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Votemos sin miedo por el cambio

Por: Juan Camilo Ortega

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Desde hace meses las campañas políticas del centro y la derecha en Colombia -y Medellín más específicamente-, reflejan una fuerte pugna debido a la enorme distancia que muestran las encuestas, y que, encaminan a un candidato a la Casa de Nariño; estas campañas vienen cargadas de estrategias sucias, negras y controversiales, que llegan al punto de crear ataques y descalificaciones personales e inventar una innumerable cantidad de noticias falsas, buscando de fondo, afectar la imagen del oponente, en este caso, del progresista colombiano.

El miedo es una emoción y, como tal, una respuesta fisiológica frente a un estímulo que nos provoca protegernos. Eso implica huir o defenderse. En tal sentido, cuando el miedo se presenta, nos obliga a realizar una acción, paralizarse, arrancar o esconderse, entre otros. Pero el miedo del que habla la política colombiana, está fundamentado en la conveniencia político-económica que llena de privilegios a unas cuantas familias colombianas y no a un país, no es un secreto del poder que ejercen y cómo de manera dictatorial lo aplican.

El voto del miedo es aquel que insiste en reducir a una sola las opciones que la persona tiene para votar, tratando de incitar temor en caso de hacerlo en otro sentido. El discurso que promueve el voto del miedo predica en que la representación es una sola opción, o aún más grave una sola persona, descalificando las otras opciones. Promover el voto del miedo antes de una elección es un síntoma de derrota.

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Si alguien siente en verdad que tiene todas las de ganar, no lo anda gritando a los cuatro vientos para tratar de inducir a los demás. Por el contrario, espera pacientemente el momento de la elección para ratificar su intuición de triunfo. Emitir un voto fundado en temores a aquellos que supuestamente tienen posibilidades de ganar y descalificar a los demás, son quienes insisten en coaccionar con un futuro gris si no les concedemos nuestro voto, en otra lectura, es desperdiciar la oportunidad de razonar y ejercer nuestra opinión.

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El apoyo del expresidente innombrable y su búsqueda infinita de poder, se ha convertido en una fuente de incontables problemas para la construcción de ese “país para todos”. La razón es muy sencilla: durante los últimos años, nadie ha atizado como el expresidente uribe el odio entre los colombianos, dividiendo a los ciudadanos entre amigos y enemigos, entre “buenos muchachos” y “malos patriotas”; durante las administraciones uribistas, se ha espiado, amedrentado, amenazado y asesinado a diferentes líderes del país que han hecho oposición al mal gobierno que tiene Colombia, esto, con el fin de evitar que seamos como la dictadura venezolana.

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Pero hoy domingo la conclusión no puede ser que Colombia votó con miedo. Hoy saldrá la inmensa Colombia, esa que está cansada de ser invisible, de ser olvidada, de ver como se roban el futuro de todo un país y lo disfrutan pocos, hoy tenemos la obligación de pensar en el inicio de un cambio, un país cargado de igualdad y respeto, de felicidad y de buenos vientos.

Como decía Nelson Mandela: «No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe dominarlo», y aquí en Colombia ya no tenemos miedo, ya estamos informados y tenemos argumentos, que es a lo que realmente el partido del oficialismo le tiene miedo.

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