Corría un marzo de hace dos años. Bajamos pronto al sótano tras hojear algunos libros y pedirnos un vino, buscando coger un par de sillas con buenas vistas al escenario tras las primeras filas. El recinto estaba a media luz, mi perro juiciosamente dormido sobre el regazo de mi novia y todos los demás expectantes ante la inminente entrada de Gueorgui Gospodínov por la puerta. Finalmente, el ganador del Booker Internacional de 2023 y la carta más fuerte de Bulgaria para hacerse con el Nobel de Literatura bajó por las escaleras, se ubicó en su puesto y nos deleitó durante una hora con la meliflua nostalgia grisácea de Europa del Este. Fue una velada absolutamente mágica, como tantas otras organizadas por la librería “Tipos Infames”, y que tristemente ya nunca volverán.
La noticia tomó a Madrid completamente a contrapié, pues se confirmó el miércoles con nocturnidad y alevosía, como llegan siempre los malos presagios. Una de las librerías más importantes de la ciudad, tras 15 exitosos años de encuentros culturales de inmenso calibre e invitados de altísimo nivel, echará el cierre a mediados de febrero para no volver a abrir jamás. ¿La razón? La cada vez más acelerada gentrificación de la capital, que con el aumento meteórico del precio del metro cuadrado en el barrio de Malasaña se ha cobrado en esta ocasión una víctima literaria. Aquel cuadrante, antaño bohemio y taciturno, hoy está lleno de tiendas de baratijas para suvenires, cafeterías de especialidad con té matcha a ocho euros y boutiques de ropa alternativa dirigidas a turistas acomodados.
Cada que una librería cierra se muere un pedazo del capital cultural de cualquier sociedad, pero lo sucedido con “Tipos Infames” es de tal magnitud que ha trascendido al plano político y económico en España durante el fin de semana. El problema no sólo radica en que nadie lo viera venir, tratándose de uno de los espacios literarios más codiciados por las editoriales para presentar sus lanzamientos era impensable para cualquiera hasta hace nada, sino que es un augurio nefasto para las demás librerías independientes y, en general, para todos los negocios locales que empiezan a verse asfixiados por el comercio estructurado alrededor de la marea de turistas que visitan la península. Cifra que para 2026 se espera que supere los 20 millones en Madrid y rompa el techo de los 100 millones a nivel nacional.
Por el momento, sólo nos queda agendar un último paseo a “Tipos Infames” mientras esperamos un milagro literario, como el que relatamos hace algunos años con la tradicional librería “Pérgamo” en el barrio de Salamanca. Una hermosa historia de resurrección, pues estando ya al borde del abismo y con el letrero de liquidación colgando de la puerta, vimos a los dioses de la tinta descendiendo de los cielos con sus corceles alados trayendo la inyección de capital que necesitaban para insuflarle vida de nuevo. Un Lázaro en toda regla que nos deja un rayito de esperanza en que, a lo mejor y con algo de suerte, no estamos aún ante el fin de la infamia.
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