La mejor parte de que el Mundial ahora dure veinte días más (fuera de la situación en sí misma que, ya de entrada, es intrínsecamente maravillosa) es que tenemos tiempo de sobra para filosofar sobre asuntos relacionados con el fútbol que antes se nos quedaban por fuera de las cuatro semanas de rigor. Justamente, tras ser bombardeado por múltiples vitrinas que insisten en querer venderme todo tipo de cachivaches, oficiales o no, de la FIFA que evidentemente no necesito, pero que mi mente corrompida por el capitalismo salvaje encuentra absurdamente apetecible, caí en cuenta con no poca sorpresa que hay una industria que parece nunca haberse inmutado en lo más mínimo ante el deporte más popular del mundo: la cultura.
Y es que hasta la tan fabulosa como inesperada llegada de Ted Lasso a nuestras vidas algunos años atrás, el fútbol se encontraba tremendamente infrarrepresentado en el mundo del arte, tanto a nivel narrativo como audiovisual. Tal vez para refutar este postulado a más de uno se le venga automáticamente a la cabeza “El Miedo del Portero al Penalti” de Peter Handke (¡Qué argumento más contundente! ¡La obra cumbre del ganador del Nobel de 2019!), pero he ahí el quid de toda la cuestión, que no hace más que darme irrefutablemente la razón: el libro con el título más futbolero de todos los tiempos trata de muchas cosas, menos de fútbol. Y así podríamos seguir tirando de años y años de hemeroteca hasta confirmar la triste orfandad de este deporte.
En materia de cine y televisión la cosa tampoco mejora mucho que digamos, pues al fútbol siempre se le ha relacionado más con la comedia y la pachorra que con una disciplina digna de una historia inmortal. Los Millennials tenemos en la memoria la doble entrega de “Gol” y “Gol 2” (la tercera no la vio nadie) que seguro recordamos mejores de lo que son; también están parodias como “Fútbol Kung Fu”, “El Perro Futbolista” y “Pateando y Gritando”, que están bien si tienes siete años, pero que no trascenderán a la universalidad; o la disruptiva “Quiero Ser Como Beckham”, que defendió la viabilidad del fútbol femenino a principios de los 2000 cuando casi ningún país se lo había planteado seriamente; hasta la más reciente “Gol Gana” de Taika Waititi que no deja de ser una pachanga de amigos con el sello personal del director.
Curiosamente, algo que va a sonar tan melancólico como interesante a la vez, tal pareciera que el único relato que ha conseguido consolidarse a nivel mundial como el referente inequívoco del fútbol sean las aventuras de Oliver Atom y Benji Price en “Supercampeones”, ampliamente conocido desde Sudamérica hasta el Japón. Sus distintos arcos narrativos, que van desde su rivalidad con Hyuga (evocadora hoy del duelo entre Messi y Cristiano) hasta los problemas de corazón de Andy y el alcoholismo indisimulable de su entrenador Roberto, son pasajes que permanecen grabados a fuego en la mente de los futboleros de los noventa y que difícilmente se volatizarán como tanto contenido moderno que no deja huella.
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