Opinión

¿Nos debemos devolver?

La verdad creo que sí; nos debemos devolver, sobre todo cuando las cosas salen mal. Es sabido que en el mundo existen países con altos niveles de vida donde las posibilidades son muchas y las necesidades escasas. Me refiero a Suiza, Suecia, Finlandia, Irlanda, Singapur, Noruega, entre otros.

Resulta que en algunos de estos países están replanteando su sistema educativo; en este caso, haré referencia a Noruega, concretamente Oslo, su capital. Al leer artículos de prensa, revistas y consultar otros medios, entendí que los noruegos quieren regresar. Están preocupados por la calidad educativa de sus niños y jóvenes en todos los niveles. Diez años atrás, el Gobierno —concretamente las autoridades educativas— decidió que cada estudiante debería tener una tableta electrónica en el aula.

Sin embargo, con el tiempo, se detectó que los índices de comprensión lectora y el interés por la lectura disminuyeron ostensiblemente. La “pereza mental” los invadió y los resultados académicos son bastante cuestionables.  Hace pocos días la exministra de educación y líder del partido liberal, Trine Skei Grande, adujo, “somos demasiado ricos, así que hacemos cosas estúpidas con el dinero”.

Noruega, como otros países, refleja una tendencia creciente en Europa hacia la “desconexión digital” en las aulas. Después de haber sido pioneros en la digitalización escolar, el gobierno noruego ha determinado, sin admitir excusa alguna, el retorno al texto escrito en papel, al libro físico. Ahora, al llegar a las escuelas, los teléfonos móviles deben dejarse en casilleros y solo se devuelven al finalizar la jornada.

Las consecuencias de la digitalización extrema se hicieron notorias al ver cómo las visitas a las bibliotecas disminuían y la compra de libros caía. Resulta que no solo estaban dejando de leer, sino que se les estaba olvidando escribir; una medida más fue volver a los cuadernos de caligrafía y hacer que los estudiantes escriban a mano, con el fin de reforzar la psicomotricidad fina.

Estas experiencias nos deben poner a pensar sobre el tema digital en clase. No digo que se deba prohibir —prohibir no es la solución—, lo que debemos hacer es regular su uso y que sea el docente quien dirija la actividad al momento de ser usada la tecnología. Este tema me llevó recientemente a un conversatorio con expertos donde la conclusión fue contundente: “los lugares donde menos se está leyendo son los colegios y las universidades”.

La lectura ha decaído de forma tan abrumadora que cruzarse con alguien leyendo lo convierte en un ser extraño. Nos está venciendo la Inteligencia Artificial (IA); según algunos estudiantes, ¿para qué esforzarse si todo está hecho? Sin embargo, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”: las instituciones pueden tener las mejores bibliotecas, pero de nada sirven si no se lee. Noruega y otros países nos están dando señales, advirtiéndonos que lo mejor es retroceder un poco. No debemos satanizar la tecnología, debemos saber usarla.

La situación de Noruega y el resto de los países nórdicos está sirviendo como un “experimento natural” que nos obliga a repensar la velocidad y el uso de la digitalización; no se trata de destruir las máquinas u objetos que el hombre haya inventado sino de recuperar las herramientas que biológicamente necesitamos para aprender mejor, como la escritura a mano y la lectura a conciencia.

El verdadero progreso no consiste en avanzar sin medida, sino en saber cuándo es necesario detenerse y corregir. El hombre debe hacer un uso adecuado del órgano más complejo que posee: el cerebro. En vez de evolucionar, parece que cada día estamos más mermados. Algo que salió a relucir en Oslo, fue que los estudiantes cada vez utilizaban menos vocabulario al hablar, lentamente se fueron quedando mudos, no sabían qué decir, cómo expresarse.

El estar conectados y sin hablar e interactuar con los demás, los llevó a hacer un uso mínimo de palabras; esto porque las respuestas las daban con emoticones, -muñecos e ilustraciones digitales-. La pobreza comunicativa es evidente, cada vez los estudiantes usan menos sinónimos y antónimos. No saben hablar, menos escribir. El tema en realidad me preocupa y, mucho, esto porque nosotros -colombianos- estamos viviendo lo mismo y nadie dice nada. En este país la educación sigue siendo la cenicienta.

Vivimos de apariencias. Hace pocos días empezó otra Feria del Libro: un mercado persa donde algunos salen a modelar y exhibirse como grandes compradores de libros que nunca leen. En medio de tantas poses no falta quien tenga, en su apartamento, libros sin destapar comprados el año anterior.

Cuando salgo a caminar veo por todos lados personas pegadas a su teléfono móvil, no lo desamparan; en el bus urbano o en el Metro, nadie mira a nadie, nadie habla con nadie, solo se ven cabezas gachas mirando una diminuta pantalla, una pantalla que nos está alejando del resto de la sociedad.

Coda: hoy, Noruega lidera un movimiento silencioso pero significativo: el regreso al papel. ¿Nosotros qué vamos a hacer? ¿Qué proponen los candidatos a la presidencia o el ministro? ¿Será que a ninguno de ellos les interesa realmente la educación?

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Minuto30.com