La Asamblea General de la OEA, celebrada en Ciudad de Panamá del 22-24 de junio, estuvo cargada de historia con tres referentes.
Por orden cronológico, el primero tiene que ver con la isla descubierta por Cristóbal Colón en su primer viaje, el 5 de diciembre de 1492, a la que denominó La Española y que ahora comparten la República Dominicana y la República de Haití, único país que surgió después de la revolución de independencia de personas esclavizadas, ganada el 1 de enero de 1804 con el liderazgo de Jean-Jacques Dessalines, convirtiéndose en el primer Estado independiente de América Latina.
El primer pueblo libre de América está en los Montes de María, región Caribe de Colombia; en 1603 Benkos Biohó lideró la huida de personas esclavizadas como él, con las que fundó San Basilio de Palenque; la Corona española firmó en 1691 un Real Decreto en el que reconocía la libertad de esta población y en 1714 lo formalizó oficialmente como pueblo.
Haití es recordado en la Declaración de Panamá de 2026 al afirmar: “RECONOCIENDO el apoyo histórico y fraternal brindado por la República de Haití a algunos movimientos de independencia de América Latina en el siglo XIX, especialmente a través de la asistencia decisiva brindada por el presidente haitiano Alexandre Pétion”.
El 6 de septiembre de 1815 Bolívar terminó la Carta de Jamaica, donde estuvo refugiado pero, por falta de apoyo de los ingleses, pasó a Haití. Alexandre, que era uno de los Padres de la Patria y su segundo Presidente, acogió al Libertador el 24 de diciembre de 1815 y lo despidió el 31 de marzo de 1816, con el arsenal con que Bolívar inició la Expedición de Los Cayos para luchar contra el español Pablo Morillo, quien avanzaba en la reconquista desde que llegó en febrero de ese año.
La expedición llagó el 3 de mayo a la Isla de Margarita, y cuatro días después a Carúpano, puerto del territorio continental y cuidad del Estado de Sucre en Venezuela.
El 2 de junio de 1816 Bolívar publicó el Decreto de Carúpano, con el que proclamó la libertad de los esclavos. Lo encabeza como Jefe Supremo de la República, y Capitán General de los Ejércitos de Venezuela y de la Nueva Granada que en 1816 abarcaba Colombia, Panamá y parte de lo que ahora son Ecuador y Venezuela, y que en ese momento estaba luchando por rescatar de manos de Morillo.
En el Decreto expresa: “A los habitantes de Río Caribe Carúpano y Cariaco Salud. Considerando que la justicia, la política, y la Patria reclaman imperiosamente los derechos imprescriptibles de la naturaleza, he venido en decretar, como decreto, la libertad absoluta de los esclavos que han gemido bajo el yugo español en los tres siglos pasados.” (https://archivodellibertador.gob.ve/archlib/web/index.php/site/documento?id=2399).
El 6 de julio proclamó el Decreto de Ocumare, en el Cuartel General de Ocumare de la Costa, en el Estado de Aragua, Venezuela. Con este documento cesó jurídicamente el Decreto de guerra a muerte de 1813 que ordenaba la muerte a todos los españoles y europeos que participaran en batalla defendiendo a España:
“La guerra a muerte que hacen nuestros enemigos cesará por nuestra parte. Perdonaremos a los rendidos aunque sean españoles. Cuantos sirvan la causa de Venezuela serán nuestros amigos y consiguientemente los emplearemos según su mérito y destinos. Las tropas enemigas que se nos pasen gozarán de todos los beneficios que la patria puede conceder a sus bienhechores. Ningún español europeo morirá si no es en el campo de batalla. Ningún americano sufrirá la menor pena por haber seguido el partido del rey, y haber cometido actos de hostilidad contra sus conciudadanos.”
En el mismo documento del 6 de julio de 2016, el Libertador extiende más la eliminación de la esclavitud: “La desgraciada parte de nuestros hermanos que ha gemido hasta el presente en las cadenas de la esclavitud, ya es libre. La naturaleza, la justicia y la política reclaman la emancipación de los esclavos; no habrá, pues, en lo futuro en Venezuela más que una clase de hombres: todos serán ciudadanos.” (https://www.archivodellibertador.gob.ve/archlib/web/index.php/site/documento?id=4005)
Esto quiere decir que para Bolívar, quien es humano tiene derecho a que se le reconozcan los derechos ciudadanos que le corresponden por el hecho de serlo. Dos siglos después deberían ser también aplicados a lo que se ha avanzado en el conocimiento sobre los seres humanos, sin excepciones, incluyendo a las poblaciones humanas embrionarias y fetales, de modo que nadie pueda atentar, bajo ningún motivo, contra la vida, integridad, salud y desarrollo, de cualquier miembro de la familia humana y está demostrado genéticamente que estas poblaciones lo son desde el inicio de su concepción hasta la cesación natural de su automovimiento con el que coordinan sus propias estructuras y funciones.
Sería muy bueno que la OEA reconociera, en todo y para siempre, la humanidad y los derechos de la totalidad de individuos, familias y grupos humanos, sin excepción, que sería exclusión.
El multilateralismo de los Estados debería tener como base la “naturaleza” mencionada por Bolívar en el Decreto de Carúpano con todos los “derechos imprescriptibles” que se deducen de ella en cada ser humano y su entorno, y en el Decreto de Ocumare, como anterior a la justicia y la política a las que da origen y razón de ser para emancipar de todo lo que se oponga al pleno desarrollo personal, de las generaciones futuras, familiar, social y estatal, que de ella se deduce.
El origen común de todos los miembros de nuestra especie, en el que se sustenta la fraternidad no solo como la menciona el Libertador, sino siempre y entre todos, lleva a hacer cumplir el sueño de Bolívar: “todos serán ciudadanos”, en la perspectiva de Bolívar, miembros de la comunidad política de la nueva República, con igualdad ante la ley. Vale, la pena que la OEA, en todas sus instancias, haga reconocer la igualdad de todos ante la ley, en cuanto humanos, incluyendo también la de cada miembro de la familia humana de las poblaciones de nuestra especie que están viviendo sus etapas de crecimiento y desarrollo embrionario y fetal.
Bolívar estaba en la campaña de la recuperación de lo perdido y la defensa de lo que aún quedaba, en plena reconquista española, que incluía a Caracas y en este Decreto indica que una vez tomada la capital, se convocará a un “congreso general para que restablezca el gobierno de la República.”
Del 3 de septiembre al 28 de diciembre de 1816, mientras estaba sitiada Cartagena de Indias, Pétion también le proporcionó a Bolívar refugio, recursos y apoyo militar, contribuyendo decisivamente a las campañas de independencia con la consolidación de una nueva fuerza expedicionaria.
Bolívar continuó recuperando territorio y el 15 de febrero de 1819 inició el Congreso de Angostura, población que actualmente se llama Ciudad Bolívar, capital del Estado venezolano Bolívar. Fue la Asamblea Constituyente que convocó el Libertador, en la que sentaron las bases jurídicas y políticas que fueron el referente de la independencia de la mayoría de países hispanoamericanos.
El 7 de agosto de 2019, con la Batalla de Boyacá, Morillo perdió la Nueva Granada disminuyendo drásticamente su poder. El Congreso de Angostura creó el 17 de diciembre la República de Colombia con la Ley Fundamental de Colombia que fue ratificada en la Constitución de Cúcuta, también llamada Constitución de la República de Colombia, el 30 de agosto de 1821 y sancionada por el Libertador como su Presidente, el 6 de diciembre de ese año.
Al respecto de esta exitosa campaña, la Declaración de Panamá de 2026 señala que el apoyo de Haití “[…] sigue siendo uno de los momentos fundacionales de la solidaridad interamericana y presagia el ideal de unidad continental encarnado en el Congreso Anfictiónico de Panamá”. La anfictionía era la confederación de las antiguas ciudades griegas para asuntos comunes.
El Congreso se realizó del 22 de junio al 15 de julio de 1826, convocado por Simón Bolívar que lo propuso desde 1824 y que en esos días estaba en Lima atendiendo asuntos políticos relacionados con la República de Colombia y Bolivia; es el segundo referente, en orden cronológico, de la Declaración de Panamá.
Entre 1819 y 1831 la República de Colombia abarcó lo que actualmente son Colombia, Panamá -entonces Departamento del Istmo-, Venezuela, Ecuador y zonas que hoy pertenecen a Brasil, Perú y Guyana. Con su disolución, Colombia se llamó República de la Nueva Granada y en 1863 retomó el nombre “República de Colombia”. Para diferenciar las etapas en que lleva el mismo nombre, en algunos textos sobre historia de finales del siglo XIX, sus autores comenzaron a denominar la primera etapa con el término “La gran Colombia”.
La República de Colombia era la anfitriona del Congreso Anfictiónico de Panamá. Su principal documento fue el “Tratado de Unión, Liga y Confederación Perpetua” y lo firmaron Delegados de las Repúblicas de Colombia, Centro América, Perú y Estados Unidos Mexicanos.
En este Tratado se convino unir defensas para mantener la mutua seguridad e independencia de estos países.
El Libertador respaldó el Congreso y sus acuerdos políticamente, pero excepto Colombia, los demás países no lo ratificaron.
El tema general de la Declaración de Panamá de 2026 está sintetizado en su título: “Multilateralismo firme en defensa de la democracia: la seguridad hemisférica y la estabilidad en los estados americanos”; es nuevamente una forma de fortalecer las estrategias de confederación.
El contenido del documento coincide con la ética social, pero 11 de los 15 pie de página son anuncios por parte de varios países, de que algo se podrá respectivamente poner ahí.
El multilateralismo firme en defensa de la democracia, en lo referente a la seguridad hemisférica y la estabilidad en los estados americanos, es el tema de esta Declaración, último documento aprobado en la 56 Asamblea General de la OEA. (https://documentsearch.oas.org/documents/AG_doc_-5931-corr1/AG_doc_-5931-rev1-es.pdf)
La cláusula 12 afirma “Que, en cumplimiento del derecho internacional, incluyendo el derecho internacional de los derechos humanos, se compromete a continuar sus esfuerzos para prevenir y combatir la delincuencia organizada transnacional, los delitos que afectan al medio ambiente, el terrorismo, la ciberdelincuencia, el problema de las drogas, incluyendo el narcotráfico, la corrupción, el lavado de activos, y otros desafíos a la seguridad multidimensional del hemisferio, en línea con las prioridades nacionales.”
La cláusula 13 añade una buena estrategia, manifiesta “Su beneplácito por la alianza estratégica suscrita entre la OEA y la CAF –Banco de desarrollo de América Latina y el Caribe para la puesta en marcha del Observatorio Hemisférico de Crimen Organizado y Mercados Ilícitos, como herramienta concreta al servicio del enfrentamiento de la delincuencia organizada transnacional y otros fenómenos delictivos”.
En la siguiente fortalece su compromiso de fomentar el diálogo político, la diplomacia y la solución pacífica, aplicando el principio de buena fe, como pilares esenciales de la estabilidad regional.
En la cláusula 15 promueve, “bajo los principios de solidaridad y cooperación interamericanas y de conformidad con los compromisos internacionales asumidos, el desarrollo integral y la erradicación de la pobreza, procurando apoyar el logro de los objetivos nacionales de los Estados Miembros y respetar las prioridades que se fije cada país, así como fortalecer la cooperación hemisférica y el intercambio de buenas prácticas, particularmente en beneficio de los países en desarrollo, reconociendo que dichos esfuerzos son determinantes para la estabilidad democrática.”
Desde la perspectiva de una observadora de la sociedad civil que estuvo en esta Asamblea, se verifica nuevamente lo que ilustra e inspira conocer el marco histórico: a mayor unidad, más intensidad de vida, también cuando el tema sigue siendo la seguridad y la estabilidad democrática.
Que la solidaridad interamericana vivida por Haití durante la independencia de los países bolivarianos, inspire a cada nación y a la OEA para que todas la apliquen con creces en la ayuda que brinden a este país, en las prolongadas y cada vez más dramáticas crisis de violencia y falta de gobernabilidad que sigue viviendo.
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