La tragedia de las ciudades por la dependencia del auto

En 1950, el mundo tenía 70 millones de automotores. Para el año 2000 la cifra se multiplicó por diez con 700 millones, lo cual ha supuesto que desde 1970 creciera a 16 millones de vehículos por año. Si esta progresión continúa, sobre el 2020 circularán más de mil millones de unidades motorizadas en el mundo. Estos vehículos hoy consumen cerca de 40 millones de barriles de petróleo cada día, algo más de la mitad del consumo mundial, y son responsables del 50% de la contaminación ambiental y también de un tercio de las emisiones de gases de efecto invernadero.

El carro, aunque se le ponga la etiqueta de “limpio” o “verde”, se ha convertido en la causa principal de heridos y muertos en muchos países del mundo. El tráfico motorizado mata cuatro veces más que las guerras, o sea, 1.26 millones de personas cada año. Esto supone más de 3.000 personas muertas en las carreteras del mundo por día, sin contar los casos de asma y algunos tipos de cáncer. Cuando se analizan las cifras de 10 a 15 millones de muertos por década en carretera, heridos con invalidez, junto a los animales muertos, el problema se agrava mucho más.

Hay que añadir a esta tragedia que los autos modifican gravemente el entorno urbano. Sustituyen a las comunidades hechas a escala humana, tranquilas, donde caminar es habitual, por comunidades con infraestructuras para llegar a cualquier sitio lo antes posible y con anchas calles llenas de asfalto destinadas al tráfico vehicular. Con ello se consigue que ya no se pueda acceder a pie, quedando así los lugares de encuentro social e intercambio cultural dispersados, y desapareciendo la posibilidad de contactos informales entre personas que unen a las sociedades. La vida se desplaza hacia el interior, separada de la de los demás.

Los “planes de movilidad” que tanto seducen a políticos tradicionales y a alcaldes incautos tienen como prioridad hacer obras, más vías, avenidas, calzadas vehiculares y puentes (elevados o deprimidos) que estimulan y facilitan el uso del auto. Marginalmente se habla de infraestructura para viandantes y “ciclousuarios” Su prioridad son los recursos, los votos y la imagen, antes que un modelo de ciudad con equidad, una ciudad a escala humana. La dependencia de nuestra sociedad de esta tecnología tan cara y que causa desigualdad se ha extendido de tal modo que el automóvil ha conseguido un gran monopolio y poder en muchos lugares. Algo que no consideran seriamente políticos y gobernantes por sus intereses ocultos. Al menos esto ocurre en la mayoría de nuestras ciudades latinoamericanas, en medio de tanta hipocresía y demagogia política

Hoy hasta los más pobres, desorientados por incultos periodistas, por la clase de poder, por los políticos interesados, exigen más y más vías para carros. Creen que la solución a la movilidad para evitar los trancones y el colapso automotriz, es construir y construir más kilómetros de asfalto. Poco se habla de la regulación del uso sobre todo de autos particulares, que en la mayoría de los casos van con una sola persona que ocupa una porción generosa del espacio público en detrimento del ciudadano peatón, cada vez más arrinconado. Y peatonalizar sendas porciones del área urbana es como una blasfemia para los más ricos, los comerciantes, las “vacas sagradas” y los comodones dependientes del auto, que se impone como el rey de nuestros espacios urbanos.

Este sistema basado en el petróleo y las calzadas vehiculares impide que los niños, las gentes más vulnerables, los mayores y las personas con alguna discapacidad física puedan moverse libremente. El transporte público de calidad, la bicicleta y las infraestructuras para peatones quedan en segundo plano, si es que se tienen en cuenta. La salud se afecta, disminuye la actividad física contribuyendo a la epidemia global del sedentarismo y el sobrepeso.

Debemos tener en cuenta que dos de cada tres colombianos no hacen suficiente actividad física diaria, acorde con las exigencias biológicas mínimas del diseño del organismo humano. Uno de cada dos nacionales ya tiene sobrepeso, mientras uno de cada tres ya es obeso. Son cifras dramáticas de salud pública que deberían tener prioridad dentro de las políticas públicas.

Pero promoviendo espacios para autos a todo costo, la sociedad crea un desierto urbano que desplaza al ser humano, sustituye el sentido de lugar y comunidad, por el aislamiento.

2021-05-05

Publicado por:
Minuto30.com

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