Los hombres, como todos los seres humanos, tienen sus peculiaridades y defectos. Lloran y ríen, gruñen y se equivocan. El hombre es un niño y, a veces, un cascarrabias que puede sacar de quicio a la mujer más paciente del mundo. Pero si hay algo que realmente nos enfada a las mujeres es cuando, después de una bronca en la cocina, se van sin más a tumbarse al sofá y a navegar con el móvil.
Sin embargo hay otros «detallitos» que también logran molestarnos de ellos…
Te levantas por la mañana y quieres echarle un poco de leche al café. Cuál es tu sorpresa cuando, por mucho que vuelques la botella, no sale nada. Y te preguntas por qué: ¿por qué vuelve a meter la botella o el brick que ha terminado en la nevera cuando la bolsa del reciclaje está sólo a dos pasos?
Para nosotras es algo natural, cogemos un bote, lo abrimos y, después de usarlo, volvemos a cerrarlo. Y no nos entra en la cabeza que para algunos hombres no sea así. No es sólo que los alimentos que contienen se puedan estropear, además podría pasar que se vuelquen y se esparza el contenido por la mesa.
Cambia de canal cada dos segundos y te acaba sacando de tus casillas. Cuando por fin dejan una película, y se ponen a verla juntos, se queda dormido, ¡con lo emocionante que estaba! ¿Y ahora con quién la comentas?
¿Qué es eso? ¿Han tirado un petardo, se ha caído algo? No, es tu chico estornudando porque le picaba un poco la nariz. Tú, del susto, casi te caes de la silla y te preguntas si realmente es necesario estornudar a ese volumen de decibelios.
Se dice que las mujeres tienen mayor visión periférica y los hombres cilíndrica. Esto quiere decir que ellas pueden percibir más cosas de un sólo vistazo, mientras ellos ven mejor lo que está justo en su foco de visión, incluso a mucha distancia. Pero ésto no es excusa para que no puedan buscar cuando no lo vea en el primer vistazo, no le cuesta poner un poco más atención.
Sobreactuar cuando están enfermos
Los hombres son malos enfermos. Actúan como si estuviesen cercanos a la muerte cuando tienen un resfriado. Las primeras veces te preocupas de verdad, tu pareja no para de quejarse y lloriquear y, claro, tú piensas que le debe pasar algo grave.
Hasta que te das cuenta de que tiene un simple resfriado con un poco de fiebre. Tú, en el mismo estado, vas a trabajar y te encargas de la casa como si nada.
Fuente: enfemenino.com
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