Cada persona tiene sus preferencias sexuales. Sin embargo, a veces los gustos cruzan el límite de lo habitual, dando paso a otro tipo de peticiones que exceden la pura atracción sexual. Ahí entramos en un terreno un poco más peligroso, el terreno de las desviaciones sexuales, también conocidas como parafilias.
Las perversiones sexuales o parafilias (proviene del griego y significa «amor paralelo al convencional») no entienden de género ni edad. La persona que padece una parafilia necesita de un estímulo o fantasía particular para excitarse o llegar al orgasmo. Muchos pueden llevar una vida normal sin que nadie de su entorno sepa de su problemática. No hablan de este tema pero sí les preocupa su obsesión. Pueden llegar a tener, en algunos casos, problemas con la ley.
Veamos a continuación las diferentes variantes de excitación:
Tal y como vemos existen diferentes clases y grados de parafilias. Algunas son más graves que otras (desde lo socialmente aceptado). Aunque el padecimiento psíquico es el mismo.
Sigmund Freud ya dijo que todos poseemos rasgos perversos. Esto significa que todos tenemos preferencias o gustos sexuales. Ahora bien, la diferencia radica en que los parafílicos necesitan sí o sí de ese objeto particular (aunque sea en su mente), interfiriendo en su calidad de vida y produciendo disfunciones sexuales, problemas con la ley, con la sociedad o en su entorno familiar.
Para el resto de los mortales estas preferencias suelen ser circunstanciales y no determinantes para alcanzar el placer sexual.
2012-05-15
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