Despeñalozadero.
Coincide el descenso en las encuestas del candidato Peñalosa con la vuelta al ruedo que da de la mano del ex presidente Uribe y con la amenaza de Mockus de participar en la disputa por la alcaldía de Bogotá.
Queda por comprobar a qué factor puede atribuírsele el desplome de Peñalosa: Si al apoyo de Uribe; al distanciamiento de Mockus; a los bolardos o a las losas de Trasmilenio.
Sorprende el ascenso inusitado de Petro que en tres semanas de campaña supera a Peñalosa. Mientras esto ocurre con los punteros de la contienda, los candidatos jóvenes (Gina, Luna y Galán) trabajan en la unificación de sus propuestas para hacerle frente a los que lideran los sondeos.
Abrazo uribista.
Si el abrazo de Uribe, en Bogotá, hizo estragos en la candidatura de Peñalosa, en Medellín bastó con que se supiera que el ex director del SENA, Darío Montoya, contaba con el guiño de Uribe, para que esta naufragara en los idus de marzo, en el mismo invierno de la Colombia humanitaria del gobierno de Santos
Un suicidio.
Derrotado Montoya en las primeras de cambio, Gabriel Jaime Rico abjura del conservatismo, suicidándose en primavera, acudiendo presuroso en busca del báculo de Uribe, en la finca de Llanogrande, acto suficiente para que el santismo, a través del senador Germán Hoyos, vocero de Santos, cerrara filas en pro de Federico Gutiérrez, quien venía del fajardismo y se coló en el uribismo.
Enojo.
Surtido este pulso en la U, en Bogotá, entre el santismo y el uribismo, el ex presidente decidió marginarse de la contienda paisa, propósito que le duró poco, pues en Manizales (en campo neutral) decidió entregarle su apoyo a Gutiérrez, candidato de Santos.
Las encuestas no podían ser más elocuentes: Federico, ahora candidato de Uribe, con el cuatro por ciento; Luis Pérez, como siervo sin tierra, con el 22 por ciento, y Aníbal Gaviria, con el 33 por ciento.
Desangelado.
Como la historia no se puede cambiar y los hechos son tozudos, Uribe es un pésimo padrino, pues en el momento del bautismo deja caer al niño y el rorro empieza a circular de mano en mano, hasta que pierde su identidad.
Cuando era gobernador de Antioquia propuso la elección de Alvaro Villegas como su sucesor y lo derrotaron. Ya en funciones presidenciales, apoyó la candidatura de Juan Lozano para la alcaldía de Bogotá y fue derrotado por Lucho Garzón. Luego le apostó a Peñalosa a través de varias monsergas, como la de Soacha, en donde descalificó a Samuel Moreno, y fue también derrotado por segunda vez en el pulso por la alcaldía.
Contrastes.
Propuso la candidatura de Kico Lloreda a la alcaldía de Cali y fue derrotado. En Caldas, meca uribista, respaldó a Marco Aurelio Zuluaga para la gobernación, pero Uribe salió perdedor frente a Emilio Echeverri Mejía.
Confirmado: Uribe no es un buen jefe de debate. Una cosa es cuando invita votar por él y otra cuando invita a votar por sus pupilos.
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