 % de los casos corresponde a niñas de entre 0 y 5 años. El Congreso colombiano está tramitando una ley que prohíba este tipo de mutilaciones en la mujer, pero, como el tema no es de interés nacional, dicho proyecto batalla contra el tiempo, el ausentismo y la falta de voluntad política de los parlamentarios.

Quiero ser enfático al decir que ningún dogma ni costumbre ancestral puede estar por encima de la integridad humana; la salud mental y el derecho al placer de las niñas y mujeres jamás deben impedirse. Al mutilar sus cuerpos bajo la presión del control social y el patriarcado, no se está purificando nada; solo se está perpetuando una violencia de género que causa graves problemas físicos y psíquicos. De hecho, en otro informe encontré que muchas de estas niñas mutiladas se han suicidado al llegar a la adolescencia.

No entiendo por qué tanto miedo a que los demás sientan placer, ¿por qué satanizarlo? El placer no solo es sexual. ¿Quién puede negar que siente placer cuando le sirven su comida favorita, cuando le regalan aquello que siempre añoró o cuando tiene muchas ganas de orinar y por fin logra hacerlo? Eso es placer; el placer no es malo. Aquellos que ven el placer sexual femenino como algo pecaminoso, algún día dirán que es necesario sacarles los ojos a las mujeres para que no vean a los hombres, y santo remedio. Qué tontería.

La verdad, debo confesar que me fastidia todo aquello que pueda causar daño o dolor al ser humano; en el dolor no puede habitar la felicidad. Después de leer el desgarrador informe periodístico, decidí acudir a la literatura con el fin de mitigar tanta indignación. Con relación a la intimidad femenina, nunca me cansaré de recomendar el libro El anatomista, del escritor argentino Federico Andahazi, una maravillosa novela ambientada en la Italia renacentista del siglo XVI en la que, con una maestría única, se mezclan la ficción y los hechos históricos. La trama cuenta cómo un brillante anatomista, Mateo Colón, descubre físicamente el Amor Veneris (el clítoris), algo nunca visto ni nombrado en la mujer. El hallazgo de Mateo Colón se dio cuando examinaba a la viuda Inés de Torremolinos. La novela hace una interesante analogía: mientras Mateo Colón descubría el Amor Veneris, Cristóbal Colón descubría América. Es un libro que debe ser leído.

 

Pd; el hedonismo es una doctrina filosófica y moral que considera el placer y el evitar el dolor como un bien supremo y el propósito principal de la vida. Epicuro, filósofo griego, jamás consideró que el placer fuera algo malo.

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Minuto30.com

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