Transcurrido un año del período constitucional del Presidente Juan Manuel Santos, resulta además de conveniente necesario hacer un corte de cuenta que nos permita hacer una especie de balance de prueba de su gestión, en este caso en el ambito de la economía.
Él recibió una economía en franco proceso de recuperación, después de los embates del coletazo de la Gran crisis de la economía global que se precipitó en el 2008, aupado en gran medida por el auge del mercado internacional de las materias primas. La creciente demanda de estas y la espiral alcista de sus precios ha estimulado la mayor afluencia de inversiones de capitales hacia el sector minero – energético, acaparando más del 80% de la Inversión Extranjera Directa (IED). Pero, al mismo tiempo heredó un aislamiento regional, producto de una política exterior pendenciera, que dio al traste con la Comunidad Andina de Naciones (CAN), hecha trizas por la administración anterior por el prurito de alcanzar el esquivo TLC bilateral con los EEUU. Ello repercutió en un virtual ceirre de los mercados de Venezuela y Ecuador, el segundo y tercer mercado en importancia de las exportaciones colombianas, en su mayor parte manufacturas intensivas en mano de obra.
Con una gran dosis de sindéresis, tan pronto como se posesionó, se propuso el Presidente Santos recomponer estas relaciones como la única manera de rescatar ese valioso e imprescindible mercado para las exportaciones colombianas. La situación se tornó crítica para las exportaciones no tradicionales por el agravante de la revaluación del peso con respecto al dólar, la cual le ha infligido un duro golpe a este sector exportador. Y, para completar el cuadro, recibió unas finanzas públicas totalmente desbarajustadas por cuenta de la incontinencia en el gasto, la profusión de vigencias futuras y por la proliferación de gabelas tributarias que perforaron la base impositiva. La administración Santos, entonces, arrancó con el fardo de los déficits gemelos a cuesta, lo cual le ha restado capacidad de maniobra a su política económica. Asaz dificil le habrá de resultar al Gobierno actual lograr sus metas, planteadas en el Plan de Desarrollo Prosperidad para todos, de crecimiento sostenido del PIB por encima del 6% y bajar la tasa de desempleo a un solo dígito con semejante lastre.
¿QUÉ SE CELEBRA?
Le hemos escuchado decir al Ministro de Hacienda Juan Carlos Echeverry, a propósito de la coyuntura económica por la que atraviesa el país, que “se están alineando trodos los astros” . El Ministro dio esta declaración al término de su gira por los EEUU y el Reino Unido, luego de recibir la tercera calificación de grado inversionista, para significar que Colombia “esta viviendo el mejor escenario económico posible: costos de mano de obra al mismo nivel de China, TLC con los EEUU sin trabas, interés de los inversionistas internacionales por el país, recaudo alto de impuestos, crecimiento del PIB superior a lo esperado, inexistencia de obstáculos en materia financiera, buen flujo de caja, perspectivas de crecimiento para este año, que están entre 5% y 6%” . En fin, todo a pedir de boca!
Este periplo del eufórico Ministro de Hacienda estuvo precedido del otorgamiento del grado de inversión a la deuda soberana de Colombia por parte de la calificadora de riesgo Fitch, la cual vino a sumarse a las que ya le habían dado las firmas Standard & Poor´s a mediados de marzo y Moody´s Investors Service en mayo pasado. Fitch cumplía su palabra empeñada, ya que había advertido que “sin regalías ni regla fiscal, Fitch no daría el grado de inversión” y el Gobierno había logrado pasar por el Congreso de la República ambas iniciativas. De esta manera la economía colombiana cuenta a partir de este momento con grado de inversión pleno, después de más de diez años de su infructuosa búsqueda. Paradójicamente, mientras el Gobierno de los Estados Unidos descertificaba a Colombia, su deuda obtenía el grado inversionista, que sólo le duró cuatro años (entre 1995 y 1999) tras los cuales lo perdió merced a la profunda crisis que sumió a la economía colombiana en la recesión. El Ministro, entonces, tenía motivos para celebrar y brincar en un solo pié, pero no es para cantar victoria.
El Ministro de Hacienda al explicar los motivos de su intempestivo viaje dijo que “durante la última semana visitamos a los mayores compradores mundiales de deuda gubernamental en EEUU y Europa…sólo los visitamos cuando la administración Santos tuvo algo sólido que mostrar en el frente económico: un ambicioso paquete de reformas constitucionales y legislativas, aprobado por el Congreso de la República” Minhacienda. Un grado para celebrar”.
NO TODO ES MIEL SOBRE HOJUELAS
Pero, no todo es miel sobre hojuelas para la economía colombiana, como ya lo veremos. Empezando, como lo reconoce Erich Arispe, Director de Fitch´s Sovereign Group “la deuda del gobierno, que llega al 42% del PIB está en niveles más altos que los de otros países con la misma calificación” . Adicionalmente, el déficit en Cuenta Corriente de la Balanza de Pagos persiste y la reprimartización de la economía nacional se constituye en una amenaza, dada la gran volatilidad de los precios de las materias primas. Primero fueron el añil, el tabaco y el café, ahora son el petróleo, el carbón, el ferroníquel, el oro y el café, los productos estrella de las exportaciones colombianas, de las cuales no más de 10 se destacan, sin que en los últimos cuarenta años se haya introducido ningún producto nuevo de exportación significativo después de las flores. Este es el talón de aquiles del sector externo de la economía colombiana, lo cual la hace muy vulnerable frente a los cambios externos.
En este punto son muy pertinentes las observaciones del ex ministro de Hacienda Rodrigo Botero cuando acota: “el desarrollo puede entenderse como un proceso de transformación estructural de la economía. Una de las formas como dicha transformación se manifiesta es a través de la composición de las exportaciones, el valor agregado de estas, y su grado de complejidad tecno lógica. Dicho de esta manera, la estructura de las exportaciones constituye un indicador de la etapa de desarrollo de un país y del nivel de ingreso de sus habitantes. Dentro de ese orden de ideas, existe una correlación entre la calidad de las exportaciones de las distintas regiones de un país y la prosperidad relativa de cada región…la estructura de la canasta exportadora colombiana registra una creciente dependencia de la venta de productos primarios y de la extracción de recursos no renovables. Desde el punto de vista de la transformación de la estructura productiva de la economía, este proceso constituye un retroceso. Lejos de ser causal de celebración, lo que está sucediendo representa un cambio poco saludable” .
PRINCIPALES PRODUCTOS EXPORTADOS
De modo que podemos decir que este grado de inversión en las actuales circuntancias no responde a cambios sustanciales en el frente económico y fiscal; mas que esto, el factor determinante del mismo, como lo anota ANIF, “obedece más a ´complacencia fiscal internacional´ que a la solidez ofensiva de Colombia en lograr superar sus lastres históricos en los frentes fiscales, laborales y de infraestructura” . A que “complacencia” se refiere ANIF? Como lo explica la misma ANIF, “lo que pasa es que en el mundo desarrollado la relación deuda pública/PIB se perfila hacia más del 100%, mientras que aquí hemos logrado contenerla en niveles del 43%” . Es el caso concreto de la atribulada Grecia cuya relación deuda/PIB es del 143% o Italia del 119%, para no mencionar el patetismo de las aulagas de los EEUU, la cual también superó el umbral del 100% de su PIB, que estuvo esta semana ad portas de la cesación de pagos de su deuda soberana. Todo consentido y hasta avalado por esas mismas calificadoras de riesgo que fueron tan cuestionadas por su negligencia y falta de transparencia, las cuales atizaron la reciente crisis. Como quien dice, en casa de ciegos el tuerto es rey, así de sencillo y claro.
UNAS DE CAL Y OTRAS DE ARENA
Es evidente que la economía colombiana ha retomado la senda de la recuperación de su crecimiento; según cifras recientes del DANE el crecimiento del PIB en el primer trimestre de este año fue de 5.1%, por encima de lo proyectado y superior al crecimiento de igual período del año anterior que fue del 4.4%. Es digno de mención el hecho que en el primer trimestre de este año se alcanzó una tasa de crecimiento que no se veía hacía por lo menos cuatro trimestres. Este resultado llevó a los analistas y hasta el propio FMI a revisar al alza sus proyecciones de crecimiento del PIB para el año completo. Para ANIF “existe sustento empírico para esperar una expansión en el rango 4.75% a 5.25%, con punto medio del 5% anual durante este este segundo trimestre de 2011” . La Junta directiva del B de la R se contagió también con este optimismo rebosante y acaba de revisar su proyección de crecimiento del PIB para este año y lo elevó a un amplio rango que va del 4.5% al 6.5% (¡!). Por su parte el FMI elevó en cuatro décimas la perspectiva de crecimiento de la economía colombiana hasta el 5%, todavía lejos del 6%, que es la meta del Gobierno para el 2014. Aun cuando este repunte llegue a darse, en concepto de ANIF “estaría por debajo de la media regional, particularmente por debajo del crecimiento esperado en Perú (7.3%), Chile (6.5%) y Argentina (6.2%)” . Lástima que este crecimiento no se refleje en una mayor caída del desempleo y la informalidad, de manera que sigue habiendo motivos para preocuparse tanto como el Asesor del FMI Andy Wolfe. Luego de su visita al país expresó que “hay algo que me chocó cuando empecé a estudiar el país. ¿Cómo es posible que un país que ha tenido un buen desempeño económico en la última década tenga una tasa de desempleo superior a 10 por ciento?” . Seguimos con una tasa de desempleo de dos dígitos, la más alta de la región, 10.9% para junio y la meta del Gobierno es bajarla al 8.9%.
Como era de esperarse el sector minero – energético se destaca con el 9.4%, como el de mayor crecimiento, aunque al desglosarlo se puede establecer que en realidad es la actividad petrolera la que más se destaca con el 13.9%, mientras que la minería a duras penas creció el 3%. La agricultura se convirtió en la gran sorpresa, al mostrar un crecimiento del 7.8%, en medio del más crudo y devastador invierno; lo único que puede explicar dicho repunte es su rebote, pues veníamos de un sector muy deprimido en el primer trimestre del año pasado. De allí que el Presidente de la SAC Rafael Mejía considere que después de este registro histórico al finalizar el año este cerrará con un crecimiento mucho más modesto, según él de 3.5%. A ello puede contribuir el impulso que le viene dando el Ministro de Agricultura Juan Camilo Restrepo a este descaecido sector.
Lo más preocupante de las cifras registradas por el DANE es el pobre desempeño del sector industrial, que sólo creció un anémico 2% frente al 7.4% del mismo período de 2010. Como lo señala el Director de Portafolio Ricardo Ávila, “El contraste entre la salud de la industria y el comercio fue evidente de nuevo, según las cifras del DANE para abril. La demanda interna sigue vigorosa, pero ese auge no ha beneficiado a la producción local. Mientras en abril la industria tuvo un incremento de apenas 2 por ciento, el comercio experimentó un salto del 23.2 por ciento, que es el más alto de la historia” . Ello es consistente con el comportamiento del comercio, el cual siguió mostrando un desempeño saludable al crecer 6.7%, al tiempo que las exportaciones netas crecieron 11.5%, mientras las importaciones siguen disparadas, creciendo a un rítmo del 21.4%. Por ello no es de extrañar que al comercio lo están moviendo los artículos importados, el 30% de las importaciones son bienes de consumo. Según el Codirector del B de la R Carlos Gustavo Cano, las exportaciones industriales, excluyendo las originadas en el sector minero – energético, entre enero y abril de este año cayeron el 7% con relación al mismo período de 2010. Al considerar los últimos doce meses el crecimiento de las exportaciones del sector industrial fue prácticamente nulo.
LO QUE DESVELA AL MINISTRO
Uno de los factores que está contribuyendo a este desbalance es la revaluación del peso. Esta ha sido la constante en Colombia desde 2003. En febrero de este año el dólar llegó a cotizarse a $2.968.88 y a partir de ese momento vino la descolgada. En 2010 la devaluación fue del orden del 6.37% y en lo que va corrido del año la revaluación acumulada hasta mediados de julio era del orden del 9.64%. Ello ha golpeado fuertemente a sectores tan importantes como la industria textil, cuyas exportaciones se han visto resentidas tanto por la revaluación de la moneda como por el cierre del mercado venezolano. En los últimos tres años, las exportaciones de textiles pasaron de facturar US $1.400 millones a sólo US $640 millones. Como lo sostiene la revista Dinero, “lo preocupante de este fenómeno es que los efectos negativos de un dólar más barato ya se están viendo. La desaceleración industrial de abril podría ser apenas un primer síntoma de un fenómeno irreversible: los industriales colombianos siguen perdiendo competitividad frente a los de otros países. Por eso, las importaciones están disparadas. En los primeros cuatro meses de 2011, el país estaba comprando en el exterior el 36% más que en el mismo período de 2010. Se destaca el caso de los vehículos y las autopartes, que crecieron 84%, una notocia que no debe tener muy contentas a las ensambladoras nacionales. Al final del ciclo el empleo se termina resintiendo, pues los empresarios deben reducir sus producciones y eliminar puestos de trabajo”.
El Ministro de Hacienda dice que “desde el 7 de agosto del 2010 me desvela la tasa de cambio” , pero a renglón seguido acota que “la solución no está en cerrarle la llave de entrada de dólares sino abrir el sifón” y resulta que está comprobado que “el endeudamiento en dólares del sector privado ha sido la principal causante de la devaluación del dólar. Esta fuente sí parece ser decisiva en la dirección de la tasa de cambio, pues el sector privado llegó a recibir 10.305 millones de dólares. Se resalta el endeudamiento a corto plazo, sobre todo a partir de julio del año pasado, mes en el cual se dio la mayor variación: el dólar perdió 70 pesos (un 3.69%)” . Por lo demás, como lo sostiene el analista Mauricio Cabrera, “la deuda externa de la banca pasó de 4.000 a 10.400 millones de dólares en un año, y los ingresos de capitales de corto plazo fueron, entre enero y mayo de este año, 2.200 millones de dólares superiores a los del año pasado…Es evidente que el origen del exceso de dólares que tiene la tasa de cambio por debajo de 1.800 pesos son los ingresos de capital privado de corto plazo” . Pese a ello, tanto el Ministro de Hacienda como el Banco Emisor se niegan sistemáticamente a imponer controles a los capitales, principalmente a los capitales golondrinas y a controlar el crédito externo ahora que pueden, porque una vez entre en vigencia el TLC con los Estados Unidos no podrán ni establecer dichos controles ni intervenir el mercado cambiario, porque el mismo lo impedirá.
El profesor Juan Fernando Echavarría descarta que sea el boom de las exportaciones de materias primas las que estén presionando la tasa de cambio, sus argumentos son contundentes: “A pesar de tener un superávit en la balanza comercial de bienes (US $40.777 millones de exportaciones menos US $39.546 de importaciones), al introducir los servicios factoriales (seguros, fletes, entre otros) se obtiene un déficit de US $1.329 millones, y si se suma al déficit de la renta de factores (dividendos e intereses), que alcanza los US $12.096 millones, la situación se torna preocupante. Así las cosas, la famosa bonanza no alcanza a suministrar las divisas necesarias para el autosostenimiento de la economía colombiana con un déficit en la cuenta corriente de US $8.944 millones… En el 2010 se redujo un 5% con respecto al 2009. El monto alcanzó la cifra de US $6.760 millones…los ingresos brutos llegaron a US $18.133 millones, pero los reembolsos sumaron US $11.373 millones, una parte de las cuales salió en especie a través de las exportaciones de petróleo o carbón, restándole al mercado de divisas la correspondiente demanda de dólares. No obstante, cuando se contrasta con la inversión directa neta de los colombianos en el exterior US $6.504 millones, nos da una cifra modesta de US $256 millones. Pero, el asunto no termina allí: la magnitud de los dividendos enviados al exterior es mayor que el flujo de la inversión extranjera. En el 2010, las utilidades de las empresas extranjeras alcanzaron el valor de US $9.989 millones, superior en un 48% a la inversión neta. Adicionalmente, un 40% de esta se encuentra representada por la reinversión de utilidades, reduciendo así la demanda por dólares. Por todo lo anterior, se observa que el flujo es negativo y en consecuencia no incide en la revaluación del peso colombiano” .
EL EFECTO BUMERÁN
El Gobierno y el Banco de la República se han ido por la línea del menor esfuerzo, elevando las tasas de interés, que determina el costo general del dinero en Colombia, desde el 3% en abril a 4.5%, que fue el más reciente reajuste y puede llegar al 5% antes de finalizar el año, supuestamente para evitar que la economía se recaliente, porque tanto el consumo como el crédito están disparados, cuando lo que más sube es el crédito en dólares. El Ministro Echeverry insiste en que “la medida de aumentar la tasa de interés es una forma de sacarle el pie al acelerador de la economía” . Pero, esta medida puede resultar contraproducente, pues, como lo afirma la revista Dinero, “el aumento en las tasas eleva los rendimientos en pesos, lo que al final incentiva la llegada de capitales especulativos del exterior. Así, la apreciación del peso termina recibiendo otro tanque de oxígeno. Entraña un riesgo mayor de revaluación que no alcanza a contrarrestar el B de la R con sus tímidas medidas de intervención” . En ello coincide con Cabrera, cuando sostiene que “aquí es donde el perro se muerde la cola, porque con mayores tasas domésticas se hace más atractivo endeudarse en el exterior, lo que implica mayor entrada de dólares al país; entonces, el Banco emite pesos para comprar el exceso de dólares, y el aumento del dinero permite que los bancos tengan más pesos para prestar” .
LOS PELIGROS DE LA AUTOCOMPLACENCIA
Coincidimos con la revista Dinero en que “la más reciente alza de intereses por parte del Banco de la República pone en riesgo la salud de la industria, la aún frágil recuperación de la economía y, en consecuencia, la generación de empleo…La decisión que de allí salió, una de las más desatinadas, apresuradas e inconvenientes de los últimos tiempos” . Ello es tanto más riesgoso en medio de la turbulencia que se ha desatado a raiz de la crisis de la deuda, tanto europea como estadounidense. El Ministro de Hacienda, con toda razón ha empezado a preocuparse por los amagos que ya se sienten de una nueva crisis global, máxime después de la caída sincronizada de todas las bolsas de los cinco continentes, que no se daba desde la reciente crisis global. De hecho se observa una ralentización del crecimiento de la economía de los Estados Unidos, la cual se habrá de traducir en una menor demanda por importaciones, la cual al afectar las exportaciones de China y la India repercute en un menor rítmo de crecimiento del PIB de estas, que son las mayores demandantes de materia primas, arrastrando de paso a la economía global a la tan temida recesión de doble caída (¡double dip!) que algunos analistas perspicaces habían presagiado.
Bien dijo el Ministro, que “lo que pase en Grecia y Europa va a generar oleaje mundial. Colombia y buena parte de América Latina, está en una franja favorable para el choque. No obstante, la incertidumbre que se genere en Grecia nos afecta” . Más le vale, no vaya a ser que se reincida en el desaguisado del ex ministro Zuluaga cuando espetó que Colombia estaba blindada contra la reciente crisis de 2008, en momentos que la economía colombiana es más dependiente que nunca. Si la economía China o la de la India llegan a estornudar, que se han convertido en las nuevas locomotoras de la economía global y en las grandes aspiradoras de materias primas, a la economía colombiana inmediatamente le da gripa, no hay escapatoria. Lo propio podríamos decir con respecto a los EEUU, ahora en calzas prietas, luego que la Standard & Poor´s, en un hecho histórico sin precedentes, algo inédito, le bajó la calificación de su deuda soberana de AAA a AA+, con todas sus consecuencias. El país, entonces, debe prepararse para tal eventualidad que se traduciría en una destorsida de los precios de los productos básicos con graves repercusiones para la economía colombiana. Por ello las autoridades económicas de Colombia se deben vacunar contra la influenza de la autocomplacencia.
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