Resumen: Después de ganar la Gran Consulta por Colombia tomé una decisión que para mí era fundamental: escoger a Juan Daniel Oviedo como mi compañero de fórmula presidencial
En política hay decisiones que dicen mucho más que cualquier discurso. Revelan la visión de país que uno quiere construir.
Después de ganar la Gran Consulta por Colombia tomé una decisión que para mí era fundamental: escoger a Juan Daniel Oviedo como mi compañero de fórmula presidencial.
Lo hice después de consultar con mi partido, el Centro Democrático, con mi presidente Uribe, mi mentor, pero sobre todo con esta Gran Consulta por Colombia. Y llegamos a una conclusión clara: Colombia necesita una fórmula que combine liderazgo político con capacidad técnica para resolver los problemas reales del país. Juan Daniel representa precisamente eso.
En la consulta obtuvo un respaldo ciudadano que nos emocionó a todos. Conectó con miles de colombianos que durante años sintieron que nadie hablaba por ellos. Colombianos que no se sentían representados y que encontraron en Juan Daniel una oportunidad para ser vistos, escuchados e incluidos.
Por eso su presencia en esta fórmula tiene un significado profundo: queremos construir un proyecto político en el que todos los colombianos tengan un lugar. Juan Daniel es además uno de esos técnicos que estudian, que analizan las cifras, que se toman en serio los problemas del país. Y eso es exactamente lo que Colombia necesita hoy.
Durante demasiado tiempo la política se ha llenado de discursos y propaganda, pero ha olvidado lo esencial: entender los problemas para poder resolverlos. Nuestro compromiso es distinto. Queremos enfrentar los grandes desafíos de Colombia con conocimiento, con inteligencia y con soluciones reales.
Pero hay algo más que nos une profundamente: las manos limpias. Ni Juan Daniel ni yo hemos estado envueltos en escándalos de corrupción. Nuestra vida pública ha sido una vida de servicio a Colombia, y creemos que la política debe ejercerse con transparencia y con principios.
También compartimos una preocupación que ha marcado muchas de nuestras conversaciones: los millones de colombianos que trabajan todos los días en la informalidad y que durante años han sido invisibles para el Estado.
Colombia está llena de personas que madrugan, que emprenden, que venden, que comercian, que sostienen a sus familias con enorme esfuerzo y que aun así no logran ganar siquiera un salario mínimo.
A ellos queremos decirles algo muy claro: serán una prioridad en nuestro gobierno. Queremos abrirles oportunidades reales.
Eso significa crédito popular barato para los emprendedores que hoy solo encuentran financiación en el gota a gota. Significa un sistema financiero que abra puertas en lugar de cerrarlas.
Significa también cambiar la forma en que Colombia se relaciona con el mundo. Nuestros embajadores no pueden limitarse a los cócteles diplomáticos mientras nuestros productores luchan por abrir mercados. Queremos embajadores que salgan a vender el café colombiano, la confección, el turismo y los productos de nuestro país en todo el mundo.
También queremos aliviar las cargas que hoy ahogan a miles de comerciantes y pequeños empresarios. Yo me alegro cuando el salario mínimo sube, porque los trabajadores lo necesitan. Pero también veo todos los días a pequeños comerciantes agobiados tratando de sostener sus negocios y mantener el empleo.
Por eso queremos bajar impuestos para que las empresas puedan mantener a sus trabajadores y seguir generando oportunidades.
Y también queremos sentarnos con los alcaldes de todo el país para revisar una preocupación que escuchamos en todas las regiones: los prediales que tienen hoy agobiadas a tantas familias colombianas.
Al mismo tiempo queremos impulsar la industria nacional con medidas concretas, como jornadas sin IVA que permitan dinamizar el comercio colombiano y fortalecer a nuestros productores.
Este proyecto político no se trata solamente de economía. Se trata también de demostrarle a Colombia que es posible construir unidad sin renunciar a nuestras diferencias. Yo creo profundamente que la diferencia no es un problema. La diferencia es una riqueza. Pensar distinto no nos convierte en enemigos. Nos obliga a encontrar los puntos que nos unen.
Y lo que hoy nos une es el sueño de una Colombia mejor. Por supuesto, esa unidad no significa renunciar a los principios. Yo seguiré defendiendo a los militares y policías de Colombia que han servido a esta patria y que merecen una justicia justa, basada en la presunción de inocencia y en el reconocimiento de su sacrificio.
Seguiré defendiendo también a la familia como núcleo fundamental de nuestra sociedad y la libertad de los padres para educar a sus hijos según sus valores, sin imposiciones ideológicas desde el Estado.
Porque si hay un principio que guía todo este proyecto es uno solo: la libertad.
La libertad de trabajar.
La libertad de emprender.
La libertad de educar a nuestros hijos.
La libertad de pensar distinto.
Pero también sabemos que la libertad necesita un Estado que cumpla su deber: proteger a los ciudadanos, garantizar seguridad y proveer los bienes públicos que hacen posible el desarrollo.
El país que soñamos es una Colombia sin miedo. Una Colombia donde las familias puedan vivir tranquilas. Donde podamos volver a pescar de noche. Donde el trabajo permita progresar. Una Colombia que se enriquezca, porque la única forma real de superar la pobreza es creando riqueza.
Por eso defenderemos la iniciativa privada, el comercio y el emprendimiento. Pero también asumiremos una responsabilidad social clara: cuidar a quienes más lo necesitan.
A las madres cabeza de hogar.
A los adultos mayores.
A los trabajadores informales.
Y, sobre todo, abrir oportunidades reales para los jóvenes de Colombia.
Este país tiene talento, tiene capacidad y tiene una generación que quiere construir futuro. El liderazgo no consiste en rodearse únicamente de quienes piensan igual. El liderazgo consiste en tender puentes. En invitar a quienes son distintos a caminar juntos hacia una ruta de unidad para Colombia. Eso es lo que representa esta fórmula.
Una invitación a construir una Colombia que funcione.
Una Colombia con manos limpias.
Con inteligencia para resolver problemas.
Y con la convicción de que el país puede ser mejor.
Porque sí: es posible una Colombia distinta.
Y vamos con toda por Colombia.
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