Hay hombres y mujeres que sólo piensan en la acumulación. Su ahorro trasciende los ámbitos: son mezquinos con el dinero, pero también con los afectos. Le quitan tiempo a su familia para darles ‘gusto’ y para cuando se dan cuenta la pareja (si es que la tienen) está en otra situación y la familia ha crecido.

No está mal, si ambos disfrutan de esa situación. Algo de eso hay y por eso se mantiene pero, entonces, no nos engañemos: después no será diferente. En general no hay un después diferente al actual, el después seguirá siendo el mismo, la necesidad de más o el aburrimiento. No obstante, hay excepciones y algunos logran el paraíso.
El avaro ha hecho de su mundo imaginario un mundo real. Con el dinero que tiene fantasea que puede hacer una casa, viajar, comprarse un auto, no trabajar… Y muchas cosas más. Si gasta en algo, su potencial disminuye.
En las parejas es un tema muy importante. Si uno ahorra en lo que le da al otro, es vivido como tacañería y hace desagradable la convivencia. Entre otras cosas, porque eso implica también una mezquindad de afecto, como si eso fuera a hacerlo más rico; situación absurda, si las hay.
El temor a quedar expuesto es como el temor a quedarse sin recursos económicos. ¿Se imaginan una pareja que no se dé besos para ahorrar? Es un ejemplo imposible, pero sí es común que alguien evite un “te quiero” por si el otro “se la cree” o por “si pide más”.
La mezquindad es ese lado miserable que todos tenemos de algún modo. Esa miserabilidad nos hace miserables.
Ser generosos no cuesta nada, solo lo que se da. Eso que se da tiene un efecto multiplicador. Quienes así lo entienden, viven de una manera más plena, más abundante, y lo logran soltando prejuicios, temores y malas costumbres.
En fin, cualquiera que quiera una vida más abundante sabe entonces por dónde empezar. Solo es cuestión de animarse.
Con información de entremujeres.com
- Compartir:
- Compartir en Facebook
- Compartir en X (Twitter)
- Compartir en WhatsApp
- Comentarios