El Deportivo Independiente Medellín se impuso 2-1 al Jaguares. Punto. Se tenía que ganar y se logró. Frente a un rival que pelea el descenso, el resultado era obligatorio. Pero si algo quedó claro una vez más es que el partido se pudo haber complicado mucho más de lo debido. Y la razón es la misma de siempre: la defensa del ‘Medallo’ sigue siendo demasiado permeable.
Los rivales no necesitan inventar nada extraordinario. Con movimientos simples, centros a la espalda o pelotas en profundidad, encuentran espacios con una facilidad que ya no puede seguir pasando desapercibida. Los goles en contra no son solo producto de la fortuna adversaria; muchas veces nacen de errores propios, de desajustes, de falta de contundencia y de una línea defensiva que no genera la seguridad que un equipo con pretensiones serias para alcanzar el título.
Es momento de ser claros. La dupla de centrales a mi juicio debe ser Mantilla con ‘La Pantera’ Simarra. Ambos tienen características complementarias: uno aporta anticipación y salida, el otro contundencia y garra. Y por el costado, Hayen Palacios debe ser el lateral de confianza. No se trata de nombres por capricho, sino de buscar una estructura que deje de regalar oportunidades. El ‘Rey de Corazones’ no puede seguir siendo un equipo que convierte y luego se pone a temblar cada vez que el rival avanza.
En el mediocampo también hay decisiones pendientes. El calidoso Martegani debe jugar más adelantado de lo que lo hace habitualmente. Ponerlo al lado de Didier Moreno lo limita. La dupla de contención tiene que ser Loboa junto a Moreno. Esa pareja le da equilibrio y fuerza al centro del campo, y libera al argentino para que se ubique más cerca de Quintero o, en el caso del próximo partido, de Cataño. Martegani con libertad es otra cosa: más presencia ofensiva, más llegada y más capacidad de asociarse en zona de definición.
Arriba, Jeison Medina ha demostrado ser un buen pivote. Sabe de espaldas, fija marcadores y genera espacios. Y Klinger no puede desaparecer de la rotación. Tiene condiciones, desborde y personalidad. Hay que tenerlo siempre presente, no solo como recurso de refresco.
Ahora viene lo difícil. Se acercan partidos contra rivales de peso. El primero es Junior, un equipo que ocupa las últimas posiciones y que llega herido. Justamente por eso es peligroso. El ‘currambero’ necesitado es capaz de cualquier cosa, y el Medellín de Amaranto no puede permitirle el resurgir. Este es el tipo de partidos donde un estratega se mide de verdad. No basta con ganar a los que pelean abajo. Hay que demostrar solidez, orden y capacidad de adaptación cuando el rival también pelea y tiene jerarquía.
Amaranto tiene el plantel y tiene la responsabilidad. La victoria ante Jaguares era el mínimo exigido. Ahora toca subir el nivel defensivo, ordenar las piezas y demostrar que este equipo puede competir de verdad cuando la exigencia aumenta. Porque ganar cuando se tiene que ganar está bien. Pero hacerlo con convicción y sin sustos es lo que diferencia a un equipo aspirante de uno que solo sobrevive.
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