Resumen: Kaká ingresó oficialmente al Salón de la Fama del AC Milan en una ceremonia en San Siro antes del derbi contra el Inter. El brasileño, elegido por los hinchas como uno de los tres mejores volantes de la historia del club, se emocionó hasta las lágrimas con la ovación de más de 77.000 aficionados.
Ricardo Kaká vivió una noche que quedará grabada para siempre en la memoria del fútbol italiano. Este sábado 31 de octubre, el brasileño ingresó oficialmente al Salón de la Fama del AC Milan, en una emotiva ceremonia que se cumplió en el campo de San Siro antes del pitazo inicial del derbi contra el Inter, y no pudo contener las lágrimas cuando los más de 77.000 hinchas rossoneri se pusieron de pie para ovacionarlo.
El tributo fue de esos que erizan la piel. Apenas el exvolante pisó el césped del Giuseppe Meazza, las cuatro tribunas del estadio entonaron el viejo coro que lo acompañó en sus años dorados: «Vinimos hasta aquí para ver marcar a Kaká». Ante semejante muestra de cariño, el campeón del mundo con Brasil en 2002 se quebró y se mostró visiblemente emocionado, con los ojos aguados, mientras devolvía aplausos a una afición que nunca dejó de quererlo.
El encargado de entregarle el reconocimiento fue Daniele Massaro, embajador de la institución milanista, quien le hizo entrega de un trofeo exclusivo fabricado por Tiffany & Co., la casa de joyería oficial del Salón de la Fama rossonero. Se trató de un detalle con un significado especial: fue la primera vez que la célebre marca elaboró un trofeo para un evento deportivo italiano.
«Es muy difícil explicar con palabras las emociones que siento aquí en San Siro con los hinchas milanistas. Es una jornada especial para mí», declaró Kaká a los micrófonos de DAZN, todavía conmovido, minutos antes del inicio del partido.
Un reconocimiento votado por los hinchas
El ingreso de Kaká al Salón de la Fama no fue una decisión de escritorio. En abril pasado, los aficionados del Milan lo eligieron en una votación mundial como uno de los tres mejores volantes en la historia del club, junto al italiano Carlo Ancelotti y al neerlandés Ruud Gullit, con quienes conformó la «Clase de 2026» en la categoría de mediocampistas.
El Salón de la Fama, presentado por Emirates, nació como parte de las celebraciones por los 125 años del club y busca honrar a quienes construyeron su legado. El primer miembro honorario fue el legendario defensor Franco Baresi, mientras que en la categoría de delanteros ya habían sido exaltados Filippo Inzaghi, Andriy Shevchenko y Marco van Basten. En los próximos años se sumarán porteros y defensores que hayan dejado huella.
Gullit recibió su trofeo el pasado 26 de abril, antes del partido contra la Juventus, y ahora le llegó el turno al brasileño, en una noche redonda: con el estadio a reventar —las autoridades incluso levantaron las restricciones del tercer anillo— y en la previa del partido más importante de la temporada en la Serie A.
Las palabras de Kaká
Antes de la ceremonia, el brasileño habló con Sky Sport y reveló que la víspera compartió una cena con Gerry Cardinale, dueño del club: «Hizo un discurso muy bonito sobre el proyecto de este Milan. Todos los milanistas tenemos mucha confianza en que el equipo vuelva a ser protagonista en Italia y en Europa. A nosotros nos sirvió un plantel fuerte con grandísimos jugadores; no bastan los buenos futbolistas, hay que lograr convertirse en equipo, como nos pasó a nosotros».
También dejó un guiño para Christian Pulisic, figura del Milan actual: «Cuando veo a Pulisic pienso en esa canción, ‘No es brasileño, pero…’ (el coro que los hinchas le cantaban a Shevchenko), y creo que también serviría para él. Me gusta ver brasileños en los clubes top; me encantaría volver a verlos en el Milan».
Horas antes, en un video publicado por el club, Kaká había dedicado una carta de amor al derbi y a los hinchas: «Queridos milanisti: el derbi siempre tendrá un lugar especial en mi corazón y marcar mi primer gol fue una emoción realmente única. Algunas magias nunca se olvidan y algunos amores nunca terminan. ¡Forza Milan!». Precisamente su primer gol con la camiseta rossonera fue contra el Inter, en octubre de 2003, en un triunfo 3-2 que todavía recuerdan los tifosi.
Una carrera de leyenda
Los números de Kaká con el Milan respaldan el homenaje: 307 partidos oficiales, 104 goles y 81 asistencias entre 2003 y 2009, más su segunda etapa en la temporada 2013/14. Con la camiseta número 22 ganó la Serie A 2003/04 —el decimoséptimo scudetto del club—, la Supercopa de Italia 2004, la Champions League 2006/07, la Supercopa de Europa 2007 y el Mundial de Clubes 2007.
Su temporada 2006/07 quedó para la historia: fue el goleador de la Champions con 10 tantos, incluido un doblete inolvidable ante el Manchester United en la semifinal, y lideró al equipo en la final de Atenas, donde el Milan se tomó revancha del Liverpool por la dolorosa caída de Estambul dos años antes. Ese año ganó el Balón de Oro y el premio al Mejor Jugador del Mundo de la FIFA; hasta hoy, es el último futbolista de la Serie A que se quedó con el Balón de Oro.
En julio de 2009 fue traspasado al Real Madrid y en 2013 regresó por una temporada a Milán, antes de cerrar su carrera en el Orlando City de la MLS, donde anunció su retiro en 2017. Con la selección de Brasil, además del título mundial de 2002, disputó tres Copas del Mundo.
Este sábado, en el mismo escenario donde escribió sus páginas más gloriosas, el fútbol italiano le devolvió con lágrimas y aplausos todo lo que Kaká le entregó con la camiseta rossonera. Su nombre ya figura para siempre en el panteón de las leyendas del Milan.
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