Resumen: El Hospital Infantil San Vicente Fundación realizó en Medellín su primer trasplante hepático pediátrico con donante vivo: Johansel, de 20 meses y con síndrome de Alagille, recibió un fragmento del hígado de su mamá Yurleydi en una cirugía de 16 horas con cerca de 50 profesionales. Ambos evolucionan favorablemente y la donante recuperará la mayor parte de su masa hepática en un año.
Una historia que llena de esperanza a Colombia se escribió en Medellín. El Hospital Infantil San Vicente Fundación logró su primer trasplante hepático pediátrico con donante vivo, un procedimiento de altísima complejidad que le devolvió la posibilidad de vida a Johansel, un niño de apenas 20 meses de edad que llegó desde Quibdó, en el Chocó.
El pequeño padece el síndrome de Alagille, una condición genética caracterizada por la escasez de conductos biliares, lo que provoca la acumulación de bilis y un daño progresivo del hígado. Ante el deterioro de su función hepática, el cuerpo médico del hospital gestionó con celeridad los estudios para que su madre, Yurleydi, fuera evaluada como donante voluntaria.
El reto era enorme: Johansel pesaba solo ocho kilos y necesitaba una porción muy diminuta de hígado. Por eso, los especialistas recurrieron a tecnología de reconstrucción tridimensional para evaluar a su mamá y calcular con precisión exacta el tamaño del fragmento que le daría vida al niño, garantizando que fuera perfecto para su cuerpo y suficiente para su recuperación.
Como la familia es oriunda del Chocó, la articulación con su EPS permitió contar con alojamiento en albergues y apoyo durante su estadía en Medellín, un detalle clave para que madre e hijo tuvieran todo el respaldo en el proceso.
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Una cirugía de 16 horas continuas
La jornada quirúrgica tomó cerca de 16 horas continuas y contó con la participación de un equipo multidisciplinario de alrededor de 50 profesionales. Todo comenzó a las seis de la mañana con la extracción del segmento hepático a la mamá, un procedimiento que duró seis horas; después, el equipo médico siguió con la implantación del fragmento en el niño durante ocho horas más.
Según explicó el Hospital Infantil San Vicente Fundación, este tipo de intervenciones exige la más alta complejidad técnica, logística, científica y humana, y requiere la participación de especialistas en cardiología, nefrología e infectología, además del acompañamiento de psiquiatría y trabajo social.
La recuperación de ambos fue satisfactoria. Yurleydi recibió el alta hospitalaria al sexto día y asumió de forma progresiva el cuidado de su hijo, quien, tras salir de la institución, evoluciona favorablemente en sus controles periódicos.
Cuatro años de preparación
Este logro no fue casualidad. El hospital lleva cuatro años preparándose para este tipo de procedimientos: fortaleció las capacidades de su equipo médico con procesos de formación e intercambio con centros de referencia internacional, adquirió instrumental quirúrgico especializado, incorporó software de imágenes para la reconstrucción tridimensional de órganos y desarrolló los protocolos médicos y administrativos necesarios para estas intervenciones.
El trasplante hepático con donante vivo consiste en extraer quirúrgicamente un fragmento del hígado de un adulto sano compatible con el receptor, quienes deben guardar un vínculo de hasta tercer grado de consanguinidad. Es posible gracias a la capacidad de regeneración del tejido hepático: los estudios registran que a los tres meses de la cirugía el hígado del donante recupera aproximadamente el 80 % de su masa original y alcanza cerca del 90 % al cumplirse el primer año, mientras los indicadores de la función hepática suelen retornar a niveles cercanos a la normalidad en ese mismo lapso.
Desde la institución resaltaron que esta alternativa permite reducir los tiempos de espera y ampliar las oportunidades de vida de los niños con enfermedades hepáticas graves, ante la limitada disponibilidad de órganos para trasplante en Colombia.
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Las señales de alerta a las que hay que estar atentos
La doctora María del Pilar Gómez Navas, gastroenteróloga pediatra y líder del programa de trasplante hepático del Hospital Infantil San Vicente Fundación, hizo un llamado a identificar las señales tempranas de alerta en la infancia.
«Es fundamental que la población y el personal médico sepan que no es normal que un recién nacido continúe con coloración amarilla en la piel u ojos después de la segunda semana de vida, ni que presente orina muy oscura o deposiciones muy claras de color crema o blanco», señaló la especialista.
Entre las principales enfermedades en pediatría que son indicación de trasplante hepático, la primera y más relevante es la atresia biliar, caracterizada por la destrucción o fibrosis progresiva de los conductos biliares desde el periodo neonatal. También existen patologías genéticas como la enfermedad de Wilson o las colestasis intrahepáticas, condiciones autoinmunes en adolescentes e incluso fallas hepáticas agudas causadas por intoxicación accidental con medicamentos como el acetaminofén.
El caso de Johansel se suma a los avances médicos que ponen a Medellín en la vitrina nacional y, sobre todo, deja un mensaje de esperanza: con donación, ciencia y trabajo en equipo, la vida de los más pequeños puede tener una segunda oportunidad.
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