48 niños son abusados en Colombia cada día. Dos cada hora, según cifras del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar. La mayoría de los victimarios son personas cercanas a la familia, gente “de confianza”.
El caso de Sarita* podría ser uno más de esa cifra, pero su mamá se opone a eso. Lo que le pasó a la niña tiene que marcar una diferencia.
Un amigo de la familia abusó de la pequeña de cinco años en dos ocasiones, dos días seguidos y en su propia casa, siendo testigo su hermano de 6 años. Al hombre, un mototaxista, solo le bastó algunos minutos de descuido y amenazó a ambos menores para que no le contaran a nadie.
Los hechos sucedieron un jueves y un viernes. La primera vez, el hombre acudió a la casa para llevar un domicilio y se puso a jugar con los niños.
“Y como yo los escuchaba jugando nunca pensé nada malo”, dijo la madre.
Al día siguiente, la señora le pidió que fuera a la casa para enviar con él unas hojas de vida. Y volvió a pasar, pero esta vez sería la última, gracias a la fortaleza de la pequeña.
Sarita fue fuerte y se atrevió a contarle a alguien. Tenía que hablar, estaba cansada.
“El tipo le dijo que yo no le iba a creer, que él iba a decir que eso era mentiras. Y le dijo que si decía algo lo metía más duro”, contó la mamá de Sarita* de la manera más desgarradora a los funcionarios de la Fiscalía, una vez interpuso la denuncia.
La niña no tuvo el valor para decirle a un adulto, pero fue lo suficientemente valiente para contarle a su hermana de 10 años.
“Eso me duele mucho y yo no quiero que me duela más”, le dijo.
La hija mayor esperó a que Sarita* se durmiera para correr a contarle a la mamá. “Entonces yo me puse a llorar y le pregunté que por qué no me habían contado antes y ella me dijo que por lo mismo, porque le daba miedo de él”, se lee en el testimonio que la madre entregó a Fiscalía.
Cuando su mamá la interrogó sobre lo que le pasaba, la pequeña de tan solo cinco años le dijo que estaba cansada, y que aunque le tenía miedo a ese hombre no quería que él hiciera lo que hacía con ella, que no quería sentir más dolor.
El victimario tiene 23 años y como Sarita*, reside en una vereda de Girardota. El hombre ya está tras las rejas, para tranquilidad de la familia y la comunidad.
¿Por qué contar esta historia?
Porque la mamá de Sarita no está dispuesta a que lo que le pasó a su hija se olvide o pase en vano.
“Yo le quiero decir a los papás y a las mamás que no confíen en nadie. Hasta las personas más cercanas pueden herir a sus hijos”, dijo la señora a Minuto30.com.
E invitó a las mamás, en especial a ellas, a no dejar pasar ningún signo de alerta. “Muchas mamás se quedan calladas porque tienen miedo, porque las amenazan a ellas también o porque les da pena, pero eso no puede pasar, tenemos que hablar”, aseguró.
Y lo dice porque ella y su hija se sienten revictimizadas. Contó que algunas personas de su comunidad están siendo crueles con Sarita*, pero asegura que ni ella ni la niña tienen miedo.
Esperan que el hombre pague lo que hizo y que la justicia se encargue de él.
“Que pague y que le caiga todo el peso de lo que hizo, porque nos destrozó, no solo la vida de mi niña la cambió para siempre, a mí me mató en vida”, dijo la mamá, con su voz quebrada por la tristeza.
*El nombre de la víctima fue cambiado para proteger su identidad.
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