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Opinión

¿Cómo saber qué tan legítima es mi virtud?

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Hay perfecciones indispensables para realizar ciertas acciones. Pero no siempre el efecto de éstas es hacerse una persona mejor en cuanto tal –virtuosa.

Solo eligiendo y ejecutando lo máximo que cada uno pueda, se descubre, en los efectos, la perfección a la que ha conducido su propia humanidad, capaz de estimular a los demás para que hagan otro tanto en sí mismos.

Puede suceder que alguien ejercite ciertas perfecciones y aunque tal vez haya avanzado en destreza o facilidad, para ejecutar pronto y técnicamente bien algunos actos y sus respectivos efectos, no se haga mejor persona.

Lo que el hipócrita u otros, –incluso si es la sociedad o la especie humana entera–, interpretaran como virtud, solamente lo sería si fuera promotor de acierto ético, verdadero –coherente con quién se es en todo aspecto–, legítimo y genuino.

La virtud es una conducta habitual buena porque hace de sí mismo, con entera libertad y asumiendo todas sus consecuencias, una persona que se abre mejor al bien que es todo ser personal y a su entorno natural y artificial.

La virtud facilita la armonización de todas las perfecciones de un ser humano, haciendo posible su pleno desarrollo, que siempre es un estímulo para quienes le rodean y para las generaciones futuras. Es el mejor regalo para sí mismo y los demás, para la especie humana entera.

Los vicios encadenan el desarrollo humano al impedir que la persona se entere plenamente del bien que es ella, la dispersan de sí misma. El vicioso sacrifica su ser y su felicidad, a su sensación, y esta banalización de sí mismo acrecienta su infelicidad y la de quienes le rodean.

Genera mayor vacío en su propio núcleo personal, familiar y social. Su agresividad consigo mismo lo hace violento con otros, al privarlos del bien que puede y debe hacerles, con el que remplazaría los actos de su vicio.

Nadie es justo por solo seguir sus deseos. Hace falta que haga el mayor bien posible, el que sí está a la altura de su propia humanidad y la de sus semejantes.

La virtud facilita el mayor perfeccionamiento de la propia dotación natural, en lo que depende de la libertad de la persona. En este sentido, la naturalidad en el ser humano es vivirse virtuosamente, en cuerpo y alma espiritual. Vivirse como si se fuera solo biología, no es virtud, sería hacer violencia a la propia consistencia de humano.

La virtud es posible porque hay perfecciones del espíritu humano por las que no está necesariamente determinado a una opción, sino que tiene la alternativa de aceptar o rechazar, una o varias, por ejemplo, decide “quiero querer”, o “no quiero querer”.

Las perfecciones sensitivas son ocasión de una gran variedad en las decisiones, en las que se puede optar por las mejores elecciones, las de la posesión del mayor bien, a través de actitudes, decisiones y obras perfeccionantes de cada persona, que se puden hacer realidad de diversísimos modos, y de este campo trata el pluralismo.

El error ético no es pluralismo, porque no está dentro del amplísimo espectro de formas de hacerse la mejor persona posible y de contribuir a que otros también alcancen esa cumbre del desarollo humano.

La virtud es una disposición que la persona cultiva con cada acierto en el modo de hacerse mejor miembro de la familia humana.

En esta capacidad convergen la rectitud de intención y el mayor avance con cada objetivo intermedio logrado para alcanzar el fin último o razón de ser de sí mismo, deducido de las perfecciones propias y la lógica interna de éstas, que legitiman todo lo que en realidad es virtud.

Para ser una persona recta, no es suficiente la indispensable buena voluntad, sino que también se requiere conocer y saber aplicar, cada perfección de la propia dotación natural, en coherencia con su razón de ser como parte constituyente de una relidad que, por ser corporeoespiritual, libremente armoniza lo que en su propio ser recibe la influencia de su libertad.

El poder que no es una forma de esclavitud, o uso cómplice y egoísta, sino entrega libre hasta lograr la mayor perfección propia y de los demás, en cuanto personas, se llama virtud.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com
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