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Un organismo descafeinado

Por: Fuad Gonzalo Chacón

Un organismo descafeinado

Resumen: Para Pérez-Reverte el gran problema de la RAE es que con el paso de los años ha renunciado deliberadamente, aunque no por ello de manera espontánea, a la función correctora del idioma que le fue asignada desde su creación en 1713 y que, por el contrario, hoy simplemente cumple una irrelevante función notarial de documentación de los nuevos usos

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Simplemente hay citas anuales que no podemos eludir, como la declaración de la renta, la visita al dentista y, mi favorita personal, la polémica lingüística patrocinada por algún comentario del escritor español Arturo Pérez-Reverte. Este año comenzó pronto, más exactamente en la última tribuna dominical que el periódico El Mundo le cedió a su antiguo colaborador, ahora competencia directa en el diario ABC, para que deleitara a las sobremesas de toda la península con el texto “Por qué ni fija, ni limpia, ni da esplendor”, una crítica fulminante y mordaz con la cual desnuda la crisis de autoridad que, a su juicio, atraviesa desde hace un tiempo la Real Academia Española, entidad de la que es miembro numerario desde 2003.

Para Pérez-Reverte el gran problema de la RAE es que con el paso de los años ha renunciado deliberadamente, aunque no por ello de manera espontánea, a la función correctora del idioma que le fue asignada desde su creación en 1713 y que, por el contrario, hoy simplemente cumple una irrelevante función notarial de documentación de los nuevos usos de las palabras sin atreverse a emitir conceptos desfavorables sobre los mismos, aun cuando éstos contradigan gravemente la sintaxis, la semántica o, en general, la tradición gramatical del castellano. Todo esto por la aparente presión que trae la cada vez mayor politización del lenguaje y el pavor existencial de algunos de sus académicos porque la institución sea catalogada de elitista.

Sean ciertas o no las motivaciones que expone Pérez-Reverte, su exposición tiene dos verdades que suscribo totalmente. La primera, una supuesta autoridad lingüística no puede ser tenida como tal si en la práctica no ejerce siquiera una mínima función policial de supervisión sobre la correcta aplicación de las reglas vigentes de su idioma. Así pues, si el rol de la RAE ahora se va a reducir a una mera labor compilatoria sin criterio, cuando no anecdótica, de las nuevas palabras o acepciones que surgen en el giro ordinario de las redes sociales, entonces estamos ante un organismo descafeinado que carece de cualquier legitimidad para, como se esperaría del máximo referente de nuestra lengua, separar la paja del trigo.

La segunda, si los únicos requisitos para que una palabra ingrese en el diccionario de la RAE son su adopción extendida y uso prolongado, dejando en un segundo plano su coherencia con el modelo de reglas que desde hace siglos estructura la arquitectura del español, estamos ante un nefasto sistema en el que, como bien lo sentencia el autor, “la repetición cuantitativa ha sustituido a la calidad cualitativa”. Es decir, nuestra lengua estaría sucumbiendo ante la naturaleza tiktokera de la viralidad, lo que generaría un irremediable aplanamiento y uniformización de esta, como ya está sucediendo con otros aspectos de nuestra cultura, tales como la música, la moda o el diseño.

Pérez-Reverte representa a la corriente intelectual más conservadora (y, por qué no, beligerante) del castellano y, aunque se puede o no comulgar con su postura, es innegable que cada vez que opina nos pone a pensar y esta vez lo ha vuelto a hacer.

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Redacción Minuto30

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