Resumen: Una Catrina de más de 32 metros de altura fue instalada en el Zócalo de Ciudad de México como pieza central de la Megaofrenda de Día de Muertos 2026, en homenaje a José Guadalupe Posada. La estructura, elaborada por el Taller de Arte Xibalbá con la Secretaría de Cultura capitalina, busca el récord Guinness como la Catrina más alta del mundo, marca que hoy tiene Puerto Vallarta con 28,15 metros. Estará abierta al público con entrada libre del 30 de octubre al 2 de noviembre.
Una Catrina gigante de más de 32 metros de altura se levanta en pleno corazón de la Ciudad de México y se ha convertido en la atracción que acapara las miradas de locales y turistas. La monumental figura, visible desde la calle de Madero hacia el Zócalo capitalino, hace parte de la Megaofrenda de Día de Muertos 2026 y su imagen ya circula en redes sociales, donde sorprende por sus dimensiones y su colorido.
La escultura rinde homenaje a José Guadalupe Posada, el grabador mexicano creador de la Calavera Garbancera, la figura que con el tiempo se popularizó como La Catrina y se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos de la cultura popular de México. La pieza es el elemento central de la Ofrenda Monumental que el Gobierno capitalino instala cada año en la Plaza de la Constitución para celebrar la tradicional festividad.
Con sus más de 32 metros, la estructura busca romper el récord Guinness como la Catrina más alta del mundo. La marca que pretende superar pertenece a Puerto Vallarta, en el estado de Jalisco, donde en 2023 se levantó una Catrina de 28,15 metros de altura. La validación oficial de Guinness World Records aún está pendiente, por lo que la capital mexicana deberá esperar la medición que confirme si consigue el reconocimiento.

Foto: @elgiomx (Threads)
Detrás de la obra está el Taller de Arte Xibalbá, dirigido por Carlos Báez, en coordinación con la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México. El trabajo comenzó en febrero, cuando el colectivo recibió la propuesta de construir una pieza de esas características, y ha reunido a entre 140 y 150 personas en tareas de logística, producción, soldadura, escultura, muralismo, instalación eléctrica y trabajo con fibra de vidrio.
El reto no fue menor. Al tratarse de una instalación temporal, la estructura no puede anclarse al piso del Zócalo ni contar con una cimentación permanente, por lo que la estabilidad, el montaje y el posterior retiro tuvieron que planearse desde el anteproyecto. La pieza combina una estructura de acero con elementos escultóricos de fibra de vidrio que suman más de 100 toneladas de peso. Para dar forma a algunas de sus partes, como el cráneo, el equipo modeló primero en unicel y aplicó técnicas de cartonería adaptadas a las dimensiones de la obra.
Uno de los elementos más llamativos es el vestido, de unos 27 metros de longitud, confeccionado por partes con cerca de 3.500 metros lineales de tela. Su diseño recupera referencias del arte textil mexicano, con inspiración en los bordados de Tenango y motivos de flores y colibríes que se integran con la iluminación. Además, los huesos de la figura llevan luz interior, de modo que la Catrina cambia de aspecto al caer la noche gracias a su sistema de iluminación LED.
La instalación no está sola. La Ofrenda Monumental que la acompaña reúne alrededor de 70 mil plantas de cempasúchil cultivadas por productores del suelo de conservación de la Ciudad de México, tapetes de aserrín, iluminación temática y esculturas intervenidas por artistas como parte de la exposición “Ajolotes en el corazón”.
Para Báez, levantar una obra de estas dimensiones en el Zócalo es, sobre todo, una gran responsabilidad. Se trata de la sexta ocasión en que participa en una ofrenda instalada en la plaza, un espacio que describe como único y que exige un trabajo logístico y operativo muy demandante para garantizar que la estructura sea segura y el público pueda disfrutarla con tranquilidad.
Quienes quieran verla de cerca tienen una cita: la Catrina monumental estará abierta al público con entrada libre del 30 de octubre al 2 de noviembre en el Zócalo de la Ciudad de México, frente a la Catedral Metropolitana. La celebración de Día de Muertos, reconocida por la Unesco como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, vive así una de sus ediciones más ambiciosas en la capital mexicana, con una figura que ya es protagonista de la temporada y que aspira a quedarse con un título mundial.
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