Siempre he sostenido que las librerías de segunda mano son, en definitiva, muchísimo más interesantes que sus pares con libros nuevos. Y no es sólo por la impresionante diversidad que encontramos en ellas por obra y gracia de la entropía natural que impregna su modelo de negocio, lo que abre la puerta a descubrimientos fascinantes de la mano de la serendipia, sino también porque te dan la medición exacta del pulso literario de una sociedad. Ya que más importante que aquello que se lee recién salido de la imprenta es aquello que se sigue leyendo con el tiempo, una vez la purpurina de la novedad se ha desvanecido y los contratos de publicidad para su promoción se han liquidado. El fondo de armario es la auténtica prueba de fuego para cualquier obra.
Nadie en Madrid sabe esto mejor que los organizadores de la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, un evento sencillo y de logística algo clandestina, pero que desde hace casi medio siglo ha sabido colarse con precisión quirúrgica entre el Día del Libro de abril y la Feria del Libro oficial de junio para deleitar a los caminantes del Paseo de Recoletos con sus casetas repletas de joyas a precios asequibles. Un ejercicio de resistencia silenciosa contra las grandes superficies de distribución editorial que ya se ha convertido en cita ineludible para todos los bibliófilos de la ciudad y que nos permite estudiar las tendencias económicas y literarias de una industria en constante evolución.
Lo primero que salta a la vista es el ligero cambio en el precio base de los libros, el cual, a raíz de los eventos globales del último lustro y las fuerzas inflacionarias desatadas por estos, ha ido migrando lentamente de los 5 euros ($21.000) a los 6 euros ($25.400). Un incremento del 20% que todavía no se ha visto reflejado en las plataformas online de venta entre particulares, pero que ya parece ser la norma imperante del gremio allí donde libreros profesionales intervienen en la transacción. Cierto es que todavía se pueden conseguir algunos libros a 3 euros ($12.000), pero éste funciona más como un importe simbólico para aquellos títulos con salida reducida que están al borde de ser rematados o enviados a la trituradora.
Metidos de lleno en el catálogo, la novela negra sigue siendo el rey indiscutido de España, teniendo a Petros Márkaris y a Henning Mankell como los autores más socorridos por los libreros a la hora de impulsar las ventas. Arturo Pérez-Reverte y Almudena Grandes les escoltan de cerca como la cuota local, además de una fuerte presencia de anteriores ganadores del Premio Planeta, quienes resisten precios más elevados gracias a su goloso formato de pasta dura. En cuestiones de Nobel, Günter Grass (1999), Saramago (1998) y Vargas Llosa (2010) mantienen una decente rotación, mientras que ya comienzan a asomar en los escaparates las primeras obras de Jon Fosse (2023), lo que abre la veda para todos los demás ganadores de esta década. Un interesante proceso de tránsito al mercado secundario que seguiremos de cerca el próximo año.
2026-05-08
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