La anatomía de la violencia en Colombia a través del teatro de los Abderhalden

Obra “Los Incontados: Un Tríptico”. Los hermanos Heidi y Rolf Abderhalden exploran en “Los Incontados: Un Tríptico” la anatomía de la violencia en Colombia con un compendio de pasajes que reflexionan sobre el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo a través de un elemento particular: la fiesta. EFE/Ferdinando Ramos

Los hermanos Heidi y Rolf Abderhalden exploran en “Los Incontados: Un Tríptico” la anatomía de la violencia en Colombia con un compendio de pasajes que reflexionan sobre el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo a través de un elemento particular: la fiesta.

La obra, de gira por Brasil, integra tres relatos (“Los Santos Inocentes”, “Discurso de un hombre decente” y “Los Incontados”), y en ella los dos hermanos colombianos mezclan ingredientes como el capo Pablo Escobar; Camilo Torres, el cura guerrillero; o Radio Sutatenza, que alfabetizó en el pasado a millones de campesinos.

Cada uno de los espacios festivos que componen la escenografía se abre paso mostrando “la frágil frontera que existe entre la fiesta y la violencia” que ha padecido el país andino, dice Heidi Abderhalden.

“Tenemos que abandonar el carnaval y comenzar ahora en serio la revolución”, se escucha en la función como un mantra el llamado del sacerdote Torres, icono del Eln y que murió en Colombia durante su primer combate.

La pieza medita también sobre la evolución de cómo el discurso ideológico que impregnó la guerrilla fue contaminado después por la dinámica de la guerra y el narcotráfico.

Obra “Los Incontados: Un Tríptico”. Los hermanos Heidi y Rolf Abderhalden exploran en “Los Incontados: Un Tríptico” la anatomía de la violencia en Colombia con un compendio de pasajes que reflexionan sobre el narcotráfico, la guerrilla y el paramilitarismo a través de un elemento particular: la fiesta. EFE/Ferdinando Ramos

“Hicimos un rastreo de las declaraciones de la guerrilla para saber en qué momento dejó de ser una perspectiva festiva y pasó a ser parte del dispositivo de guerra que nos ha acosado durante tantos años”, explica Abderhalden, cofundadora de la compañía Mapa Teatro.

En ese sentido original y utópico de la guerrilla, un adulto aparece adoctrinando a una niña mientras se escucha de fondo “¿Sabía usted que la expresión ‘oligarquía’ significa para la clase alta ‘insulto’ y para la clase baja ‘privilegio’?”.

Y continúa: “¿Sabía usted que la expresión ‘revolución’ significa para la clase alta ‘subversión inmoral’ y para la clase baja ‘cambio instructivo?”.

Así con un ramillete de conceptos de la lucha de clases que poco a poco perderán el sentido hasta frustrar la fiesta prometida en el inicio.

En esa transición aparece una víctima real del drama colombiano: Danilo Jiménez, quien fue director de la Banda Marco Fidel Suárez, encargada de amenizar a Pablo Escobar todo tipo de fiestas y también de satisfacer los caprichos del narcotraficante, como tocar la misma canción durante toda la noche.

La vida de Jiménez cambió para siempre en 1991 cuando una de las bombas contra las autoridades, financiada supuestamente por Escobar, mató en Medellín a parte de su comparsa, provocó graves secuelas en su mujer -que después falleció-, mientras que a él le dejó sin poder hablar, escribir o recordar durante siete años.

“Perdió la conciencia y la memoria. Él es un archivo de la guerra del narcotráfico que habla de la fiesta de manera periférica”, apunta Heidi.

Para “El discurso de un hombre decente” estudiaron todos los discursos de Pablo Escobar durante su etapa pública, cuando fue elegido miembro suplente de la Cámara de Representantes.

“A partir de su sueño de ser presidente reconstruimos, con la ayuda de un experto en discursos, uno ficticio en el que tomaba posesión” y cuyo “primer gesto sería un referendo sobre la legalización de las drogas”, señala Abderhalden.

Esa “alucinación de la realidad” habla “sobre la fallida guerra contra las drogas”, expresa esta bogotana, de padre suizo y que presenta estos días la obra en Sao Paulo, como una extensión del Festival Internacional de Teatro de Rio Preto.

En “Los Santos Inocentes” el espectador viaja al municipio de Guapi, en el Pacífico colombiano, donde cada 28 de diciembre salen los “matachines” con sus látigos, una fiesta ancestral, pero también un lugar marcado por la tragedia.

En 2011 integrantes de la banda de origen paramilitar “Los Rastrojos” llegaron a un barrio de Guapi y asesinaron a cinco personas, quienes fueron encontrados días después en fosas comunes.

Para Heidi, lo más peligroso en Colombia es “la guerra invisible”, la que está “incrustada en los comportamientos de corrupción, de la trampa, y el engaño”, sin olvidar “el narcotráfico”, que sigue siendo “un problema”, ahora “atomizado”.

No obstante, tras la firma de los acuerdos de paz con las Farc y el proceso de negociación con el Eln, “la esperanza en el cambio es enorme”, asegura Heidi.

Carlos Meneses Sánchez. EFE

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