¡Tenemos Ministro!
Alfonso Gómez Méndez no es persona que se deje manosear. Ni tiene que buscar asesores para construir una respuesta. No elude el debate, ni estará amarrado al puesto.
Admira a López Michelsen, a Dario Echandía y a su profesor Alfonso Reyes Echandía. De los tres aprendió todo, antes de estudiar en Francia y Alemania. Y probarse en el Congreso, en la Fiscalía, la Procuraduría, la política y las campañas ganadas y perdidas.
-¿Que hizo una fiscalía controvertida y sospechosamente favoreció a algunos amigos liberales?
-Ojalá uno pudiera defenderse de la Justicia sin rostro, responde. Si a mí alguien me ataca, con nombre propio, lo confronto. Y tendrá que explicarme cuándo, cómo y por qué. Lo demás es tontería. Hace once años entregué la fiscalía y los resultados son buenos. El país recuerda que al final me hicieron un gran homenaje nacional. Eso para mí es suficiente.
Que haya inconformes, es natural.
Como López Michelsen, que utilizaba frases de canciones mejicanas y rancheras colombianas, dichos populares o grandes boleros, Gómez Méndez puntualiza:
-Yo no soy monedita de oro. Las críticas no me trasnochan.
Antes, en sus discursos y en sus columnas, ha dicho gran cantidad de frases para enmarcar, con las cuales se podría armar un buen libro.
-Tendremos que cambiar el escudo y que sea el sapo el emblema nacional.
-Hablando sobre la política colombiana, tan llena de amores y desamores, desempolvó una canción de Garzón y Collazos: “No sé si fue el precio de quererte tanto lo que me perdió/o fue tu cruel orgullo el que nos separa con un triste adiós..”.
Crítico fuerte del entonces presidente Andrés Pastrana, por la laxitud como manejó el proceso de paz con la guerrilla de las FARC.
Defensor vehemente de las libertades, los derechos humanos, el partido liberal (no el de hoy) y el carácter en las posiciones ideológicas. –La polarización no es mala, dice, y –coherente- asume posiciones que no buscan el consenso.
Gómez Méndez, de Chaparral Tolima, hijo de un sastre (no de-sastre) se vino del caliente pueblo tolimense –con la cajita de cartón, como llegamos aquí muchos provincianos pobres- “ a buscar mejores horizontes”. Su disciplina, inteligencia y constancia, lo convirtieron en el gran jurista que esta semana asume el Ministerio de Justicia.
Alto cargo que, dicho sea de paso, no estaba pidiendo:
-“Como en algunos avisos que hay en las salidas de Bogotá, este lote no está en venta. Yo no estaba en venta”.
Mientras se prepara el homenaje en Chaparral, con suculenta lechona, como corresponde en el Tolima Grande, me estoy preguntando cómo manejará dos relaciones: La primera, con el también ministro Rafael Pardo, a quien francamente no quiere, no tanto por haberle ganado la candidatura liberal a la Presidencia, sino porque lo considera desleal con el partido (fue promotor de la reelección de Uribe).
Y la segunda, su aprecio muchas veces expresado a la controvertida Piedad Córdoba. –“Piedad –dijo algún día- es una mujer demócrata y batalladora, y no se debe estigmatizar por su papel en la búsqueda de la paz. Tiene más méritos que muchos dirigentes que han hecho del acomodo una forma de supervivencia política.
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