Resumen: El estudio detalla que la mayor parte de este riesgo se concentra en los barrios populares, donde predomina el fenómeno de la autoconstrucción
Una reciente investigación académica liderada por Fernando Alexis Osorio, docente e investigador de la Institución Universitaria ITM, revela que aproximadamente el 50% del stock de viviendas en el departamento de Antioquia, y con un porcentaje similar en Medellín, presenta una alarmante fragilidad ante eventos sísmicos debido a sus sistemas estructurales. El estudio advierte que gran parte del inventario residencial de la región carece de las condiciones técnicas mínimas indispensables para soportar un movimiento telúrico de gran magnitud, poniendo en el centro de la discusión la seguridad de millas de ciudadanos.
El estudio detalla que la mayor parte de este riesgo se concentra en los barrios populares, donde predomina el fenómeno de la autoconstrucción. Estas edificaciones de mampostería no reforzadas son levantadas de manera informal, apilando un ladrillo sobre otro sin vigas ni columnas de amarre estructural, y son coronadas con lasas de concreto sumamente pesadas. Esta configuración estructural masiva genera un peso excesivo que, ante un movimiento telúrico, las hace altamente propensas a sufrir colapsos o fallas catastróficas inmediatas en sus muros de carga.

Foto: Cortesía
Frente a la creencia popular de que el peligro en Medellín se asocia con la inclinación de sus escaleras, el investigador aclara que el riesgo sísmico depende realmente de la intensidad del movimiento y de la vulnerabilidad física de la infraestructura. La región se encuentra expuesta a dos grandes fuentes sismogénicas: el Sistema de Fallas de Romeral, ubicado al occidente de la ciudad, y la subducción de la placa del Pacífico bajo la placa Suramericana, integrada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, donde se libera el 85% de la energía sísmica global. Bajo este panorama, eventos como el sismo de magnitud 7,5 en Venezuela representan un escenario técnicamente factible y preocupante para el contexto local.

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Uno de los mayores desafíos identificados es la falsa sensación de seguridad entre los habitantes del Valle de Aburrá, quienes perciben que la región no es propensa a los temblores debido a que no se ha registrado un terremoto devastador en las últimas décadas. La historia de Colombia ya ha mostrado la cara de esta amenaza con los terremotos de Popayán en 1983, que dio origen a las primeras normativas sismo resistentes, y de Armenia en 1999. Los sismos que han afectado a Medellín recientemente han sido leves o muy lejanos, pero el riesgo de un evento mayor en el sistema de fallas cercanos sigue latente y podría costar billones de pesos en atención de desastres.
Para mitigar este impacto social y económico, la academia propone ir más allá de la simple prohibición o el control político de la vivienda ilegal, planteando soluciones de fondo como la educación comunitaria y el subsidio de servicios profesionales. El investigador del ITM sugiere que las administraciones públicas suministren ingenieros estructurales gratuitos para asesorar a las familias de menores recursos. Esta estrategia no solo reduciría la vulnerabilidad física de los hogares informales, sino que representaría un ahorro histórico para el distrito al prevenir una emergencia cuya gestión superaría con creces los presupuestos de mitigación
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