He dedicado estos años, y especialmente este tiempo de campañas presidenciales, a recorrer puentes, calles, redes sociales y el transporte público compartiendo una convicción que hoy cobra más vigencia que nunca: Colombia no puede seguir por el camino que la ha llevado al retroceso, la incertidumbre y la desesperanza.
Advertimos lo que podía ocurrir y, lamentablemente, ocurrió. Hoy vemos a una Colombia que parece regresar a los peores momentos de comienzos de siglo. Más de 600 municipios sufren el dominio de estructuras criminales mientras el Gobierno les otorga privilegios y blindajes bajo la figura de “gestores de paz”. La autoridad se debilitó y los violentos se fortalecieron.
La crisis de la salud alcanzó niveles dramáticos. Lo advertí hace años cuando se vivió el desastre que Gustavo Petro dejó en la salud de Bogotá. Hoy miles de pacientes enfrentan barreras para acceder a medicamentos y tratamientos. Historias como la de Kevin, quien perdió la vida esperando la atención que necesitaba, o la de una mujer que falleció en un dispensario mientras gritaba por sus medicamentos, reflejan una tragedia nacional que no puede maquillarse con discursos.
La inseguridad también se salió de control. Mientras los ciudadanos pagan impuestos esperando protección, los recursos terminan siendo insuficientes para enfrentar a quienes han sembrado el miedo en las regiones. El país presencia cómo el crimen gana terreno mientras el Estado pierde capacidad de reacción.
Nos prometieron que este sería el gobierno de los jóvenes. Sin embargo, más de 200 mil estudiantes en el 2025 vieron frustrado su sueño de ingresar a la universidad debido a los recortes al Icetex. Les prometieron oportunidades y les entregaron incertidumbre.
También le dieron la espalda a quienes sueñan con una vivienda propia. Colombia necesita que regrese “Mi Casa Ya”. Los ciudadanos no quieren ver encapuchados bloqueando calles; quieren tener las llaves de su hogar, construir patrimonio y avanzar.
Duele ver a nuestras Fuerzas Militares y de Policía enfrentando enormes limitaciones de recursos, mantenimiento y respaldo institucional. Mientras arriesgan su vida por los colombianos, observan cómo se envían mensajes de “descapturar” como ocurrió con alias Calarcá entre otros.
Y qué decir del deporte, al que se le redujeron el 80% de los recursos mientras se abandonaban oportunidades para miles de jóvenes y el programa de Iván Cepeda promete legalizar la marihuana y los expendedores de frotan las manos.
Finalmente, me duele como colombiano y como amigo haber perdido a Miguel Uribe Turbay, uno de los líderes más preparados de su generación. Su ausencia representa una herida profunda para el país.
Colombia merece recuperar la seguridad, la confianza y el futuro. Después de estos años, la conclusión es clara: el experimento fracasó.
Votaré por Abelardo, pero en esencia reafirmo mi convicción: izquierda nunca más.
@josiasfiesco
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