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Desde el nacimiento hasta la muerte, la mujer lucha en la India

Desde el vientre de la madre, en un país donde nacer niña puede ser un problema económico, hasta el final de la vida y la posibilidad del desamparo en la viudez, ser mujer en la india es una lucha contra estereotipos, cultura, educación y hasta la administración pública.

Los indios comenzaron la semana haciendo viral en internet un vídeo de dos niñas defendiéndose del supuesto hostigamiento de tres hombres en un autobús, en un caso que despertó la indignación en el país y refrendó que algunos en la India no se sienten ni conmovidos ni indignados pese a estar sentados a pocos centímetros de un abuso.

Esta semana también varias organizaciones revelaron las dificultades que atraviesan las mujeres y niñas en situaciones como la discapacidad o la pérdida del marido, y recordaron además el estigma que supone para ellas la simple consideración social -prohibida por ley pero ampliamente aceptada- de que la familia de la mujer debe pagar la dote en el matrimonio.

“Es el momento del cambio, pero hará falta una auténtica revolución social para acabar con una mentalidad patriarcal y machista”, declaró Sehja Singh, activista de la organización ActionAid, que trabaja por la igualdad de la mujer india.

ActionAid reveló esta semana que la India “pierde cada día” cerca de 7.000 niñas antes de los 6 años, algunas incluso asesinadas a poco de nacer, en una sociedad en la que ser hombre “es más”.

Singh advirtió de que la discriminación y la desigualdad de las mujeres están tan enquistadas en el gigante asiático que “antes de nacer ya estás condenada”, pues en la India existen prácticas como los abortos selectivos de niñas.

Estas prácticas conllevan “un tremendo problema, porque nacen solo 914 niñas por cada 1.000 niños, cuando lo natural es lo contrario”, lo que contribuye a una sociedad cada vez más “dominada por la masculinidad”, aseveró la activista.

La indefensión heredada en la infancia se convierte en un lastre de por vida del que no es fácil liberarse y menos si falla el apoyo institucional, como denuncia un informe presentado esta semana en Nueva Delhi por la organización no gubernamental Humans Right Watch (HRW).

Esta organización llamó al Gobierno a actuar y revisar la situación en todos los centros e instituciones de atención a discapacitados o enfermos mentales en el país alertando de que decenas de mujeres son abandonadas por sus familiares e incluso ingresadas por la fuerza en centros de salud mental, algunas de ellas sin tan siquiera padecer problemas psíquicos.

El gigante asiático apenas cuenta con 43 de estos centros pese a ser el segundo país más poblado del mundo, con unos 1.250 millones de habitantes, según este estudio, titulado “Tratadas peor que animales: Abusos contra mujeres y niñas con discapacidad psicosocial o intelectual en instituciones en India”.

Kriti Sharma, investigadora de HRW y autora del trabajo, aseguró que el estado de indefensión que acompaña a los enfermos mentales en un sistema que no les concede ninguna voz a la hora de convivir con su enfermedad o discapacidad se hace aún más patente con las mujeres y las niñas.

Muchas de ellas sufren abusos o son simplemente abandonadas por sus familiares, que llegan a dar hasta datos falsos en las instituciones para no ser localizados nunca más, condenando de facto a la supuesta enferma a un confinamiento sin límite de tiempo.

El desamparo también se acrecienta con la viudedad, como atestigua un informe presentado por Naciones Unidas también esta semana: “Empoderando a las viudas: un resumen sobre las políticas y programas de la India, Nepal y Sri Lanka”.

En la India, muchas mujeres que enviudan se convierten en parias, en signos de mal agüero que las condena a la indigencia e incluso son quemadas vivas acusadas de brujería.

Una ciudad del norte del país, Vrindavan, se ha convertido en refugio desesperado de estas mujeres y unas 15.000 viudas intentan sobrevivir cantando en los templos por unas pocas rupias o un puñado de arroz.

Naciones Unidas ha pedido a gobiernos como el indio que acaben con esta “ausencia de derechos”.

“No quiero más palabras, lo que quiero es acción”, declaró una de las participantes en el estudio, Mohini Giri. EFE



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