Para aquellos a quienes nos va este tema de los libros, no hay nada que nos guste más que un buen salseo literario. Por supuesto, no estamos aquí por el drama ni el amarillismo (que nos gustan los chismes editoriales, sí, pero también los debates con altura), sino para disfrutar como meros espectadores de las pequeñas controversias que ponen patas arriba a la industria y nos dejan entrever las costuras de ésta una vez que el barullo del escándalo se ha disipado. El más reciente, como no podía ser de otra manera, se ha originado en los Estados Unidos y constituye el primer precedente de un punto de quiebre que se venía vaticinando hace años: la irrupción de la IA en el proceso creativo.
Todo empieza en febrero de 2025 con la auto publicación de la novela “Shy Girl” de la escritora Mia Ballard, una autora de terror que encontró tracción entre el público alternativo con una historia de venganza que navega en las complejas aguas del maltrato de pareja y la violencia de género. El buen desempeño del texto consiguió la llamada que le cambiaría la vida a Ballard: Hachette, una de las editoriales más grandes del mundo, le ofrecía un contrato para editar la novela y lanzarla en noviembre pasado en el Reino Unido y el próximo abril en los Estados Unidos. El trato se cerró y las rotativas comenzaron a trabajar, pero entonces los problemas no hicieron más que empezar.
Y es que, desde su primer tiraje artesanal, fueron múltiples las voces que en Internet acusaban al texto de poseer un lenguaje tan plano que, no sabemos si por broma o por intuición, “parecía hecho con IA”. Un runrún que alcanzó su pico con la noticia de su edición profesional, al punto que The New York Times se interesó por el rumor y comenzó a investigar el manuscrito por su cuenta, recolectando evidencia tan contundente sobre la intervención de un asistente sintético en la redacción del libro que, un día después de presentarla ante los representantes de Hachette para conocer su opinión al respecto, la editorial decidió cancelar el lanzamiento estadounidense y descatalogar la obra de Ballard de su tienda online.
Ballard insiste en su inocencia y sostiene que fue un conocido, a quien encargó la corrección de estilo de la obra, quien utilizó el asistente de IA sin su consentimiento. Si es verdad o no, nunca lo sabremos, pero lo que sí es cierto es que cada vez se difumina más la frontera entre la producción original de los humanos y la mano algorítmica de la IA en el proceso de revisión. Un debate fascinante con reminiscencias de paradoja de Teseo sobre la identidad de un texto permeado por las nuevas tecnologías que eventualmente tendremos que abordar, pues de él dependerá la concepción a futuro de conceptos tan esenciales como la autoría de un libro o los derechos de propiedad intelectual que de ésta emanan.
Mientras tanto, “Shy Girl” todavía se consigue por ahí, por si alguien quiere un souvenir atemporal de este interesante caso antes de que desaparezca.
2026-03-27
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