Tomada de redes sociales.
La mañana en el sur de Cali se vio abruptamente fracturada por un estruendo ensordecedor. Lo que parecía ser una jornada rutinaria en las inmediaciones del Cantón Militar Pichincha, sede de la Tercera Brigada del Ejército, se transformó en un escenario de terror cuando un vehículo cargado con explosivos detonó, desatando el pánico entre los transeúntes y residentes de la zona.
El modus operandi revela una frialdad calculada. Según los reportes preliminares y testimonios recolectados en el lugar, el conductor de una buseta detuvo el automotor cerca de la instalación militar. Con celeridad, descendió de la cabina y huyó a bordo de una motocicleta que lo aguardaba. Instantes después, el caos se apoderó del sector. El vehículo, que había sido acondicionado subrepticiamente con rampas para el lanzamiento de artefactos explosivos improvisados —conocidos popularmente como “tatucos”—, alcanzó a disparar dos de estos cilindros antes de estallar por completo.
Para los habitantes de la comuna 19, la experiencia fue dantesca. Jorge Huberto Zúñiga, edil del sector y testigo presencial, narró la zozobra de los segundos posteriores a la detonación. “Nos dejó desconcertados, aturdidos. Fue un estruendo grandísimo”, relató. La onda expansiva no solo sacudió las estructuras, sino que esparció la destrucción por los aires. “Al ratico empecé a ver que caían cosas del cielo, pedazos de buseta y todo lo que había explotado. Estaba echando llamas”, describió Zúñiga, dibujando una escena en la que la metralla y el fuego llovían sobre las calles caleñas.
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Pese a la magnitud del ataque, el saldo esquivó la fatalidad extrema. El Ejército Nacional confirmó que, afortunadamente, no se registraron víctimas mortales entre la población civil ni entre los uniformados. Sin embargo, la violencia del estallido alcanzó a una mujer que transitaba casualmente por el lugar, quien resultó herida.
Tras disiparse el humo inicial, el área fue acordonada por un fuerte contingente interinstitucional. Efectivos del Ejército, la Policía, Bomberos y autoridades de tránsito tomaron el control de las vías aledañas. Actualmente, equipos antiexplosivos especializados peinan la zona palmo a palmo, apoyados desde el aire por drones tácticos, con el doble propósito de esclarecer los pormenores técnicos del atentado y garantizar que no existan amenazas latentes que pongan en riesgo a la comunidad.
La capital del Valle del Cauca vuelve a enfrentarse al fantasma del terrorismo, mientras las autoridades redoblan esfuerzos para dar con los responsables de un ataque que, de no ser por el azar, pudo haber terminado en una tragedia mayúscula.
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