Resumen: El Área Metropolitana del Valle de Aburrá y el CAVR de la Universidad CES mostraron el caso de un cusumbo que recibió atención por baja condición corporal, sarro dental y signos de mastitis. El mensaje recuerda que los animales silvestres necesitan vivir en su hábitat y no deben convertirse en mascotas.
El Área Metropolitana del Valle de Aburrá lanzó este viernes un llamado a la ciudadanía para que los animales silvestres dejen de ser vistos como mascotas. A través de un video difundido en sus redes sociales, junto al Centro de Atención, Valoración y Rehabilitación de Fauna Silvestre (CAVR) de la Universidad CES, la autoridad ambiental mostró el caso de un cusumbo que hoy se recupera después de vivir lejos de su hábitat.
«Un cusumbo no necesita una casa, una jaula ni el cuidado de quienes lo quieren convertir en «mascota». Necesita recorrer el bosque, buscar su alimento, relacionarse con otros individuos y cumplir su papel en la naturaleza», señaló la entidad en el mensaje que acompaña la grabación.

Captura de video: Área Metropolitana
En las imágenes se ve al ejemplar dentro de un contenedor, sobre unas cobijas, y después durante la atención veterinaria que recibió. De acuerdo con lo mostrado, el animal llegó al centro de atención con baja condición corporal; los veterinarios le encontraron acumulación de sarro dental, que puede afectar las encías y la salud oral, y signos de mastitis, con acumulación de leche que podría estar relacionada con esa condición.
El cusumbo recibió tratamiento, que incluyó procedimientos para fortalecer el drenaje de la leche acumulada, así como atención para recuperar su condición corporal, y en este momento avanza en su proceso de rehabilitación, orientado a que vuelva a estar en óptimas condiciones físicas. El video cierra con una frase que resume el llamado de las autoridades: esta especie «no está hecha para vivir en cautiverio».

Captura de video: Área Metropolitana
Un animal silvestre, no una mascota
El cusumbo, también conocido como coatí, es un mamífero omnívoro de la familia de los prociónidos, la misma de los mapaches. Es de hábitos diurnos, trepa con agilidad a los árboles y cumple un papel importante en los bosques, pues dispersa semillas y se alimenta de frutas, insectos y pequeños animales. Mientras los machos adultos suelen ser solitarios, las hembras y las crías se mueven en grupos que recorren a diario su territorio, con la cola levantada, en busca de comida entre la hojarasca.
El CAVR, liderado por el Área Metropolitana del Valle de Aburrá y la Universidad CES, es el centro donde se reciben los animales silvestres de la región para valorarlos, tratarlos y rehabilitarlos, con el fin de que puedan regresar a su hábitat natural. Allí llegan ejemplares entregados voluntariamente por la comunidad, hallados en zonas públicas o retirados de situaciones de tenencia irregular, y reciben atención de profesionales de veterinaria, biología y zootecnia.
Los expertos advierten que cuando un animal silvestre crece en cautiverio se acostumbra a la presencia de las personas, un proceso conocido como impronta que dificulta su regreso a la naturaleza. Por eso la rehabilitación incluye estímulos y entrenamiento para que el ejemplar recupere sus comportamientos naturales, aprenda a conseguir su alimento y evite el contacto con los seres humanos, condiciones necesarias para que una eventual liberación sea exitosa.
De acuerdo con la autoridad ambiental, durante 2026 más de 4.000 animales han sido reintroducidos o reubicados en el Valle de Aburrá, tras completar sus procesos de recuperación. Apenas en octubre pasado, 57 animales silvestres, entre zarigüeyas, aves e iguanas, fueron liberados en una jornada realizada en el Campus Vivo de la Universidad de Medellín.
Las autoridades recuerdan que tener fauna silvestre en casa, además de poner en riesgo la salud y la vida del animal, es una práctica ilegal. Quien encuentre un ejemplar en condición de vulnerabilidad, o tenga uno bajo su cuidado, puede entregarlo de manera voluntaria a la autoridad ambiental, para que reciba atención especializada y tenga la oportunidad de volver al bosque, que es su verdadero hogar. El llamado insiste en respetar sus necesidades naturales, sin convertir la cercanía o la apariencia del animal en una razón para mantenerlo encerrado en una vivienda.
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