En medio del confinamiento, o mejor, encierro decretado por el gobierno durante las fiestas de navidad y año nuevo, escuché en la radio una canción que hizo brotar en mí gratos recuerdos juveniles, se trata de la “Plegaria Vallenata” cantada por Jairo Paternina con el Combo de las Estrellas en los años ochenta.
“Óyeme diosito santo tú de aritmética nada sabías, dime por qué la platica tú la repartiste tan mal repartida. Óyeme diosito santo en cuál colegio era que tú estudiabas, por qué a unos les diste tanto, en cambio a otros no nos diste nada”.
Con el debido respeto por todos los creyentes, debo admitir mi gusto y simpatía con este canto, aclarando de antemano que no pretendo echarle la culpa a ningún dios, solamente que lo que allí se canta, creo yo, encaja muy bien con lo que vivimos en estos años calamitosos donde la injusticia aflora por todos lados.
Es inaudito que un país como Colombia, hoy sea visto como uno de los territorios más inequitativos del continente americano, lo que confirma que el dinero si está muy mal repartido, tan mal repartido que basta con saber cuánto gana un congresista colombiano, por no hacer nada, y, cuánto recibe cada mes un obrero raso, eso rebasa los límites de la injusticia convirtiéndose en una verdadera infamia.
Por coincidencia cuando escuchaba la canción y la iba tarareando en mi boca, leía en el periódico El Espectador (virtual, nov. 30/20) “Riñones en venta: la crisis económica en India lleva a sus ciudadanos al extremo. Un hombre, su esposa y su madre han puesto en venta sus riñones para pagar sus deudas…”. Mis ojos no daban crédito a lo que leían cuando mis odios seguían escuchando la canción que decía, “Mira tanta gente pobre que vende su sangre pa’ poder vivir, no te das cuenta que el rico es feliz mirando al pobre sufrir”.
De mi parte, tengo claro que estos abusos y atropellos no son cuestión de ideologías políticas, como tampoco de religiones, lo digo porque Jesús no fue cristiano, Siddharta Gautama (Buda) no fue budista, como tampoco Mahoma fue musulmán, ¿por qué culparlos a ellos de nuestras desgracias?, somos nosotros, los habitantes de este planeta quienes con el paso del tiempo hemos ido permitiendo y, por qué no, aceptando que cosas tan injustas vayan haciendo parte de la cotidianidad.
En consecuencia, con el transcurso de los años, se fue volviendo moda que gobiernos de todos los calibres se fueran enquistando en el poder, convirtiéndose en solapados dictadores quienes, acolitados por una clase politiquera corrupta, entre dimes y diretes, lanzan al viento discursos disonantes aparentando ser pulcros y bondadosos. Ahora, frente a los malos gobiernos no se trata de ser violentos sino de saber reclamar con altura cuando la ilegalidad, la injusticia y los atropellos hagan su asomo en escenarios públicos o privados.
Continuando con el tema de los reclamos, hace pocos años un amigo me preguntó si conocía el tango ateo, aduje que no, y, fue ahí donde empezó a contarme la historia de Enrique Santos Discépolo, compositor argentino de principios del siglo XX, quien escribió “Cambalache” y una gran cantidad de temas más, entre ellos “Tormenta”, el cual le trajo serios problemas con la iglesia católica de aquellos tiempos por considerarlo un tango ateo.
Al escucharlo detenidamente pude constatar que se trata de un reclamo más, un reclamo santo diría yo, pero, esta vez en ritmo de tango, en el que quedan claros los privilegios de unos pocos y la escasez de muchos otros. “Aullando entre relámpagos, perdido en la tormenta de mi noche interminable, ¡dios busco tu nombre!, no quiero que tu rayo me enceguezca entre el horror, porque preciso luz para seguir… ¿Lo que aprendí de tu mano no sirve para vivir? Yo siento que mi fe se tambalea que la gente mala vive Dios, mejor que yo”.
No solo la gente mala vive mejor, basta con saber que algunos delincuentes de cuello blanco son expertos en saquear el erario público haciendo de la corrupción un factor común en los cuatro puntos cardinales del territorio nacional. Bien se dice que la justicia es para los de ruana, pero, algunos ni ruana tenemos.
Lo más paradójico es que las cárceles están repletas de sentenciados, es decir, personas que supuestamente cometieron un delito y no han sido condenadas, mientras que algunos pillos andan “como Pedro por su casa”, de ahí el tango ateo, “…si la vida es el infierno y el honrao vive entre lágrimas, ¿cuál es el bien del que lucha en nombre tuyo, limpio, puro?, ¿para qué?” Otra vez me duelen todos los sentimientos al saber de tantos reclamos, santos o paganos, que no son escuchados y que solo hacen ruido como la gotera que de tanto caer nadie escucha ya.
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