Foto: ITM
La Institución Universitaria ITM, en alianza con la Universidad Estadual Paulista (Unesp) de Brasil, obtuvo un avance científico que promete cambiar las reglas de la construcción segura en el continente: un sistema modular de ladrillos antisísmicos fabricado con caucho natural y cenizas de bagazo de caña de azúcar. Esta tecnología, que cuenta con patente internacional en Brasil, se destaca por su capacidad para disipar energía y proteger las estructuras ante movimientos telúricos.
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Este tipo de ladrillo no solo resalta por su origen ecológico al reutilizar residuos industriales, sino por su desempeño técnico. Según los análisis, el material, que incorpora un porcentaje de ceniza de bagazo de caña de azúcar, demuestra una resistencia y una capacidad de recuperación mecánica competitiva frente a materiales tradicionales. Los estudios de simulación revelan que, aunque un módulo individual puede mostrar flexibilidad ante una carga, el conjunto del sistema garantiza una deformación mínima, proporcionando un equilibrio estructural superior durante un sismo.
“Este es un ladrillo diseñado para la absorción de cargas dinámicas y estáticas, desarrollado a partir de una mezcla de caucho natural y cenizas de bagazo de caña de azúcar. Al ajustar las proporciones de estos componentes, obtenemos piezas con distintos grados de flexibilidad o rigidez, según los requerimientos de carga. Es un producto con un enfoque estratégico para el sector de la construcción civil”, afirmó el docente e investigador del ITM, Giovanni Barrera.
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Este desarrollo se originó dentro de la Unesp, en el laboratorio de tecnología en cauchos y aplicaciones, en la ciudad de Presidente Prudente, en São Paulo (Brasil), donde junto con el investigador del ITM, se identificó una oportunidad para aprovechar las cenizas de las industrias azucareras, las cuales contienen cerca de un 84 % de sílice, dependiendo del origen del cultivo. Este componente, clave para la industria de los polímeros, fue direccionado para crear un material que, además de ser ligero y resistente a la tracción, posee propiedades resistentes al fuego, sumando una capa de seguridad vital para las viviendas.
El diseño es tan inteligente como su material. Basado en un modelo de conexión “cóncavo y convexo”, similar a las piezas de un famoso juego de bloques, este sistema modular facilita un montaje rápido y preciso. La versatilidad lo hace ideal para una amplia gama de aplicaciones, desde puentes peatonales, divisiones de locales y muros para reducir el ruido, hasta pisos protectores en centros deportivos y escuelas.
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“La gran ventaja de esta innovación es que permite intervenir estructuras ya construidas, por ejemplo, se podrían reemplazar secciones de los cimientos de las casas para mejorar su capacidad de resistir sismos. Esto representaría un gran avance para la seguridad de las viviendas en nuestra ciudad”, explicó el ingeniero civil y docente Carlos Roberto Arango Gutiérrez.
Con la obtención de esta patente, el ITM y la Unesp no solo entregan un producto, sino un modelo de transferencia de conocimiento y economía circular. Esta innovación demuestra que los residuos agrícolas pueden transformarse en tecnología de punta para salvar vidas, consolidando a Medellín y Antioquia como un referente global en ciencia aplicada y el desarrollo de materiales sostenibles para la infraestructura del siglo XXI.
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