Resumen: Una habitante de un conjunto residencial agredió a un vigilante que se negó a abrir su maleta personal, tras acusarlo de presuntamente tomar cerveza en su turno. El propio celador grabó la agresión: la mujer le pegó en la cara, intentó quitarle el teléfono y admitió haberse abalanzado sobre él. No se conoce la ciudad ni la identidad de los involucrados, y el video genera debate nacional sobre el trato a los trabajadores de vigilancia.
Un video que circula en redes sociales registra el momento en que una habitante de un conjunto residencial agrede físicamente a un vigilante, después de que el trabajador se negara a dejar revisar sus objetos personales en una maleta, ante la acusación de que presuntamente estaba ingiriendo licor durante su turno. Según se escucha en la grabación, hecha por el propio celador con su teléfono celular, la mujer pierde el control, lo increpa y le habría provocado una lesión pequeña en la cara. El caso ya genera debate nacional.
En las imágenes se escucha al vigilante narrando lo que ocurre mientras la mujer lo señala de consumir licor en su turno. «Me está acusando de que yo estoy tomando cerveza. Me estaba comiendo mi almuerzo», señala el trabajador al inicio de la grabación, hecha en lo que parece ser la portería o recepción de la unidad residencial.

Foto: captura de pantalla
«Abra la maleta»: la exigencia que desató la agresión
Ante la acusación, la mujer le exige al celador que abra su equipaje para verificar si lleva una bebida alcohólica. Él se niega: «Porque es que es personal, es mía… Porque es mi maleta personal, usted no tiene derecho, está en el puesto mío», responde el vigilante, mientras asegura que se trata de «acusaciones falsas».
La discusión escala rápidamente. En medio del forcejeo, la mujer intenta arrebatarle el celular con el que graba. «Me está atacando físicamente, me va a dañar el teléfono. Me está atacando físicamente. Atacando el teléfono y diciendo que abra la maleta», relata el trabajador.
Segundos después se escucha la denuncia más grave: «Sí, me acaba de atacar, ahí se ve la evidencia, ahí se evidencia. Me acaba de pegar en la cara».
«Usted no se va a ir de su puesto de trabajo»
Tras la agresión, la mujer le ordena al celador permanecer en el lugar y anuncia que llamará a un superior: «No se va a mover del sitio de trabajo. Aquí se queda. Ya van a llamar a su coordinador».
En otro aparte del video, la mujer reconoce el contacto físico cuando el vigilante la confronta: «Ah, yo le tiré encima, yo le tiré encima», se le escucha decir.
El trabajador también deja ver que la tensión venía de antes: «Ayer la señora se acercó y me dijo que yo no les quería abrir a ustedes», cuenta, en referencia a discusiones previas por el control de acceso de la unidad.
En un momento de la grabación, el vigilante cuestiona la actitud de la mujer: «Se supone que la gente de dinero debería tener más educación que nosotros».
Dos versiones de lo sucedido
La grabación también muestra que no hay una sola versión de los hechos. Hacia el final, la mujer le relata a una tercera persona que habría sido ella la agredida por el celador. Además, en el video aparece un hombre que la acompaña; el vigilante asegura que esa persona lo había amenazado previamente con golpearlo, aunque el material difundido no permite establecer qué ocurrió antes de que empezara la grabación.
Tampoco es posible confirmar con las imágenes que el trabajador estuviera consumiendo alcohol durante su turno, como lo afirmaba la mujer.
Debate nacional por el trato a los vigilantes
La difusión del video abrió un intenso debate en las plataformas digitales. Buena parte de los comentarios rechaza la agresión contra el trabajador y cuestiona el trato que reciben a diario los celadores y guardias de seguridad en los conjuntos residenciales del país, donde con frecuencia enfrentan actitudes de intolerancia cuando exigen el cumplimiento de los reglamentos internos de convivencia y los protocolos de control de acceso.
Otros usuarios centraron sus dudas en la negativa del vigilante a mostrar su equipaje y se preguntaron por el motivo que originó la discusión, por lo que el caso también reavivó la conversación sobre los límites de los procedimientos de seguridad en las copropiedades.
Hasta el momento no se conoce la ciudad donde ocurrieron los hechos, ni la identidad de la mujer o del trabajador, y no hay información pública sobre denuncias formales ante las autoridades por lo sucedido.
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