Como Caperucita Roja y el Lobo Feroz

En Colombia estamos viviendo como en el cuento de Caperucita Roja y el Lobo Feroz (la inolvidable narración europea de transmisión oral, difundida inicialmente por Charles Perrault y más tarde por los inolvidables hermanos Grimm). Sabemos que anda un lobo feroz por todas partes, y sin embargo, hoy salimos inermes, como Caperucita, llevando el cesto de dulces a la abuelita.

Todos los días escuchamos, leemos o vemos en los medios, un titular aterrador, que dice: “Colombia bate récord de fallecidos por coronavirus con nuevas víctimas mortales…”. Este Lobo Feroz sigue matando Caperucitas en el bosque (de la calle, los almacenes, los espacios públicos) y hasta en la propia casa. Los gritos, antes nítidos y con tono de desespero ordenaban cerrar bien la puerta, porque andaba suelto un Lobo Feroz. Pero resulta que ahora han cesado los gritos, las puertas se han abierto y millones de Caperucitas andan por el bosque al alcance de las garras del Lobo.
Un titular internacional de prensa de este mes de junio, dice: “Coronavirus hoy: Colombia bate récord de muertes por segundo día ++. El país sudamericano registró 465 fallecimientos en la última jornada, la cifra más alta desde el inicio de la pandemia”.

Hoy, desde la mirada de los profesionales de la salud, es incomprensible la apertura total de la vida social y laboral; hoy es comprensible desde la economía una apertura definitiva y total de la economía. Un nefasto oxímoron (salud vs economía) parece que engorda al Lobo Feroz (al virus) y hace de los colombianos (de caperucita) carne fresca a la mano y por cantidades no pensadas, a las fauces del Lobo (de la pandemia). El titular noticioso nos habla que el día de hoy fue peor en muertes que el día de ayer, y como momento crítico de la película de terror, las camas UCI, en toda Colombia, registran ocupación del 98% y más.

Lo habíamos advertido en otras columnas (https://www.minuto30.com/enfrentar-covid-tarea-todos/1227958/) publicadas en este mismo medio: … la pandemia está desbordando toda capacidad hospitalaria, al igual que el esfuerzo profesional y humano de nuestro sector salud. Pero también habíamos alertado a tiempo: la indisciplina social, rebasa cualquier esfuerzo oficial por controlar al covid, y ello obliga a que las autoridades municipales, departamentales y nacionales, tomen medidas de control (no sólo restrictivas: el decreto sólo, no basta; porque no estamos en Dinamarca, Noruega, Suecia o Nueva Zelanda). Ya habíamos advertido que causa horror el ver la aglomeración tan espantosa en el Metro de Medellín, en las calles de la ciudad, en los barrios y en muchos de nuestros municipios, donde los “turistas” se creen dueños y arman francachelas sin control alguno. Las llamadas fiestas clandestinas, regadas en toda Colombia, son otro foco delicado de infección y muestra de la ignorancia más infame, lamentable y crasa.

Sobre nuestro personal médico, habíamos expresado: Parece ser que a esta hora de la pandemia, con indicadores desastrosos y en su peor circunstancia en 10 meses, el asunto no ha variado sustancialmente y nuestros médicos siguen ofrendando su vida. Y, lo más doloroso, siguen siendo ¡héroes con trato de villanos!

Definitivamente, don dinero le ganó a la vida. Y no obstante la incapacidad de la red hospitalaria, dimos salida a Caperucita para que transite libremente por un bosque infectado de Lobos. Sólo nos queda extremar medidas, porque la abuelita (el hambre) necesita la visita de Caperucita.
Si es la hora de la reactivación económica (y eso lo entendemos desde la economía, no desde las salud), es necesario que alertemos sobre la presencia del Lobo, un Lobo más feroz que nunca.

Lo lamentable es el relajamiento que ya se observa en Caperucita (en la gente); en el comercio (en el bosque), se ven muchos establecimientos sin las exigencias mínimas de bioseguridad y aunque llegó la vacuna, se sabe que una dosis no es suficiente. Necesitamos de la reactivación económica, pero también necesitamos campañas más fuertes, más contundentes y efectivas que las garras del Lobo agazapado, donde se le exija a Caperucita salir al bosque con tapabocas, con asepsia de manos y con alcohol o gel, cosa que ahuyente al lobo de manera efectiva.

Al lobo lo vencemos todos: no veo campañas fuertes de autocuidado en los medios, en los espacios gubernamentales, culturales, educativos y sociales, que permitan crear una cultura personal y social para protegernos de tan maligno Lobo.

Proteger la vida debe ser la consigna, a la par que proteger la economía.

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