Durante meses he recorrido Colombia escuchando a miles de personas. Colombianos que viven en regiones distintas, que tienen historias diferentes, que vienen de sectores políticos diversos y que no piensan igual.
Y, sin embargo, algo extraordinario ha ocurrido.
Cada vez más colombianos han comenzado a encontrarse en una misma preocupación: el rumbo del país.
Porque esta elección no se trata solamente de escoger un presidente. Se trata de escoger un camino.
Hoy Colombia tiene dos caminos frente a sí.
Uno es el camino de la improvisación, del espectáculo permanente y de la resignación frente al deterioro de la seguridad y las instituciones. El camino donde los grupos armados se fortalecen, la extorsión se vuelve paisaje, el narcotráfico recupera territorios y el Estado renuncia poco a poco a ejercer autoridad. El camino donde el miedo vuelve a decidir la vida de millones de colombianos.
El otro es el camino del trabajo serio, de las decisiones difíciles, de la experiencia, del carácter y de la rectitud necesarias para recuperar el rumbo.
Por eso hoy convergen personas tan distintas. No porque piensen igual en todo. No porque hayan renunciado a sus diferencias.
Sino porque entendieron que hay momentos en los que Colombia debe ponerse por encima de cualquier otra consideración.
Durante estos años he recorrido el país escuchando a las víctimas, denunciando el crecimiento de los grupos armados, defendiendo a nuestra Fuerza Pública y alertando sobre los riesgos de entregar territorios enteros a quienes viven de la violencia. No lo hice porque estuviera en campaña. Lo hice porque creo que el deber de un líder es defender a Colombia incluso cuando no hay cámaras grabando.
Pero también he visto otra Colombia.
La Colombia que madruga. La que trabaja. La que emprende. La que produce. La que educa a sus hijos con esfuerzo. La que no se rinde a pesar de las dificultades.
He visto una Colombia que sigue creyendo.
Y es precisamente esa Colombia la que me llena de esperanza.
La unidad que necesitamos no consiste en ignorar nuestras diferencias. Consiste en encontrarnos alrededor de unos principios que no admiten negociación: la democracia, la libertad, la seguridad, las oportunidades y el respeto por la ley.
Ese es el sueño que hoy compartimos millones de colombianos. El sueño de una nación que quiere volver a creer en sí misma.
Y sí, también podemos hacer historia.
Podemos elegir por primera vez a una mujer para la Presidencia de Colombia.
Las primeras veces cambian la historia. No solo porque una mujer llegue a un lugar al que ninguna había llegado antes, sino porque abre el camino para muchas más. Porque amplía lo que las niñas creen posible. Porque demuestra que el liderazgo, el carácter y la capacidad para servir no tienen género.
Este domingo no solamente elegiremos un presidente.
Elegiremos el camino que queremos para Colombia.
Yo creo en una Colombia segura, libre y próspera. En una Colombia que no se resigna. En una Colombia que trabaja, que se une cuando hay que defender lo que ama y que siempre encuentra la manera de salir adelante.
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