Opinión

¡Bogotá 500 años: la ciudad que debemos empezar a construir hoy!

Bogotá, no puede esperar hasta el 6 de agosto de 2038, para preguntarse qué ciudad quiere ser cuando cumpla 500 años. Una fecha histórica de esta magnitud debe convertirse en mucho más que una celebración: debe ser la oportunidad para construir, desde ahora, una visión de una ciudad moderna, innovadora, segura, competitiva, sostenible y conectada con su región.

Por eso, resulta especialmente importante el proyecto de ley “BOGOTÁ 500 AÑOS”, recientemente radicado ante la Cámara de Representantes,  por el representante JOSE JAIME USCATEGUI PASTRANA, con el apoyo de otros representantes y el senador ANDRES FORERO del Centro Democrático, iniciativa que busca establecer una hoja de ruta para preparar a la capital hacia su quinto centenario. El proyecto plantea una mayor articulación entre la Nación, el Distrito y Cundinamarca, así como la creación de una Comisión Nacional de Coordinación Bogotá 500 Años y una Agenda Estratégica Bogotá 2038.

Y hay algo fundamental: BOGOTÁ NO SE TRANSFORMA CON DISCURSOS, SINO CON OBRAS, PLANEACIÓN Y DECISIONES DE LARGO PLAZO.

Durante décadas, hemos hablado de los grandes problemas de la capital: los trancones interminables, un sistema de transporte que debe seguir creciendo y facilitando la movilidad de los ciudadanos y visitantes, la necesidad de integrar a Bogotá con los municipios vecinos, la recuperación del río Bogotá, la protección de nuestros ecosistemas, la falta de espacio público de calidad y las enormes diferencias sociales que todavía existen entre unas zonas y otras de la ciudad.

Llegar a los 500 años exige empezar a resolver esos problemas desde hoy, por ejemplo  el tema de la infraestructura debe ocupar un lugar central en esta visión. Bogotá necesita consolidar una verdadera red de movilidad multimodal que integre Metro, TransMilenio, sistemas férreos, transporte regional, vías, ciclorrutas y espacio público. Pero no podemos pensar solamente en mover vehículos: debemos pensar en conectar personas, oportunidades, empleo, educación y calidad de vida.

El futuro de Bogotá, tampoco puede diseñarse de espaldas a Cundinamarca. Millones de personas viven, trabajan, estudian o se movilizan diariamente entre la capital y los municipios de la región. Bogotá necesita dejar de entenderse como una ciudad aislada y comenzar a consolidarse como el corazón de una verdadera región metropolitana, con proyectos compartidos de movilidad, servicios públicos, seguridad, ambiente, vivienda, infraestructura y competitividad.

El proyecto de ley precisamente plantea mecanismos de coordinación entre las diferentes entidades territoriales y nacionales para impulsar proyectos estratégicos de interés nacional y regional. Esa articulación, es indispensable si queremos que las grandes obras de infraestructura, trasciendan los ciclos políticos y tengan continuidad en el tiempo. Pero una Bogotá de 500 años, no puede ser únicamente una Bogotá de concreto.

También debe ser una ciudad que proteja sus recursos naturales, el medio ambiente, la biodiversidad existente. El río Bogotá debe convertirse definitivamente en un símbolo de recuperación ambiental y no en el recuerdo de décadas de abandono. El páramo de Sumapaz, debe ser protegido como uno de los grandes tesoros ambientales de nuestra región. Y el desarrollo urbano debe avanzar de la mano de la sostenibilidad aunado con la seguridad ciudadana.

Necesitamos una ciudad que pueda crecer sin destruir aquello que la hace habitable.

También debemos hablar de seguridad. No existe verdadera calidad de vida cuando los ciudadanos sienten miedo de caminar por sus barrios, utilizar el transporte público o regresar a sus hogares. La Bogotá de 2038, debe ser una ciudad con tecnología, inteligencia, autoridad, prevención y justicia efectiva; una ciudad donde recuperar el espacio público signifique también recuperar la tranquilidad de sus habitantes.

La educación, debe ser otro de los pilares. Una capital que aspire a ser referente internacional necesita colegios y universidades de calidad, formación técnica y tecnológica, bilingüismo, innovación y ciencia, cultura y oportunidades reales para sus jóvenes. La mejor infraestructura, no sirve de mucho si no está acompañada de capital humano capaz de aprovecharla.

Por eso, el verdadero desafío del proyecto Bogotá 500 Años, será lograr que esta visión sobreviva a los gobiernos de turno. Una ciudad no puede reinventarse cada cuatro años. Los grandes proyectos necesitan continuidad, financiación, transparencia, indicadores y rendición de cuentas.

La iniciativa contempla precisamente mecanismos de coordinación, seguimiento y financiación, con posibilidades de concurrencia de recursos nacionales, distritales, cooperación internacional, aportes privados y otras fuentes, siempre dentro de las competencias y disponibilidades presupuestales correspondientes.

Y aquí aparece un elemento que considero particularmente valioso: la iniciativa nació con participación de representantes de diferentes sectores políticos. Dieciocho congresistas de la circunscripción de Bogotá, respaldaron su radicación, provenientes de distintas bancadas. En tiempos de tanta polarización, que exista la posibilidad de construir acuerdos alrededor del futuro de la ciudad es una señal que debemos valorar.

Porque Bogotá debe estar por encima de los intereses partidistas.

Los 500 años no pertenecen a un alcalde, a un gobierno, a un partido político ni a un Congreso. Pertenecen a todos los bogotanos.

Por eso debemos atrevernos a pensar en grande. ¿Cómo queremos que sea Bogotá en 2038? ¿Una ciudad congestionada y fragmentada, o una capital conectada con su región? ¿Una ciudad que continúa reaccionando a los problemas, o una ciudad que los anticipa? ¿Una capital que improvisa sus grandes obras, o una que las planifica durante décadas?

Tenemos doce años para responder esas preguntas y, sobre todo, para actuar.

Bogotá 500 Años debe convertirse en una política de Estado para la capital. Una política que permita construir infraestructura estratégica, mejorar la movilidad, recuperar el río Bogotá, proteger nuestros ecosistemas, fortalecer la seguridad, cerrar brechas sociales, impulsar la educación y convertir a la ciudad en un verdadero centro de innovación, inversión, cultura y oportunidades.

Cumplir 500 años, debe significar mirar con orgullo nuestro pasado, pero también asumir con responsabilidad nuestro futuro.

Bogotá no necesita solamente una gran celebración en 2038.

Necesita llegar a sus 500 años, siendo una ciudad mucho mejor que la que tenemos hoy.

Ese es el verdadero homenaje que podemos hacerle a nuestra capital: no una fiesta de un día, sino doce años de trabajo, planeación, inversión, transparencia y visión de futuro.

¡Bogotá se construye desde hoy. Bogotá 500 años debe ser el comienzo de la ciudad que soñamos, hermosa, competitiva, innovadora, sostenible y segura para todos!.

Por: Jennifer Gallón Martínez

Abogada, Defensora de Derechos Humanos y columnista.

Publicado por:
Minuto30.com

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