Evita consumir lechuga en la noche: Puede producir pesadez
El momento de la cena es crítico a la hora de escoger lo que se come. Para muchos no hay término medio. Hay quienes encuentran en este instante el descanso de una jornada ajetreada, y la calma y la quietud les conduce a comer casi sin freno. Incluso, más que al mediodía. Luego vienen las molestias digestivas, la pesadez y los sueños interrumpidos, consecuencia de una cena demasiado contundente.
Otras personas hacen justo lo contrario: distintas razones, en particular el temor a ganar peso, les llevan a cenar poco, en ocasiones insuficiente, tan solo fruta o un yogur. Si bien no existen los alimentos “malos” o “prohibidos” en el contexto de una dieta saludable, algunas combinaciones alimentarias, o ciertos platos o alimentos no son los más indicados para tomar en la última hora del día. A lo largo de estas líneas se explica qué alimentos no conviene comer por la noche y cómo cenar liviano sin que sea insuficiente.
Algunas precauciones resultan bastante obvias y es habitual ponerlas en práctica por experiencia y sentido común. Hay platos, como los cocidos, ciertos guisos o frituras que, por su propia naturaleza, resultan tan contundentes, grasientos e indigestos que no se aconsejan para cenar. No es que esté ?prohibido? su consumo, sino que no es conveniente para la salud.
Sin embargo, no se tiene tanto conocimiento sobre otros alimentos con un perfil más saludable, pero cuya presencia en la cena no es la más aconsejable, al menos para ciertas personas.
Las ensaladas, las frutas, los yogures desnatados o los quesos frescos son alimentos ligeros por su propia naturaleza. Si el objetivo del plan de alimentación es cuidarse y vigilar las calorías de lo que se cena, estos alimentos deberían formar parte de una cena frugal, ligera, pero no deberían contemplarse como norma ni como plato único para conformar esta importante comida del día. Para muchas personas, cenar tan ligero no es necesario ni saludable.
Además se propone que “cenar liviano no ha de confundirse con comer poco”, ya que al quedarse con hambre es más fácil caer en la tentación de “picotear” después de cenar mientras se ve la tele. El problema de una cena demasiado escasa es que al poco de haber terminado, o en mitad de la noche, puede despertarse el apetito y sentir la necesidad de abrir el frigorífico o la despensa y comer “cualquier cosa” para calmar el hambre y “los ruidos del estómago” que despiertan o impiden dormir. Este desorden alimentario provoca justo lo contrario a lo que se pretende al cenar poco: altera el ritmo digestivo, interfiere con el proceso del sueño y se ingieren más calorías que si se hubiera previsto una cena en condiciones.
Para evitar este tipo de situaciones indeseables, el plan es prepararse cenas ligeras pero suficientes en cantidad y con una buena combinación nutricional como para favorecer la digestión y conducir a un sueño profundo y reparador.
Levantarse con dolor de cabeza o con falta de energía pese a haber dormido horas, puede responder a una situación de hipoglucemia, consecuencia de una cena demasiado ligera en la que escasean los hidratos de carbono o ni siquiera están presentes.
Con información de consumer.es
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