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Opinión

Una cajita vale más que mil palabras

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jorge restrepo

jorge restrepo

El ejemplo y las pequeñas acciones son algo fundamental en la educación de nuestros niños y jóvenes. Es el caso de las decisiones de compra que hacemos por y para ellos. Como ejemplo propongo el mal llamado “juguito de cajita”, que no es más que un coctel de azúcar, químicos, colorantes, en muchos casos saborizantes, y un contenido de fruta que no llega al 15% en el mejor de los casos.

Esto es lo que le estamos enseñando a nuestros hijos al comprarles un “juguito de cajita”:

  • Leer e informarse no importa: Al comprar uno de estos productos no solemos leer las etiquetas donde se nos indica qué clase de producto estamos adquiriendo.
  • El planeta no hay que cuidarlo: Las cajitas están hechas de tetrapack, un material difícil de reciclar. Por esta razón, la mayor parte de las cajitas terminará en un botadero donde tardará, como mínimo, 35 años en descomponerse.
  • Al campesino no hay que ayudarle: Con menos del 15% de fruta en su contenido, los proveedores de quienes elaboran estos productos no son los campesinos colombianos, sino los productores de químicos, como saborizantes, endulzantes, colorantes, etc.
  • Tener buenos hábitos alimenticios no es necesario: Los niños se vuelven adictos a la ingesta de alimentos con alto contenido de azúcar. Es por esto que en un futuro será cada vez más difícil quitarles el hábito, cuando algunas de las consecuencias, además, ya sean irreversibles.
  • Lo fácil y rápido es el mejor camino: En nuestra época es frecuente que no dispongamos de mucho tiempo. Pelar una fruta fresca, ponerla en la licuadora y colar el jugo representan, en realidad, solo 5 minutos que no invertimos en un mayor bienestar. Este, en definitiva, es el único motivo por el que muchas veces preferimos sacar la cajita de la nevera… y listo.

Nuestro país cuenta con una variedad de frutas que muchos otros desearían. Hay disponibilidad de frutas los 365 días del año y contamos con miles de campesinos que trabajan la tierra cerca de nuestras ciudades. Tendríamos que ser más consecuentes y aprovechar esta riqueza para alimentar bien a nuestros niños.

COMPRO LOCAL, CONSUMO RESPONSABLE!

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